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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)
¿Años del Cambio?

25 abril 1975: Carta circular-convocatoria del secretario canciller del obispo para la Reunión del Clero, en la que se estudiará las inquietudes, problemas, temores y esperanzas con respecto al funcionamiento del centro “Los Naranjos”. La reunión se celebró en el mismo centro el 6 de mayo de 1975:

“R

everendo Padre:

Reciba mi atento y cordial saludo.

Con instrucciones del Excmo. Sr. Obispo, le comunico que la próxima reunión del Clero, será el día 6 de mayo, a las 9 a.m., en la Escuela de Formación Integral para Líderes Campesinos “Nuestra Sra. del Tránsito”, Los Naranjos, Jurisdicción de Jiquilisco. En esta reunión, tendrá usted, oportunidad de formular sus inquietudes, dificultades, problemas, temores y esperanzas, con respecto al funcionamiento de este Centro de Formación de Líderes Campesinos, tan necesarios para la Pastoral…”.79

Esta reunión nos puso un poco tensos al equipo de Jiquilisco, porque intuíamos, por debajo, que la reunión fue promovida expresamente por Monseñor para tratar de sacar a flote algunos puntos del funcionamiento y línea del centro, sobre los que él no estaba muy de acuerdo. Estábamos de sobre aviso; sin embargo, la reunión tomó otros derroteros: no se expresaron ni temores, ni esperanzas, ni inquietudes. No salieron a relucir los puntos que Monseñor deseaba, ni él se atrevió a proponerlos en ese momento. La reunión se redujo a dos aspectos:

El PRIMERO: constatación de una contradicción, que siendo la diócesis la agraciada con el centro y la ayuda de Adveniat para la formación de líderes cristianos, sin embargo, era la que menos se aprovechaba, siendo los más beneficiados gentes de las diócesis vecinas de San Vicente y de San Miguel. Entonces Monseñor instó, una vez más, a sus sacerdotes a que mandaran campesinos al centro, porque por ahí iba la nueva línea pastoral: formar laicos y prepararlos para el trabajo pastoral.

Efectivamente, no llegaba al 10% de los alumnos el proveniente de la diócesis de Santiago de María. No era porque nosotros no los admitiéramos, sino porque los sacerdotes no los mandaban, quizás porque estos nuevos métodos de formación de laicos no encajaban en su pastoral tradicional.

El SEGUNDO: se habló del P. David Rodríguez, sacerdote de la diócesis vecina de San Vicente, que era uno de los que formaban el equipo del centro y daba algunas materias como: Canto, Realidad nacional, Comunidad, etc.; comenzaron a recordar algunas acusaciones contra él; especialmente sobre su progresismo y socialismo. Las acusaciones eran indirectas y no probadas: el principal argumento era el “dicen que…”: dicen que el padre es comunista; dicen que enseña marxismo; dicen que manipula a los campesinos en sus clases de realidad nacional; dicen que… Pero no probaron nada contra el padre.

A todo eso se redujo una reunión que estaba planeada, (eso creemos que era el deseo de Monseñor), para discutir un poco a fondo la línea de pastoral del centro, (ya que Monseñor creía o suponía que muchos de sus sacerdotes no estaban de acuerdo con ella y por eso no mandaban sus feligreses a formarse al centro). Pero la mayoría de sus sacerdotes no sabían qué es lo que se hacía ni qué se enseñaba en el centro porque a penas mandaban gente y nunca se hacían presentes ni se interesaban por el centro. Definitivamente, ellos tenían otras inquietudes pastorales muy distintas.

14 julio 1975: Carta de Mons. Romero al director de Adveniat, agradeciendo la ayuda del 1º semestre y pidiendo ayuda para el 2º semestre; en ella dice que el centro “es una escuela providencial” donde se enseña “la sana promoción a los campesinos”:

“Estimado Doctor Hoffacker:

Junto con el informe del primer semestre que enviará a ADVENIAT el centro de promoción campesina “Los Naranjos” de Jiquilisco, debo expresar a la acción episcopal de ADVENIAT, por medio de su digno director gerente, el agradecimiento de nuestra diócesis y también de varias parroquias de otras diócesis salvadoreñas que se están beneficiando grandemente de esta providencial escuela. En ella muchos de nuestros nobles campesinos están encontrando esa sana promoción que solo pueden inspirar el Evangelio y la doctrina de nuestra Iglesia.

Esta promoción cristiana que personalmente voy siguiendo con verdadero interés pastoral, se hace hoy más necesaria que nunca en nuestro país, donde fuertes corrientes anticristianas invaden nuestros prometedores ambientes rurales. Por eso suplico, una vez más, a ADVENIAT que nos siga ayudando en este aspecto tan útil y oportuno…80

1º octubre 1975: Carta del Mons. Romero al P. Provincial, en la que le cuenta varias cosas… En lo relativo al centro que es el tema que nos atañe ahora, es la primera carta o documento oficial donde externa sus inquietudes e impresiones personales sobre la línea de pastoral que estamos llevando; juntamente con las alabanzas van los reproches.

“…Por estos temores y por la ausencia de los padres Juan (en España) y Zacarías (que está tomando un curso de pastoral en Guatemala todo el mes de septiembre), creí prudente posponer un curso de promoción campesina que debía empezar el 1º de septiembre. En efecto, el centro “Los Naranjos” está también “señalado” máxime después de la actitud del P. Pedro y de la similar del P. David Rodríguez, que es otro de los principales instructores del centro.

