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martes , 24 octubre 2017
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EN OLOCUILTA, LOS PEDACITOS DE CALLE

Francisco Herrera

Lo que más le convendría al actual alcalde de Olocuilta es no ganar (las elecciones del próximo primero de marzo, buy se entiende). Y evitar así – él en persona, ed él como persona – la situación poco honrosa de no poder entregarle cuentas claras de su gestión al nuevo concejo. Algún su amigo debería aconsejárselo, preferible que no ganés, viejo. Mirá, hoy con eso de los concejos plurales ya no vas a estar solo, pues pase lo que pase el primero de marzo, en esa alcaldía van a estar los del Frente también y ellos sí que te van a topar, te van a exigir que les mostrés todos los libros. Yo sé, y vos sabés que yo sé que desde que llegaste a la alcaldía en el 2006 tu administración de los fondos públicos ha sido turbia… no quiero decir negra.

Y mirá, es la gente de los cantones, del casco urbano también, que le va a exigir a los del Frente que te exijan mostrarles tus libros, con facturas y todo. Igual, la gente va a exigir si licitaste en debida forma tus proyectos, la construcción del mercado por ejemplo. Los tiempos de la impunidad se van quedando atrás, viejo, preferible que no ganés y que no figure tu nombre en la lista b, ahí que vean cómo hacen los otros con esa papa caliente, los otros que pensás llevar en la lista b. Sin hablar que de oficio la Corte de Cuentas de la República un día u otro va a querer saber, por ejemplo, si administraste los fondos del FODES en apego a la ley. Y ello sin hablar que la gente de los cantones, acompañada por algún diputado (del Frente, se entiende) podría venir a pedirte que cómo explicás los pedacitos de calle que les mandaste a hacer – nunca la calle entera – cada vez que se acercaba una elección: en Casaloma por ejemplo. O en El Salamo, en San Juan de Dios, en San José Buena Vista, en El Chilamate, en Valle Nuevo… Nunca la calle entera. O el recarpeteo asfáltico que en este momento estás haciendo en la colonia Montelimar. Dicen los vecinos que por ahí viven, en un sector que ellos desde los tiempos de tu predecesor llaman “sector del alcalde”, que lo que allí debió haberse hecho era recarpetear toda la calle, y no una regazón de chirustes de capa asfáltica…

En efecto, cuando ese amigo (aquí ficticio por razones de estilo, se entiende) le habla en ese tono a su cherada alcalde (Marvin Rodríguez se llama éste, médico de profesión, arenero cuero viejo de aquéllos que decían todavía en sus mitines en el 2012 que a los del Frente nos gusta comernos fritos a los viejitos).

Cuando ese amigo, decimos, le aconseja hacerse chiquito, o ir a esconderse quién sabe dónde o desde ya comenzar a buscar un buen abogado, es porque seguramente ese amigo está pensando en el artículo 195 de nuestra Constitución, artículo que manda a la Corte de Cuentas cumplir con nueve atribuciones, citemos para los lectores de esta columna algunos pasajes de las más pertinentes de esas atribuciones. “Vigilar la recaudación, la custodia, el compromiso y la erogación de los fondos públicos (…)” ¨[atribución primera]. “(…) intervenir en todo acto que de manera directa o indirecta afecte al tesoro público o al patrimonio del Estado (…)” [atribución segunda]. “Vigilar, inspeccionar y glosar las cuentas de los funcionarios y empleados que administren o manejen bienes públicos (…)” [atribución tercera]. “Fiscalizar la gestión económica (…) de las entidades que se costeen con fondos del erario o que reciban subvención o subsidio del mismo” [atribución cuarta]. “Informar por escrito al Presidente de la República, a la Asamblea Legislativa y a los respectivos superiores jerárquicos de las irregularidades relevantes comprobadas a cualquier funcionario o empleado público en el manejo de bienes y fondos sujetos a fiscalización” [atribución séptima]. Y por fin ese artículo manda a la Corte de Cuentas, refiriéndose nominalmente a las atribuciones segunda y cuarta, a actuar de oficio cuando lo considere necesario (cuando la Corte de Cuentas lo considere necesario, se entiende).

Veamos por ejemplo el caso del FODES: si partimos del año 2009 hasta el recién pasado mes de diciembre, la alcaldía de Olocuilta ha recibido, erogados por el Ejecutivo, en apego a la ley FODES, la cantidad de ocho millones trescientos noventa mil más 203 dólares con 77 centavos de dólar. Y si a esa cantidad le sumamos lo que ha recibido este pasado enero del presente año, esto es 128 mil 667 dólares con 42 centavos, obtenemos un total de ocho millones quinientos dieciocho mil más 871 dólares con 19 centavos (de dólar por supuesto, no de colones. Datos fácil de consultar en el ISDEM, en el Ministerio de Hacienda, en COMURES).  En seis años y un mes.

No decimos aquí en esta columna que el señor Rodríguez ha hecho uso personal de esos dineros; pero sí decimos que una vez pasado el “jelengue” en el que todos estamos en estos días, aunque fuera de manera precipitada entre marzo y abril debería informar, y de manera pormenorizada, al pueblo, a todo el pueblo de Olocuilta, en cabildo abierto, sobre cómo y en qué ha utilizado esos fondos. Es sabido que nunca informa, pero resulta que el código municipal manda informar de su gestión, cuatro veces en el año, a cualquier alcalde, en cabildo abierto. Como le diría su amigo: Mejor informá, vos. ¡Si no..!

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