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Elegir renuncias

ELEGIR RENUNCIAS

Por Wilfredo Arriola

Si hay una duda entre qué camino tomar, mejor aguarda y no emprendas nada. Elegir un camino también implica elegir una renuncia, y renunciar a la falsa comodidad es asunto del camino de la iluminación.

Desprenderse no es tarea fácil, pero la gratificación personal raras veces ocurre antes del esfuerzo y el coraje. Cambiar hábitos, modificarse; buscar en el estudio una mejor manera de comprender la vida, son decisiones que, bien llevadas, generarán un cambio o una alteración de nuestro comportamiento. Fijar el ideal es asunto emotivo, lo difícil es elegir renuncias, dejar a un lado el pasado. “Más vale apagar una injuria que apagar un incendio” cita Heráclito de Efeso. ¿Se convertirán nuestras actitudes en injurias? Dejar un camino a medias por no saber dimitir atenta contra quienes han creído en nosotros y lo primero que se daña es nuestra dignidad por no saber concretar aquello por lo cual avanzamos en el trayecto. Somos lo que hacemos y también aquello que dejamos de hacer, como una palabra emite un comunicado, el silencio también. La Biblia siempre nos pone en contexto, cuando en Mateo 6: 24 sintetiza: “Nadie puede servir a dos amos”. Creer que eso puede ser verdad es estar sumergido demasiado en lo que nos apresa, tanto que no vemos sus tentáculos.

Sirve para la vida, para continuar vínculos, para elegir carreras, para terminar lecturas, para seleccionar equipos en lo deportivo, para continuar en el trabajo que realizamos, para fijar personalidades; y pareciera ser que en todas las determinaciones antes mencionadas está implícito dejar opciones afuera, y en efecto lo es. En su mayoría deberá estar más cimentado el respeto a lo elegido, en ejercitar el noble arte de la lealtad. Celebramos la amistad siendo constantes con los nuestros, elegimos estar con quien debemos estar y ahí se pone de manifiesto la renuncia de no perder el tiempo de calidad de manera esporádica con otros que son pasajeros en nuestra vida. Respetamos un gol del adversario, pero celebramos el nuestro con el abrazo de la integridad, respetamos la conversación de intimidad con alguien que no sea nuestra pareja, trabajamos la lealtad en el trabajo, elegimos al Creador, nos debemos a Él.

A todo esto, el común denominador es que para dar lo mejor de nosotros mismos es tan necesario saber nuestro objetivo, como también tener claridad de qué es lo que no debemos hacer. Desaprender cualquier otra cotidianidad que en otro momento fue, es parte de la elección del bienestar. No saberlo es empezar a hacer los planos del inicio del desastre. En ese sentido es ilógico pedir lo que no se da, y causador de vergüenza es también recibir lo inmerecido. No hay que pretender esperar aquello en que nos damos por partes, en la parcialidad solo puede residir algo: lo inconcluso.

Por lo tanto, hay muchos caminos, muchos lugares por donde llegar, pero quizá muy pocos donde quedarse. Aquellos donde nos podamos quedar, que disfruten la mejor versión de nosotros y si no se puede la mejor, que sea la más auténtica. Buda, ante la incertidumbre de las alternativas cuando no se sabe que decisión tomar, sugería lanzar una moneda. Cuando esté en el aire, repentinamente estarás deseando que caiga de cierto lado. Esa es la decisión de tu corazón, síguela.

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