Pero, a parte de estas circunstancias, creo que nuestro centro merece una especial evaluación y reflexión, que yo agradecería mucho que hiciéramos al regresar el P. Juan y antes de que se prosigan sus actividades. Mis impresiones personales, después de observar y dialogar largamente con los padres, son optimistas y creo de justicia aprovechar esta oportunidad para agradecer a la Congregación Pasionista todo el esfuerzo y el bien logrado en favor de la diócesis.

Sin embargo, a pesar de mis esfuerzos por lograr de los párrocos de la diócesis un mayor acercamiento y aprovechamiento, advierto que no se le tiene plena confianza porque se le atribuye a su formación mucho énfasis temporalista y político que la capacidad de los alumnos campesinos no logra asimilar adecuadamente. No se oponen a una sana promoción, pero creen que tal promoción deseada por la Iglesia actual, debería llevarse con un proceso y un lenguaje más acorde con el modo tradicional de pensar de nuestra gente campesina.

Otro obstáculo señalado con insistencia por nuestros sacerdotes (no todos) es la presencia, en el centro, del P. David Rodríguez, de cuya integridad moral y sacerdotal no se discute, pero al que califican como muy fogoso y con problemas negativos ante el Gobierno; él además no es de nuestra diócesis y son los feligreses de su parroquia los que numéricamente se están aprovechando más de Los Naranjos, que los párrocos de esta diócesis…”.81

A continuación de este párrafo, en esa misma carta, nos deja ver de nuevo su modo conservador, sobre un tema marginal al que estamos tratando (del centro); por eso lo pongo en una nota y con letra pequeña. Creo que este parrafito nos descubre un poco el lugar de donde se ubica Monseñor para juzgar todas estas realidades:82

Y acaba esta misma carta con este sustancioso párrafo en el que, una vez más, expresa sus ideas:

“…Me alegro mucho de haber compartido con Ud. -en ambiente estrictamente confidencial de superiores- estas mutuas preocupaciones, mientras pido al Señor que le ilumine para deducir las decisiones más convenientes, pues la evidente labor que los pasionistas han realizado en esta diócesis y que nunca les sabremos pagar debidamente, merece que no se entorpezca sino que avance de acuerdo con un verdadero “sentir con la Iglesia…”.83

Sabemos que en este tiempo (octubre-noviembre 1975) que estuvo por Europa con motivo de la Reunión de la CAL., (el 5 de noviembre del 75), pasó visitando a nuestros superiores mayores, exponiéndoles estos problemas y las impresiones suyas sobre la línea de pastoral llevada por la Comunidad Pasionista de Jiquilisco: Estuvo en Roma hablando con la curia general; también pasó por Zaragoza (España); y conversó con el P. Provincial, como nos lo cuenta el mismo P. Venancio, Provincial en aquel entonces. Estos escucharon atentamente sus quejas y preocupaciones, pero le hicieron ver que había un superior mayor inmediato en Centroamérica, el cicario regional, que residía en Honduras, y con él tendría que tratar el asunto, después de haberlo analizado también con los padres de la comunidad.

Inclusive, este asunto para él debía tener mucha importancia y transcendencia porque lo llevó hasta la Sagrada Congregación para el clero; (quizás porque a nivel de la Congregación Pasionista no había encontrado una respuesta satisfactoria a sus inquietudes ortodoxas). Fue precisamente en este tiempo y en esa visita a Roma, antes narrada, que se entrevistó con el secretario de ese dicasterio romano, y hablaron sobre el asunto de “Los Naranjos”, y de nuestra línea de pastoral, como lo recuerda en esta carta que copiamos a continuación.


79. A.S.M.: Carta circular del Secretario-Canciller, Pbro. Saúl David Rodríguez Macall, a los sacerdotes de la Diócesis para convocatoria de Reunión mensual, 25 de abril de 1975, pág.1.

80. A.S.M.: Carta de Mons. Romero a ADVENIAT, 14 de julio de 1975, pág. 1.

81. A.S.M. y A.C.P.: Carta de Mons. Romero al P. Provincial, 1 de octubre 1975, pág. 2.

82. “…Permítame, estimado Padre Provincial, que aproveche este momento fraternal y confidencial para rogarle otra valiosa colaboración en pro del buen ejemplo y la disciplina de esta diócesis: se trata del distintivo eclesiástico de los padres. Es justicia reconocer que son muy edificantes en sus actuaciones litúrgicas en que siempre visten su hábito; también son muy respetuosos al presentarse con “Clergyman” a la curia y actos sociales. Pero en ciertas circunstancias me apena verlos vestidos como seglares. No ignoro que se trata de una corriente mundial de moda…, ni constituye este tema el punto central de mi preocupación pastoral… pero creo que, por respeto a los sentimientos de nuestro pueblo sencillo, y porque hay un trasfondo teológico de nuestra consagración sacerdotal y también una expresión de obediencia a la Conferencia Episcopal, no debo mirar con indiferencia esta corriente de la moda, sino pedir la ayuda inteligente de quienes, como S.R., pueden colaborar a dar a esta diócesis un rostro edificante. Dios se lo pagará y nuestra gente mucho se lo agradecerá” (A.S.M. y A.C.P.: Carta de Mons. Romero al P.Provincial, 1 de octubre de 1975, pág. 3).

83. A.S.M. y A.C.P.: Carta de Mons. Romero al P. Provincial, del 1 de octubre de 1975, pág. 3.

84. Testimonio personal del P. Carlos Elizalde, C.P., entonces consultor general.

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