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El 15 de octubre de 1979 hubo un rayo de esperanza en El Salvador

Dr. Víctor M. Valle Monterrosa
Hace 43 años, el 15 de octubre de 1979, hubo un hecho esperanzador en El Salvador. Un gobierno militar cruelmente dictatorial fue derrocado. Una asonada civil y militar instaló una llamada Junta Revolucionaria de Gobierno con la presencia de dos militares relativamente sin mancharse con la sangre del pueblo (coroneles Abdul Gutiérrez y Adolfo Majano) y 3 civiles de credenciales progresistas y bien intencionados (Guillermo Ungo, líder del MNR, partido de la Internacional Socialista; Román Mayorga, rector de la universidad jesuita UCA; y Mario Andino, gerente general de la Phelps Doge, empresa transnacional vinculada a la transmisión de electricidad.
El nuevo gobierno fue recibido por las mayorías con mucho beneplácito, aunque con cierta cautela. Algunos grupos guerrilleros lo vieron como maniobra de Estados Unidos para alterar el curso de una revolución en marcha –que nunca se dio- y, en efecto, el gobierno de Carter en Estados Unidos lo auspició preventivamente para evitar otra Nicaragua, pues Somoza, su vilipendiado aliado, había sido expulsado por insurrección sandinista 3 meses antes, el 19 de julio de ese miso año.
Se repetía la historia de 20 años antes cuando la política de Estados Undoso hacia América Latina tendía a apoyar reformas económicas y brindar ayudas para programas sociales , por ejemplo vía Alianza Para el Progreso, para evitar otra Cuba.
La derecha en el ejército y los grupos pudientes retomaron posiciones y meses después de ese 15 de octubre, la Junta de Gobierno fue desmontada, el Partido Demócrata Cristiano y la Fuerza Armada pactaron, bajo el patrocinio de Estados Unidos, una nueva Junta que en los siguientes meses de 1980 pasó por varias reorganizaciones.
En enero de 1980, por presiones de la derecha, salieron de la Junta Guillermo Ungo, Román Mayorga y Mario Andino y, con el auspicio de los militares y el gobierno de Estados Unidos, entraron Héctor Dada, Antonio Morales Erlich y el médico Edmundo Ávalos.Y se desató la contrainsurgencia desde el gobierno.
Ese año 1980 fue fatídico. Los escuadrones asesinos actuaron masivamente y con impunidad y apoyo tácito de la Fuerza Armada. En realidad, eran uno de sus instrumentos. Asesinaron a Monseñor Romero, a la dirigencia del FDR, a unas religiosas de Estados Unidos y se dedicaron a sembrar terror en los sectores populares para evitar que se alzaran y, al final, se entró al conflicto armado interno que asoló al país, como una expresión local de la guerra fría entre Estados Unidos y a URSS, durante 12 años y de cuyas secuelas aún no se recupera el país.
Son 43 años de luchas, frustraciones y esperanzas renovadas cíclicamente. El saldo positivo es que gracias a la lucha popular ahora ya no hay dictadura militar omnipotente y hay elecciones libres,
Pero seguimos siendo un país profundamente subdesarrollado, con injusticias e impunidades y a la espera de una transformación social a fondo, es decir revolucionaria.

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