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El Sorprendente Mundo del Circo

 

Marlon Chicas 

El Tecleño Memorioso

En mis rutinarias caminatas por Santa Tecla, acostumbro admirar la habilidad de artistas urbanos, realizando complejos malabares en algún semáforo de la ciudad, lo que evoca memorables tiempos de infancia, en los antiguos predios del municipio, en la que se instalaron famosos espectáculos de antaño, como el Circo de “Chocolate” de Eladio Velásquez (+), tío del Gran Chema, el de “Firuliche” del nicaragüense Eugenio Salvador Chávez Barillas (+), el de “Pascualillo” en la que se disfrutó las increíbles habilidades de Tilita Padilla (+), caminando sobre una enorme pelota, entre otras destrezas.

Disfrutando con el desfile de enormes elefantes, fieros leones, tigres de Bengala, simpáticos monos, bellas amazonas, alegres payasos con coloridos ropajes y grandes chalupas (zapatos), un aguerrido Tarzán provocando suspiros de las chiquillas, las cuales lanzaban piropos al musculoso personaje.

La instalación de grandiosas carpas en el predio Columbus y terrenos adyacentes a la Cancha Adolfo Pineda, alegrando el corazón de chicos y grandes procedentes de los barrios pobres de la ciudad, en la que desfilaron circos mexicanos como: El Atayde, Fuentes Gasca, de Renato, Holiday entre muchos, así como otros de Guatemala, con sus amplias pistas.

El paso fugaz de circos anglosajones: Grand Safari, Flipper y Sisy, Bartok entre otros; sin olvidar a los circos nacionales: el de Cañonazo de Roberto Funes (+), con la participación del tecleño Mario “El Guayaba” (+), y su fonomímica de “dos caras de amor” de los tijuanenses Moonlights (Claros de luna); el Silver Stars, Bototo, Grand Majestic, Las Vegas, Atlás, Yosabeth de Pánfilo a Puras Cachas y Doña Terésfora (+), de los Niños de Arístides Alfaro Samper “Chirajito” (+), integrado por niños y jóvenes rehabilitados de las calles de San Salvador.

Las increíbles aventuras de la cipotada del barrio, en la búsqueda de algunas monedas para la entrada a los mismos, trabajando en mil oficios, lo que se convirtió en una misión casi imposible, todo ello con la ilusión de ver a sus artistas preferidos como: el Indio Apache lanzando afilados cuchillos alrededor del cuerpo de su asistente, las tomadas de pelo de pintorescos payasos, sin olvidar la mortal batalla de Tarzán contra un salvaje león.

Mundo del circo, con olor a aserrín, papas fritas, palomitas de maíz, y manzanas en miel; en un cosmos de luz y ensueños. Sirva esta crónica para honrar la memoria y valor del payaso salvadoreño Armando Peña “Cucharita” (+), quien un 31 de mayo de 1970, salvó a cientos de niños peruanos de morir soterrados por el aluvión de Huascarán, cuando estos esperaban la función del Circo Berolina en el estadio de Yungay, región de Áncash, producto del terremoto de 7.9 grados que sacudió dicha comarca, del cual se ha escrito tal hazaña.

De igual forma agradecer los valiosos consejos de mi amigo Luis Armando Peña “Pildorín”, en mis inicios de esta bella labor, la que ejecuto en ocasiones, “Alegrando al triste y afligido”, como una de las muchas obras de misericordia, encargadas por Nuestro Señor Jesucristo ¡Feliz Día Internacional de la Niñez!

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