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jueves , 19 octubre 2017
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HUMANIDAD (No. 1)

ANTIGUA Y MÍSTICA ORDEN ROSAE CRUCIS, viagra sales AMORC
Dr. Chistrian Bernard, rx purchase F.R.C. (Actual Imperator de la Antigua y Mística Orden Rosae Crucis, buy AMORC) Los Deberes del Hombre

NUESTRA VISIÓN DEL MUNDO es con frecuencia demasiado “comunitarista” y demasiado estrecha. Nos llamamos europeos, africanos, americanos, asiáticos, etc. Y, no obstante, todos somos miembros de la misma Humanidad.  Esta noción de Humanidad desde hace mucho tiempo tiene una connotación abstracta. Entró en la historia como un conjunto de todos los hombres. Víctor Hugo la imaginaba “radiante y reconciliada”.

   Esta toma de consciencia se ha hecho gradualmente a partir del Siglo XX que se dio una real apertura hacia el principio de Humanidad. No hay Humanidad sin humanos y lo que usualmente se llama “los derechos del hombre” en el  lenguaje común, es toda la Humanidad. A esta noción de derechos se agrega por supuesto0 la de los deberes, que nuestra Orden oficializó hace ya algunos años con su “Declaración de los Deberes del Hombre”. Me congratulo de comprobar cuánto este principio ha tenido emulaciones. No se pasa un día sin que a través del mundo, un político, un artista o un periodista haga referencia a este tema.

   Los derechos llamados “del hombre” conciernen a todos los pueblos. No debe haber excusa cultural y menos aún referencia a viejos tabúes o a las llamadas tradiciones que impiden la aplicación de estos derechos. En el orden celestial no existe la inferioridad y todos los seres, al estar dotados de razón, son incluidos en la misma Humanidad. Toda injuria hecha a un solo hombre es un insulto a toda la Humanidad, al igual que toda lesión hecha a nuestro Medio Ambiente cercano, es una herida infligida a toda la Tierra.

El Universalismo, cuna de la Paz

   En nuestro planeta, que ahora se manifiesta exiguo (diminuto), ya no se puede ignorar a nuestro prójimo. La comunidad de los pueblos refuerza la paz y la paz es la única elección fundamental que debemos exigir para la Humanidad.  El universalismo es la cuna de la paz y la Humanidad es su fuerza viva. Esta paz no podrá establecerse más que en la medida en la que las reformas humanistas se instituyan; para ello, las fuerzas utopistas deben movilizar el fervor.

   Más que encontrar un mundo ensombrecido, demasiado lleno de misterio y ver al ser humano como un enemigo de la Tierra y de sí mismo, esforcémonos por comprender a este mundo y a los seres que somos, ya que solamente es de esta manera como podremos actuar, y actuar bien. Para actuar bien, es necesario ser fuerte, y para lograrlo necesitamos a los demás, pero n es sino hasta cuando se es fuerte que se puede ir hacia los demás. Por lo tanto, primero tenemos que concordar con esta paradoja para comprender y amar a la Humanidad, esta Humanidad cuya historia  se confunde con su perpetua confrontación con Dios.

   ¿Y si no fue Dios quien hico al hombre a Su imagen, sino el hombre quien hizo a Dios a la suya, viendo en él el reflejo de su propia naturaleza?

   Adorado, o renegado, Dios permanece, no obstante, todavía presente en el corazón de los hombres. Por mi parte, no puedo disociar Divinidad y Humanidad. Creer en la Humanidad no excluye creer en Dios o en las grandes fuerzas cósmicas, y sin embargo, hoy en día se tiene la impresión de que el hombre ya no cree más que en él mismo, que el orgullo le ahoga y avanza solo sin preocuparse del Creador Todopoderoso. Algunos dirán que se liberó de Él; otros, que se precipita a su perdición.

(continuará)

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