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ESCALADA ESTRATÉGICA ENTRE ESTADOS UNIDOS E IRÁN: IMPLICACIONES GEOPOLÍTICAS, ENERGÉTICAS Y DE SEGURIDAD INTERNACIONAL EN EL NUEVO ORDEN MULTIPOLAR

Por: Nelson de Jesús Quintanilla Gómez

Sociólogo, Profesor Universitario de la UES en la FMOtal. De San Miguel.

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Entender la situación internacional del momento actual implica estudiar cuidadosamente el fenómeno coyuntural de la guerra entre Estados Unidos e Irán, los intereses geopolíticos del presidente Donal Trump y el derecho de defensa de Irán. En ese sentido, el objetivo de este articulo es analizar las causas estructurales y coyunturales de la escalada de tensiones entre dichos países, evaluando sus implicaciones para la estabilidad del sistema internacional, la seguridad energética global y el reacomodo de fuerzas en el contexto del emergente orden multipolar, con especial referencia a los efectos indirectos para América Latina.

Es importante tener en cuenta que las relaciones entre Estados Unidos e Irán constituyen uno de los ejes más sensibles de la geopolítica contemporánea en Medio Oriente. Más allá de episodios coyunturales, ataques selectivos, sanciones económicas, acciones encubiertas o confrontaciones indirectas en terceros escenarios, la tensión entre ambos Estados responde a factores estructurales que se remontan a la reconfiguración política iraní posterior a 1979 y a la consolidación de una estrategia estadounidense orientada a preservar su influencia en la región.

Muchos se preguntan ¿Qué tiene en la cabeza el presidente de EEUU violentando el derecho internacional y la soberanía de algunos Estados? ¿El presidente estadounidense se cree dueño del mundo o el imperio adquiere mayores niveles hegemónicos para imponerse a naciones que piensan y actúan diferente al capitalismo globalizante? ¿Por qué no se respeta los derechos humanos de tanto inocente que muere en esas guerras inútiles? ¿El presidente Trump busca hacer historia matando tanto inocente como ocurre en El Salvador? Desde luego, estas y muchas interrogantes ayudan a buscar respuestas para entender lo que pasa en el mundo actual.

En la coyuntura actual, la escalada militar directa o indirecta adquiere relevancia en un contexto internacional caracterizado por la transición hacia un orden multipolar, donde potencias como China y Rusia observan con atención cualquier alteración en el equilibrio estratégico del Golfo Pérsico. La disputa no se limita al plano ideológico o de seguridad, sino que involucra dimensiones energéticas, especialmente el control y la estabilidad del suministro petrolero, así como rutas marítimas estratégicas como el estrecho de Ormuz.

Hay que tener en cuenta que desde la perspectiva del derecho internacional y de la seguridad colectiva, un conflicto abierto tendría consecuencias sistémicas: incremento de los precios del petróleo, presión inflacionaria global, crisis humanitarias regionales y mayor polarización política en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Además, la instrumentalización de actores no estatales y conflictos proxy amplifica los riesgos de desestabilización regional. En esto no piensan quienes promueven y alimentan estos conflictos bélicos.

Para América Latina, el Caribe y particularmente para países como El Salvador, aunque geográficamente distantes del epicentro del conflicto, los efectos serían indirectos pero significativos: encarecimiento de combustibles, impacto en las cadenas de suministro, presiones fiscales y reconfiguración de alianzas diplomáticas en foros multilaterales entre otras cosas.

En consecuencia, el análisis de la tensión entre Estados Unidos e Irán debe trascender la lógica bélica inmediata y comprenderse como parte de una disputa más amplia por la hegemonía, la seguridad energética y la redefinición del orden internacional. El artículo de opinión en el contexto salvadoreño busca contribuir a formar criterio ciudadano informado, subrayando la necesidad de soluciones diplomáticas, el respeto al derecho internacional y la prevención de una escalada que afectaría no solo a Medio Oriente, sino al equilibrio global en su conjunto.

De acuerdo con (Barrucho, 2026), el régimen de la República Islámica de Irán se enfrenta a lo que los analistas describen como una prueba existencial, luego de que EEUU e Israel lanzaran una gran campaña militar y mataran a su líder supremo, Alí Jamenei, según información dada por el presidente Trump. Desde luego, según expertos, la campaña tiene como objetivo el cambio de régimen y por ahora no hay un camino claro a este que no implique grandes riesgos. Sin embargo, en respuesta a la agresión de EEUU, Irán ha lanzado ataques de represalia contra Israel y se han denunciado ataques iraníes en Dubái, Doha, Bahréin, Kuwait, lugares con bases militares estadounidenses o aliados de Estados Unidos y otras partes de la región.

Para Ellie Geranmayeh, investigadora sénior del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), un grupo de expertos paneuropeo, el momento y la forma en que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó la operación dejan poca ambigüedad sobre su objetivo político y es un cambio de régimen y que las fuerzas de seguridad se rindan o se mueren. El imperio busca imponerse bajo cualquier método y sobre todo el uso de la fuerza militar sin medir consecuencias en la vida de la gente humilde no solo de los países involucrados, sino de terceros que nada tienen que ver.

Por otro lado, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebró una reunión de emergencia en la que António Gutiérrez, su secretario general, advirtió de que se corre el riesgo de “encender una cadena de eventos que nadie puede controlar en la región más volátil del mundo” y añadió que “se debe hacer todo lo posible para evitar una mayor escalada”. Además, en el Congreso de Estados Unidos, algunos miembros del Partido Demócrata e incluso varios republicanos han criticado la decisión del presidente de iniciar los ataques sin el consentimiento de la Cámara de Representantes. Sostienen que es necesaria la aprobación del poder legislativo antes de emprender un acto de guerra.

Finalmente, el ataque militar lanzado por EE UU e Israel contra Irán el 28 de febrero marcó un punto de inflexión internacional. No se trata solo de un enfrentamiento entre países lejanos: es un evento que redefine el equilibrio global que tendrá consecuencias para América Latina por estar inserta en el mismo sistema económico, energético y político.

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