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Al abrir un libro

Mauricio Vallejo Márquez

coordinador

Suplemento Tres mil

El encuentro con un libro siempre es mágico. Aún cuando el libro no sea perfecto. La sencilla razón de ser una creación en la que el autor arroja su alma, discount lo vuelve único, misterioso y una verdadera pieza metafísica. Ya no se diga si el autor tiene ese algo especial que formula la obra literaria y ese placer hermoso, como probar un buen pastel.

La experiencia comienza al abrir un libro, al sentir sus páginas y dar inicio a vivir ese aroma del papel y su tinta, luego la letra con que inicia la obra como augurio de lo que podrá ser el resto de la lectura: un encuentro con mi placer rotundamente edénico, me agrada o lo rechazo.

Así comienza, con ese delicado movimiento de abrir el libro y leer las primeras líneas. Si me convence, sigo, a menos que lo haga por disciplina o amistad. Soy celoso con lo que leo. Hay temas que me apasionan y no me dejan que las suelte. Pero ninguna experiencia me resulta más impresionante que la casualidad, al encontrarme el libro de una persona que no conozco y su nombre no es conocido en nuestra atmósfera literaria y resulta ser un buen escritor.

Un literato emergente que no solo se atreve a publicar, sino que es buen, que su obra vale y es capaz de atrapar mi atención al punto de leer de cabo a rabo toda la obra, lo disfruto. En ningún momento lo desvirtuó por no conocerlo, al contrario le doy más oportunidad. No creo en la consagración, aunque si en la obra. A mi, me dice más un trabajo que el trabajador en cuestiones de piezas literarias.

La obra se defiende sola. No requiere de intermediarios ni de instituciones que podía ser poco creíbles o de amiguismos, tampoco creo en literatos pretenciosos que se consideran elegidos o dueños del Olimpo y pretenden saltar a la historia desvirtuando a verdaderos literatos.

Creo en leer la pieza literaria, en vivirla. Se un niño que lee como ver una película y la disfruta, no como un juez. Esa es la primera etapa del valor de una catación literaria en la que se comprueba si el gusto de uno está en sintonía. No ir juzgando su técnica, porque la crítica es otra cosa y tiene otro sentido diferente al pleno disfrute.

De pronto al avanzar en la lectura encuentro no sólo el gusto o la complicidad, sino la admiración: la obra es maravillosa.

Así me encontré con poetas que han logrado sacudir mi alma y mostrarme que no estoy solo, que un alma pensó y sintió lo mismo que yo. Todo por haber comenzado a leer, por haber estado dispuesto a no dejar el libro en el lugar donde descansaba y haber hecho esa acción atrevida de abrirlo. ¿Qué sucedería si eso hiciéramos todos?, ¿Si nos atreviéramos a explorar otros mundos con sólo abrir uno de ellos? Comencemos.

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