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EDUCACIÓN EN VALORES +FOMENTANDO LA INTERCULTURALIDAD Y LA DECOLONIALIDAD

Miguel Ángel Dueñas Góchez*

Ante los patrones del poder instalados por la modernidad, find la colonialidad y el capitalismo como parte central de ellas, el bienestar colectivo y el buen vivir despejan horizontes distintos, horizontes decoloniales que encuentran su par en la interculturalidad, entendida como proyecto político, social, ético y epistémico.

La interculturalidad apunta a la necesidad de desarrollar interacciones que reconozcan y enfrenten las asimetrías sociales, culturales, políticas, económicas e institucionales, y la decolonialidad apuntala los sentidos de no existencia, deshumanización e inferiorización y las prácticas estructurales e institucionales de racialización y subalternización que siguen posicionando a algunas personas y sus conocimientos, lógicas y sistemas de vida por encima de otras. En este sentido, la decolonialidad implica algo más que la descolonización.

Su interés no es por el control político y de soberanía típicamente entendidos en los conceptos de colonialismo y colonización, conceptos que con su añadido de “des” asumen una transición, superación y emancipación de esta relación histórica y política local y residual.

La fuerza y firmeza están en la pericia de un real proyecto de interculturalidad que no haga desaparecer las diferencias sino que las convierta en constitutivas: base para la alianza, la convergencia y la interrelación equitativa. Es por eso que podemos afirmar que la decolonialidad y la interculturalidad caminan de la mano.

He ahí la urgencia de la interculturalidad como proyecto de convergencia y de buen vivir con miras hacia nuevos designios históricos y horizontes decoloniales. Un proyecto que implica y requiere la creación de condiciones radicalmente diferentes de existencia, de conocimiento, de poder y de vida, condiciones que podrían contribuir a la fabricación de sociedades realmente interculturales, en donde prevalezcan los valores de complementariedad, relacionalidad, reciprocidad y solidaridad. Donde la justicia, la libertad, la equidad, la igualdad y la democracia no sean palabras huecas sino acciones pedagógicas guiadas por la conciencia, por el compromiso, por la hermandad y la humanización.

Al final se puede decir que, para vivir, convivir o educar a las personas, se debe promover un modelo educativo sin dogmas ni verdades  absolutas y excluyentes, que eduque al estudiantado en los valores fomentados por la interculturalidad y decolonialidad, como son la humanidad y la diferencia, basados estos en el conocimiento y respeto a los principios constitucionales, éticos, no sexistas y democráticos.

*Lic. en Relaciones Internacionales.

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