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Aquellas navidades tecleñas

 

Marlon Chicas 

El Tecleño Memorioso

“Vienen los tiempos de navidad, y a todos traen felicidad. Un año nuevo comenzará, que mucha dicha nos brindará, cosas pasadas hay que olvidar, recuerdos tristes debes dejar” fragmento de la canción “Vientos de navidad” de Germán Mangandi, exvocalista del grupo salvadoreño Vía Láctea en 1970, cuya letra refleja fe y esperanza en esta época del año.

Con relación a lo anterior, vienen a mis recuerdos una serie de imágenes de niños, la mayoría de escasos recursos, frente a los imponentes escaparates de almacenes de aquel tiempo en Santa Tecla, en los que se exhibían juguetes de temporada, provocando en ellos, abrir la boca y los ojos ante semejante espectáculo, lo cual les hacía suspirar por la imposibilidad de adquirir uno de esos muñecos, debido a sus altos precios, agregado a ello que los pretéritos colones, en los bolsos de sus padres, eran unos perfectos desconocidos.

Entre estos famosos establecimientos de antaño en la Ciudad de Las Colinas, existió uno llamado almacén “La Nueva”, propiedad de don Elías Hasbún de origen palestino, estatura media, nariz pronunciada, piel morena, con infaltable sombrero de fieltro e inseparable paraguas, quien transitó por años el viejo corredor del portal La Palestina, el cual sucumbió al terremoto de 2001.

En una de sus vitrinas, pudo verse por años la figura de un simpático regordete de blanca barba, con característico traje rojo, cinturón y botas negras, soltando sonoras carcajadas; mientras por sus pies, un acelerado trenecito recorría varias veces el mismo trayecto; un oso de peluche de verde corbatín, sonreía a quien le observaba; una ambulancia de bomberos sonaba su sirena atendiendo una emergencia; el auto de carreras rugía su potente motor; un grupo de soldados aguardaba las órdenes del general para próximas batallas; y un pequeño helicóptero alistaba el vuelo en busca de surcar nuevos cielos.

Todos los chiquillos observaban con anhelo el juguete de sus sueños, llegando a la conclusión que el mismo era una quimera, conformándose con la promesa de mamá o papá de “mañana te lo compro”; lo que perenemente quedo en palabras, esperando con ilusión como todos los años a que el Niño Jesús llegará a casa cargado de amor y esperanza, acompañado de un balón de plástico o una muñeca de trapo, lo que hizo olvidar la triste realidad de pobreza y marginación en la que estos vivian.

Otro elemento de las navidades tecleñas, lo constituyeron la instalación de juegos mecánicos en los alrededores del Parque Daniel Hernández, en las que hubo atracciones para los grandes de casa como el Pulpo, Trabant, Remolino, Chicago, el Martillo, el Zapato, los Carros Chocones entre otros, por su parte, los infantes disfrutaban del Gusanito, Sillas Voladoras, Avioncitos y Rueda de Caballitos entre otras entretenciones, que en muchos casos eran costeados por sus padres con algunas dificultades con el único fin de que sus peques gozaran de los mismos por unos instantes.

Cómo olvidar las famosas carpas con la Mujer Tarántula o Serpiente, realizadas por expertas contorsionistas con el apoyo de efectos especiales; la Casa Embrujada, con sus oscuros pasadizos y gritos desaforados de condenados, que ponían la carne de gallina hasta al más valiente, los que eran sorprendidos en su trayecto por Drácula, el Hombre Lobo, Frankenstein entre otros espectros. Sin olvidar las ventas de suculentos entremeses como churros españoles, papas fritas, elotes locos, tostadas de yuca y plátano, dulces artesanales entre otras exquisiteces que, fueron parte del ambiente festivo de nuestra Santa Tecla del ayer, de lo que hoy solo quedan recuerdos de aquellas navidades, que no volverán.

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