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Ante la gravedad de la pandemia COVID-19, y el caos que ha generado: El Perú para el mundo.

Proyecto Cultural Sur Vancouver en apoyo a las causas de los pueblos

Ángel Morote Contreras. Lima. Perú.

Saludos a los integrantes del Proyecto Cultural Sur, amigos en el Perú, América y el resto del mundo. La situación que vive el pueblo peruano es una emergencia de salud pública nacional, circunscrita dentro del sistema capitalista, muy bien estructurado y dirigido para fines oscuros, que afecta la salud, vida, medio ambiente y la naturaleza.

La corrupción generalizada a nivel de gobiernos anteriores y hoy también, agudizan el caos y la forma de enfrentarlos, prueba de ello, tenemos a varios expresidentes y funcionarios «delincuentes» en prisión, estos desatendieron la nutrición, salud, educación entre otras acciones necesarias para el desarrollo humano y el país en su conjunto; cuyo resultado nos coloca, como país vulnerable, entre los primeros América. El Gobierno de turno enfrenta la situación caótica con recursos provenientes -mayormente- de préstamos internacionales en «condiciones favorables», hacen inversión pública y «apoyo a la población» comprometiendo: la seguridad nacional, reservas de recursos públicos, hipotecando de por vida el futuro del pueblo peruano. La economía del país está en manos de grandes y medianas empresas internacionales y nacionales favorecidas con el apoyo financiero del gobierno central; mientras que la pequeña empresa, micro-empresa, empresas familiares y los empresarios informales, que pagan sus impuestos, generan millones de puestos de trabajo, son desatendidos y están en vías de extinción masiva con consecuencias impredecibles. Cabe mencionar también que actividades al margen de la ley, el narcotráfico practicado por delincuentes, políticos, amigos y familiares allegados a expresidentes corruptos, están siendo controlados por primera vez, únicamente por la pandemia.

Dura realidad que requiere mucha dedicación, tacto y conocimiento de nuestros gobernantes para evitar conflagraciones, mientras el común de los peruanos perecemos, como en tiempos pasados, al «hombre de las cavernas», con escasos recursos o sin ellos; otros hacen cuarentena con abundante comida y vino, obtienen permisos para transitar libremente, aprovechando el estado de emergencia; otros/as, incluso logran su libertad de los centros penitenciarios. A la población pobre se les asigna bonos, canastas de víveres, muy ínfimos, a la mayoría no les llega ningún tipo de ayuda social; en este medio, los funcionarios públicos y los poderosos abultan sus bolsillos en plena cuarentena y toque de queda, cuando se enferman, se atienden en clínicas y centros de salud bien equipados con muchos otros privilegios.

Los cementerios y hospitales están colapsados, fallecen, en su mayoría, la población vulnerable de estratos bajos, incluso policías, médicos, servidores públicos de limpieza, por falta de equipo médico y atención necesaria. La corrupción del poder tienen brazos largos para decidir quién se conecta o desconecta a equipos de ventilación y suministro de medicamentos «sustentado» en “protocolos médicos” oscuros, confusos y direccionados.

En los penales reina el caos, la desesperación, miedo, terror, enfermedades y muertes. En las altas esferas del gobierno tenemos once congresistas infectados, un ministro de estado entre otros políticos, y hasta un candidato presidenciable, de tendencia izquierda, no atendido.

Hay un éxodo de personas pobres hacia sus lugares de origen, incluso deciden volver a pie huyen del encierro forzado, la enfermedad, la falta de seguridad en ciudades metrópolis; puesto que perdieron su única fuente de sustento, el trabajo.

Se nos aproxima una nueva pandemia y efervescencia social a puertas de un escenario electoral, tenemos crisis de sanidad pública profunda, crisis económica con altos índices de indigencia y despido de trabajadores. El estado de emergencia se prolonga en repetidas oportunidades en medio de una población desocupada, con actividad predominante de informalidad, irresponsable, que no entiende que la salud y la vida son prioritarios.

COVID-19 nos sensibiliza, nos demuestra a los seres humanos que somos destructores y enemigos de nuestro hábitat. La naturaleza sabia pide su espacio en el tiempo para dar respiro, recomponerse y seguir brindándonos condiciones de vida, salud de manera gratuita, nos da una gran lección de vida o muerte para tener en cuenta, sí o sí, en un futuro no muy lejano. Imploramos a nuestro señor creador que nos proteja de todos los males causados por los mismos hombres, si todavía cabe llamarlos así. Señalo que COVID-19 desnuda la realidad de la vida, la verdad y cuyas consecuencias sentimos, vemos y como nuestro razonamiento nos dice que no somos nada, un minúsculo virus nos está acabando; a la vez nos hace entender que somos iguales en ciertas cosas, por ejemplo, echemos una mirada en Lima, la capital del Perú, al muro de la vergüenza y controversia levantado para evitar el tránsito de la población pobre por dominios de la población privilegiada construido en los límites de asentamientos humanos de Pamplona Alta, en el distrito de San Juan de Miraflores y las urbanizaciones Camacho; la Molina, ubicados en distritos capitalinos de Surco y la Molina al estilo de la muralla China, límite y fronteras que no conoce COVID-19. Después de hacer un análisis, opino que se nos vienen tiempos difíciles, nunca antes vistos como son: las emergencias ecológicas, desastres naturales, contaminación electromagnética, hambrunas, enfermedades desconocidas, guerras, COVIDS-20, 21; si los «amos y dueños del mundo» perseveran en su afán de dominar, someter a sus congéneres mediante políticas de extracción desmesurada de recursos, enriquecimiento, extinción de la vida, empobrecimiento y contaminación de recursos naturales y del medio ambiente.

El Perú, en estos momentos vivimos una crisis sanitaria, social, política, económica y el mundo está a puertas de una catástrofe global. Para finalizar menciono que los ricos y pobres, en algo preciso, somos iguales, en la travesía hacia lo desconocido y la eternidad.

La corrupción, aunque no lo quieran aceptar muchos «poderosos», es la madre de todos los males, en el pasado y ahora, hay que luchar contra ella, encarar, vencer, extirpar, desaparecer para siempre.

Dios nuestro no permita tanta injusticia, desigualdad, maldad en este mundo, en tus manos estamos, confiamos en ti, “Señor de los “señores”.

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