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La llaga desnuda (10)

Erick Tomasino

ADVERTENCIA

1. Esto no es una autobiografía.

2. El lenguaje utilizado en este texto, healing es de exclusiva responsabilidad de sus personajes.

3. Es probable que este libro, generic no sea el mejor que lea en su vida.

 

Eran apenas las ocho

Eran apenas las 8:00 de la mañana cuando mi teléfono sonó. Era una voz que me parecía familiar diciéndome: “Sabés qué maldito, ahora soy feliz”. A lo que yo contesté: “si, hola, que bien, me alegro, ¿puedo seguir durmiendo?”

“Sabés qué infeliz” -continuó- “mientras vos estabas jugando al rudo destrozándote la cara, me fui a la playa sola, entendiste. SO-LA. Quería repensar las cosas y llegué a la costa, maldita sea y lo primero que hice fue buscar una habitación y felizmente todo estaba lleno ¿sabés por qué? Porque un chico salió y me dijo que podía quedarme en su habitación. Le tomó cinco minutos para seducirme y ya para eso estaba enamorada de él…”

“Y sabés qué –prosiguió- Ni siquiera salimos a la playa, nos la pasamos todo el fin de semana, entendiste, TO-DO el fin de semana encerrados en la habitación, es un animal. Su cuerpo atlético lleno de tatuajes; y sabés qué es lo mejor, que es vocalista de una banda y creo que él sí será alguien. No como vos maldito perdedor que sos un fracasado, mirá no tenés una carrera terminada, no tenés empleo y ahora tampoco tenés novia. MAL-DI-TO FRA-CA-SA-DO”.

“Además es un chico atento. Se levantaba para llevarme algo de comer a la cama. Podía cargar con mis cosas. Me daba masajes y hacíamos el amor cada vez que yo se lo pedía”. “Oye guapa –le dije por fin- y yo que pensaba que el esclavismo había terminado. No sabía que lo que querías era más que un novio, un prisionero o un sirviente”.

“Ya ves. Eso es lo que me molesta de vos –gritó- nunca le das importancia a lo que me pasa. Parece que todo te vale verga. Ni siquiera vas a decir que te duele que yo esté ahora con otro”. Su voz seguía con una letanía muy bien conocida. Entonces reflexioné que no tenía porque seguirla escuchando. Arrojé el teléfono al cesto de la basura. Había una persona menos de quien estar preocupado.

Sucede que

Sucede que para que no todo siga igual, quiero que de nuevo amanezcás conmigo y los estruendos de la guerra terminen. Yo que me precio de ser puntual en las citas más complicadas, esta noche frente a tus ojos clavados en el horizonte, sugiero que me abracés para apagar juntos el cansancio de ser tan sólo dos.

Y mientras sueño que me combatís a felaciones en un castillo del amor, tendida en un colchón que podría dejar de ser sólo un colchón si estuvieras a mi lado, construyo un futuro donde esté superada una frontera que nos aparta de la posibilidad de vivir. Y más en la noche, ante un susurro de bossa nova y malabares, canto a tu oído que merecemos estar unidos. Y me sonreís como si el acuerdo ya fuese establecido, nosotros que una vez decidimos amarnos más allá de los nacionalismos.

Pero a un tiempo de aquella promesa, estalla el odio y tu silencio. Y recuerdo aquel día que participé como invitado a tus sensaciones de humana explosión y digo que odio la guerra. Abandonado de este lado reafirmo mi decisión de combatir a tu lado para no sufrir de más despedidas. Para que no se queden enterradas nuestras promesas, para no huir de la vida.

Aunque por hoy mis esperanzas parezcan ese pedazo de mierda que queda flotando en el retrete, que por más que jales de la palanca no se va, admito fuera de todo vano orgullo que aún te amo. Que el amor, como el tiempo y el espacio son infinitos, pero que para que sea eterno debe de ser libre. Y no es posible ahora que me he confinado a este exilio voluntario en esta habitación que suena a caverna. Y que sin el brillo de tus ojos no existe evocación alguna,  más que del miedo. Atado estoy de vos sin tu presencia. Vacío del vacío que también se quedó a tu lado.

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