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Arzobispado comparte planos del templete para beatificación de nuevos mártires

Gloria Silvia Orellana
@DiarioCoLatino

Los preparativos para la beatificación de los sacerdotes Rutilio Grande y Cosme Spessotto, junto a los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, están tomando forma, según informó este miércoles el Arzobispado de San Salvador, que compartió, a través de redes sociales, los planos del templete para la ceremonia religiosa.

En septiembre de 2021, el papa Francisco autorizó la ceremonia de beatificación de los mártires salvadoreños declarados “beatos”, por sus virtudes, y que fueron previamente certificadas, por lo que podrán ser honrados con culto a su persona. La ceremonia estará a cargo del Cardenal Gregorio Rosa Chávez y se realizará el próximo sábado 22 de enero en la Plaza Salvador del Mundo.

El Arzobispado de San Salvador tiene dispuesto recibir a 5,482 personas, cuyas disposiciones serán estrictas en el marco de prevención del Covid-19, asignando: 77 lugares para diputados o ministros, 8 espacios para presidentes y alcaldes; 10 familiares por cada uno de los beatos.

Asimismo, se han acondicionado 72 sitios para el cuerpo diplomático acreditado en el país y grupos específicos de las parroquias de San Juan Nonualco (La Paz) y de El Paisnal (San Salvador), así como la feligresía de diversas diócesis e invitados especiales que asistan al templete.

La ceremonia contará con varios ingresos al templete, así como puestos de primeros auxilios y ambulancias, presencia de seguridad y zonas colectivas de servicios sanitarios y puntos de encuentro, para atender la demanda de la población que asista al oficio religioso.

Ahora, en la ruta de convertirse en el segundo santo católico salvadoreño, después de Monseñor Romero, de quien fue amigo personal, Rutilio Grande, sacerdote jesuita, nació el 5 de julio de 1928, en El Paisnal, Aguilares, San Salvador, hijo de Salvador Grande y Cristina García, quien falleció cuando el Padre Rutilio solo contaba con 4 años de edad, fue criado por su abuela que le guió al camino del sacerdocio. Entró al Seminario en 1941 y al ordenarse se destacó en su labor como“formador de futuros sacerdotes” en el Seminario San José de la Montaña, conocido como “Padre Tilo”, en 1972 fue nombrado párroco de Aguilares y uno de los fundadores de las “Comunidades Eclesiales de Base”, que le generó molestias con los terratenientes de la zona.

Su asesinato sucedió luego del “sermón de Apopa”, cuando junto a la feligresía protestaron por el secuestro y expulsión del sacerdote colombiano, Mario Bernal.

El padre Rutilio Grande fue asesinado a las cinco de la tarde el 12 de marzo de 1977, cuando se dirigía a celebrar un oficio religioso en El Paisnal, le   acompañaban un colaborador de la iglesia, Manuel Solórzano de 72 años y el acólito Nelson Rutilio Lemus de 16 años, fueron emboscados por agentes de la Guardia Nacional, que actuaban como Escuadrones de la Muerte.

Mientras, el padre franciscano, Cosme Spessotto Zamuner, de origen italiano, nació el 28 de enero de 1923 en Mansué, Italia, hijo de Vitorio Spessotto y Josefina Zamuner, llegó al Puerto de La Unión el 4 de abril de 1950. Desde su inicio fue párroco de la Iglesia de San Juan Nonualco, trabajó junto a las comunidades de la zona rural desde el ejercicio de la fe con su entrega por los más vulnerables. Su disposición por ayudar a su feligresía le llevó a desafiar las arbitrariedades cometidas por las autoridades de turno, como el caso de un grupo de madres que pertenecían a la “Guardia del Santísimo”, que querían enterrar a 6 jóvenes que fueron asesinados por agentes de la Guardia Nacional porque prohibieron que se realizara una ceremonia a la memoria de las víctimas, cerrando la ermita, lo que no impidió al padre Spessotto, honrar la memoria de los jóvenes inocentes.

En marzo de 1980, le llega a sus manos una carta amenazando su vida, por lo que el padre Spessotto escribió su “Testamento de Fe”, en donde expresó que “personas fanáticas” lo iban a asesinar y, de antemano, les perdonó con la expresión “Morir mártir es una gracia que no merezco y espero seguir ayudándolos desde el cielo”.

Fue el 14 de junio de 1980, en la preparación de celebración de la Santa Misa, mientras rezaba de rodillas frente al altar mayor, cuando un grupo de hombres ingresaron al templo y lo asesinaron. Los hechores que llegaron disfrazados para ocultar su identidad – según afirman los testigos- caminaron a la sede de la Guardia Nacional y nunca se investigó este crimen hasta la fecha.

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