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El sector informal en El Salvador y sus determinantes. Una mirada crítica

Carlos Alberto Melara
Miembro de PROES

Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) del año 2017, la población ocupada la componen 2,752,094 personas a nivel nacional, el 63.6% del área urbana, el 36.4% del área rural, y la informalidad laboral urbana es de 43.3%. Existen estudios y opiniones que caracterizan al sector informal asimilando el impacto negativo que este trae sobre la economía. No obstante, en muchas ocasiones dichas calificaciones dejan de lado una faceta fundamental para comprender tal fenómeno. Y es que el sector informal en nuestro país emerge como medio para emplear y dotar de ingresos a la fuerza de trabajo excluida por un sector formal en el mercado laboral, por lo que se vuelve de vital importancia para el sustento de muchos hogares salvadoreños.

En cuanto a sus determinantes, se deduce que en El Salvador y en países de la región centroamericana, el sector informal está influido por diversos factores estructurales. Las variables ingreso económico, dinámica salarial, años de estudio de la población ocupada, acumulación de capitales y desarrollo de la industria, guardan una relación inversa con la informalidad laboral. Mientras los niveles de excedente de fuerza de trabajo y migración rural-urbana guardan una relación directamente proporcional. A continuación se detalla más sobre ello.

En el caso de la dinámica salarial, es a partir del año 2013 donde se mejoran significativamente los salarios mínimos en el sector formal, antes de dicho año la situación permitió que las personas optaran por buscar más ingresos laborales mediante la informalidad. Al estimar la medida del índice de ingreso laboral promedio real para el año 2017, el sector informal muestra más dinamismo (1.36) y mejoras en el tiempo en comparación al sector formal (1.0). Esto indica que aunque los ingresos laborales promedios del sector informal sean bajos en comparación al sector formal, la mejora en el tiempo ha sido más notoria y con ello la posibilidad para los ocupados informales de hacerse de más ingresos.

Otro determinante es la migración de la zona rural a la zona urbana. En un contexto donde la indigencia y pobreza es más marcada en la zona rural, la migración rural-urbana es inevitable, conociéndose además que el 64.2% de los migrantes internos en el país se caracterizan por laborar como empleados, y que a su vez más de la mitad de ellos (51.7%) tienen entre 0-5 años de estudio, se torna difícil acceder a un empleo del sector formal (mucho menos al sector moderno), es en el sector informal donde encuentran oportunidades para hacerse de un empleo.

También los niveles de estudio afectan el fenómeno. Las estadísticas al año 2017 indican que a medida que la población ocupada dispone de más años de estudio, el acceso a mejores empleos es más factible. La cifra de los ocupados salvadoreños que han cursado 13 o más años de estudio ha sido relativamente baja (13%) en comparación a los que poseen menos de dichos años de escolaridad (87%), de este modo a buena parte de la fuerza de trabajo se le torna difícil insertarse en actividades formales y obtener considerables remuneraciones, por lo que una importante proporción de la población ocupada reside en la informalidad.

Otro determinante es el excedente de fuerza de trabajo. Al año 2017 se contabilizan 208,694 personas desocupadas, de estas, el 61% corresponde a personas en hogares de 3, 4 y 5 miembros, y el 56% son personas con años de estudio entre los 7 y 12 años aprobados. Un detalle crucial es que el 41% de los desocupados es población de 16-24 años de edad, estrato poblacional que frecuentemente se encuentra bajo la presión de estar iniciando un ciclo familiar. Si bien es cierto que la tasa de desempleo es baja (oscilando en el 7% en los últimos años) la combinación de dicha cifra con la tasa de subempleo indica que un 44.4% de personas tienen problemas de empleo en el país. La tasa de subempleo urbana, según los resultados obtenidos para el año 2017, es de 37.3% de estos, el 6.8% se clasifica como subempleados visibles o por insuficiencia de horas y el 30.5% como subempleados invisibles o por ingresos. Lo curioso del caso es que al explorar el subempleo por sectores, resulta que el sector formal presenta 264,590 subempleados, de estos, el 89.8% son subempleados invisibles (237,613 personas), y el 55.1% posee entre 7 y 12 años de estudio. Esto indica que en el sector formal hay muchas personas laborando jornadas de más de 40 horas semanales y obteniendo ingresos menores al salario mínimo. Ante situaciones como esta, la población oferente de fuerza de trabajo opta al menos en el corto plazo por obtener (o mejorar) sus ingresos en las actividades en las que les sea posible y el sector informal se vuelve una alternativa necesaria.

Sumado a lo anterior, se encuentran otros aspectos como: la dinámica del crecimiento económico salvadoreño que entre 1996-2012 incentivó de forma leve la creación de empleos formales; la exportación de capitales, que de aprovecharse en el interior del país en nuevas inversiones podrían mejorar hasta en 24% las cifras porcentuales de la Formación Bruta de Capital; y un sector industrial, que si bien es cierto provee cuantiosos puestos de trabajo, mantiene una estructura productiva maquilera basada mayormente en textiles (más del 90%), con niveles de productividad y de exportación de manufactura con alto contenido tecnológico aun por mejorar, en comparación a otros países de la región. Todos estos aspectos han configurado en el tiempo la dinámica del sector informal salvadoreño.

Al inspeccionar la tendencia del sector informal en el tiempo, puede vislumbrarse que el fenómeno ha mostrado reducciones significativas en los últimos años. Y es que, desde el año 2013, sus determinantes experimentan una dinámica que configura tal comportamiento. Por ejemplo, el crecimiento económico presenta mejoras sostenidas a partir de ese año, permitiendo oscilar sobre su nivel de crecimiento potencial de 2%. A esto se suma el efecto del abanico de políticas gubernamentales implementadas, como el impulso a las microempresas, las políticas de salarios mínimos, políticas para una transformación productiva, creación de parques tecnológicos, bolsas de empleo, jóvenes con todo, impulsos a la asistencia escolar de la niñez y adolescencia a través de becas, fortalecimiento de gobiernos locales, entre otras. Políticas que implícitamente han influido en la reducción del sector informal sin menospreciar las bondades de este.


1O por un sector moderno que se conforma por las actividades productivas: suministros de electricidad, gas y agua; transporte, almacenamiento y comunicaciones; intermediación financiera; administración pública; servicios de enseñanza; y organizaciones extraterritoriales. Donde su remuneración es superior al salario promedio, y albergan solamente al 17% de los ocupados y 27.3% de los asalariados en el año 2017.

2 Estimada como la ratio entre los índices de ingreso laboral promedio para cada sector y el Índice de Precios al Consumidor. Año base 2010=100 para todos los índices.

3 Cifras disponibles para el año 2007, según base de datos censal de CELADE/CEPAL.

4 La tasa de informalidad urbana pasa de 51.2% a 57.4% entre los años 1996-2005, al año 2012 fue de 53.6%, luego baja en gran medida en los siguientes años hasta ubicarse en 43.3% en el año 2017.

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