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¡Atención firmes!

¡ATENCIÓN FIRMES!

Por Marlon Chicas, El Tecleño Memorioso

Estamos a pocos días de celebrar 200 años de independencia patria, cuya efeméride se enmarca en un 15 de septiembre de 1821, en Ciudad de Guatemala, declarando a El Salvador libre y soberano, dicho acontecimiento me hace rememorar los desfiles escolares en mi Santa Tecla querida, en la que se respiraba por estas fechas el orgullo por los colores patrios.

Largas asoleadas en la otrora explanada del Instituto Nacional José Damián Villacorta, en la que alumnos del extinto Centro Técnico de Instrucción Policial (CETIPOL), nos instruían para la ocasión en técnicas de marcha. Nuestra única protección era una gorra para defendernos del incandescente sol, durante la instrucción militar, la que era delegada a jóvenes del campo, quienes se esforzaban por expresarse de mejor manera ante los inquietos estudiantes, que en su inmadurez les irrespetaban.

Entre estos jóvenes instructores recuerdo a uno al que sus compañeros apodaban “Pelo Lindo”, por su símil cabellera al estilo Jaraguá del escritor salvadoreño Napoleón Rodríguez Ruíz, bajo de estatura, tez rosada, voz grave, labios gruesos que con su rustica voz ordenaba “Antención firmes”; “Converxión a la de”; “Callarse” entre otras celebres indicaciones, para lo cual se apoyaba de su dedo índice exhortando a guardar silencio.

Por esas fechas el Damián Villacorta carecía de un conjunto de pabellones centroamericanos, lo que limitaba la formación en las escuadras de abanderados, por lo que el suscrito con el aval de la institución gestionaba entre algunos centros educativos no participantes del desfile dicho material, utilizando toda mi diplomacia, lograba tal apoyo, por parte de una afable directora de una prestigiosa institución educativa el recurso en mención en 1985.

Como nada en la vida es eterno, en 1986, me avoqué nuevamente a dicha institución, siendo atendido por la nueva directora, quien luego de escuchar mi alocución, su cara se tornó de rosa a roja externando su molestia ante tal petitorio, a lo que el suscrito luego de escuchar hasta de lo que me iba a morir, respondí con una sonrisa y un “muchas gracias”, quedándome solo en su despacho.

Pasado el incidente, y sin el mencionado recurso, continuamos con la formación de las escoltas, con el único objetivo de llevar en alto el nombre de la institución, llegado el día patrio, hubo que despercudir la mejor camisa y pantalón del uniforme, hacer brillar los zapatos, para lucir dignos ante la población, jamás olvidare el noble gesto del recordado director licenciado Héctor Rosa Villalobos (+), donándonos de su bolsillo los guantes para tal efecto, marchando con hidalguía ante la mirada de los habitantes de mi amada Ciudad de las Colinas.

Años más tarde en mi calidad de ex alumno, continué apoyando a las escoltas de honor, a Dios gracias la institución ya contaba con recursos propios con los que “honrar a la patria querida#, y a la ciudad que me vio nacer. Hoy solo queda el recuerdo de esa época de nuestra adolescencia, cuando los símbolos patrios eran motivo de orgullo, lo que poco a poco agoniza ante la indiferencia de las nuevas generaciones.

Que la celebración de este Bicentenario Patrio, sea un llamado a la conciencia de sus ciudadanos, a defender la libertad y democracia de los salvadoreños, lograda con la vida de valiosos hijos e hijas de esta patria, para que juntos a todo pulmón podamos decir “De hijos suyos podernos llamar”.

Feliz Bicentenario El Salvador.

 

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