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El golpe que busca Almagro

Iosu Perales

El secretario general de la OEA Luis Almagro es un tipo oscuro. Es muy significativo que ya en 2014, cuando inició su campaña contra el chavismo, obtuviera el reproche de José Mújica: “Lamento el rumbo por el que te enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”. Es así como Mújica, expresidente de Uruguay, rompió su relación con el que fuera miembro del Frente Amplio y su ministro de Exteriores, advirtiendo del peligro que conllevan los actos de Almagro desde la OEA y desde su alianza con la oposición de Venezuela. “La radicalización y lo que está haciendo Almagro desde la OEA es un peligro para todo el continente”.

Las recientes declaraciones de Almagro, afirmando que sobre Venezuela todas las posibilidades están abiertas, incluida una intervención militar, ponen de relieve que es la voz de su amo: Donald Trump. ¿A qué gobierno si no puede representar semejante amenaza? Ya la mayoría de países de América Latina han condenado las palabras de Almagro que al parecer defiende el regreso a los bombardeos de la isla de Granada, de Panamá, a la intervención militar en Haití. Tras su provocación, el Frente Amplio de Uruguay le ha exigido su inmediata dimisión.

Almagro, llevado por una hostilidad obsesiva ha perdido el norte. Ha convertido a la OEA en su particular plataforma para agredir al Gobierno de Venezuela y a su presidente Maduro, obviando que su obligación política sería la de mediar desde la objetividad. Actúa para radicalizar la crisis en lugar de tender puentes. Es lo que sí está haciendo el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que acaba de denunciar la responsabilidad de Estados Unidos en la emigración de venezolanos hacia otros países, a partir de su presión económica, como parte de una campaña que busca extender la idea de que el chavismo es una dictadura.

Es evidente que Almagro no es Zapatero. Almagro tiene una guerra contra Venezuela y Cuba. ¿Por razones ideológicas? ¿Por estar atrapado en algún asunto que lo somete a Estados Unidos? Tal vez no sepamos nunca las verdaderas razones, pero sea como fuere el secretario general de la OEA es una figura funcional para los propósitos norteamericanos del Plan Maestro. El almirante norteamericano Kurt W. Tidd, el 15 de febrero de este año, ante el comité senatorial de las Fuerzas Armadas, dejó bien claro que solo Estados Unidos, bajo los principios del Destino Manifiesto, puede arrogarse el derecho de intervención militar abierta o encubierta, para proteger sus intereses estratégicos y su seguridad nacional. En su informe señaló que las sociedades latinoamericanas enfrentan retos de gobernabilidad que Estados Unidos debe corregir. Claro que Estados Unidos no puede reconocer que es su política imperial la principal causante de inestabilidades en la región.

El problema es que el esquema mental de los gobernantes estadounidenses, bastante paranoico, extiende sus conclusiones a la afirmación de que Cuba y Venezuela atacan los intereses de Estados Unidos y eso es algo que debe terminar, incluso con procedimientos militaristas.

Pues bien, Almagro está al servicio de este pensamiento, llevando a la OEA al descrédito total. De acuerdo con el Plan Maestro, él comparte la idea de que el escenario de conflictos representa un cambio de enfoque que justifica la militarización de América Latina, calentando el ambiente con una crisis humanitaria alimentada en Venezuela para dar un primer golpe. En este contexto el Comando Sur viene ofreciendo a Colombia la preparación de aspectos logísticos que en un momento dado sirvan para una contingencia preventiva (léase intervención militar humanitaria).

Sin duda este hombre debe, o dimitir o ser dimitido. No puede mantenerse al frente de un organismo que por lo demás funciona como una extensión del Departamento de Estado norteamericano.

Entre quienes piden su cese está el Frente de Amplio de Uruguay que ya el año pasado inició el proceso de expulsión de Almagro, acusado de haber traicionado los principios históricos de esta fuerza política sobre la defensa de la paz y la autodeterminación de los pueblos.

A juicio de Mújica, cada país debe resolver sus “dramas” y no permitir la intervención extranjera.

“Lo peor que podemos hacer los latinoamericanos es darle bomba al intervencionismo”, concluye.

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