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Cae la vacancia por rancia

Isaac Bigio
Politólogo, historiador
Se dice que la tercera es la vencida, pero la tercera moción de vacancia presidencial apunta a que no conseguirá el suficiente apoyo congresal.
Este miércoles 7 a Pedro Castillo le han invitado para que hable una hora al Parlamento, para que luego este decida si se queda o es tirado al viento.
En ninguna otra democracia presidencialista del planeta el jefe de Estado ha sido sometido a 3 procesos de destitución en un periodo que apenas sobrepasa el de la cuarta parte de su quinquenio constitucional.
Mientras en EEUU o Brasil los impreachments son procesos largos, en Perú este es un ultra veloz y resulta más fácil sacar a un mandatario electo que encarcelar a un narco.
Se suponía que esta última moción vacadora se venía guardando para ser destapada cuando pudiesen asegurar el apoyo del 67% de los congresistas (87  de sus 130 legisladores). El nerviosismo de que Palacio legalmente los cierre, la activó y puede convertirse en un tiro por la cul;ata.
Todo indica que no van a llegar a dicha cifra. Un primer indicio de ello fue cuando el 1/12 se votó la admisión al pleno de dicha moción (apoyada por 73 legisladores, 14 menes de la valla mínima constitucional). Luego, solo 59 (menos de la mitad del Parlamento) contra 45 congresistas pidieron adelantar la sesión vacadora, y los 4 legisladores de PL que apoyaron el ingreso de la moción destituyente giraron y dijeron que todos los 15 de su bancada iban a vetar que echen al Presidente.
Uno y otro lado se acusan de estar comprando votos, por lo que pueden darse muchas sorpresas. Empero, la potencia que desde hace un siglo domina al Perú (EEUU) y todo el hemisferio se ha pronunciado (vía la OEA) a favor de una tregua de 3 meses.
Una posible salida de Castillo corre el riesgo de generar caos social. Si a él la remplaza su vicepresidenta Dina Boluarte, ella sería pronto dinamitada. Eventualmente, Boluarte sería un bolo a sacrificar pues la Presidencia acabaría pasando al jefe del Congreso, el ultraderechista general (r) Williams, quien se convertiría en el primer mandatario militar desde la dictadura de Morales en 1975-80.
La mejor manera de «asustar» al establishment y de contrarrestar al golpe son con grandes movilizaciones de masas. Fueron estas las que sacaron a los golpistas en 1980, 2000 y 2020.

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