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A la espera de la Beatificación

Ha finalizado la Semana Santa, ampoule cheap y con ella también el primer trimestre de 2015, pharmacy que nos depara, sin lugar a dudas, mucha esperanza de que El Salvador saldrá, más temprano que tarde, de sus profundas crisis, sobre todo, en lo que concierne  al tema de la violencia o inseguridad.

El primer trimestre de este año nos ha dejado importantes señales de que lo arriba esperado será una realidad, siempre y cuando, por supuesto, participemos todos y todas. En primer lugar, el anuncio de la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien nos llama a la unidad, al diálogo y a la reconciliación.

Monseñor Gregorio Rosa Chávez expresaba en una de las reuniones del Consejo de Seguridad, que la beatificación de Monseñor Romero será un factor determinante para que nos unamos todos y todas en contra de la violencia. Y de hecho, la marcha del 26 de marzo que unió al pueblo contra la violencia -que es la segunda señal importante del primer trimestre de 2015-, en la que la iglesia católica jugó un papel importante, al igual que otras iglesias cristianas, pusieron como elemento motivacional la invocación de Monseñor Romero, en su calidad de mediador para unir los corazones de bien de los y las salvadoreñas.

Por eso, la Beatificación de Monseñor Romero, el 23 de mayo, no solo es la fecha más esperada en El Salvador y el mundo católico, sino para quienes, convencidos de que a la par de los esfuerzos humanos para combatir los males sociales del país, como la violencia, se necesita de la intercesión del San Romero de América.

Desde ya, cada salvadoreño y salvadoreña, más allá de sus prácticas religiosas o no, deben hacer actos de constricción para convertir El Salvador en un país dispuesto a transitar por derroteros mejores en todos los sentidos.

Que emocionante sería, que los hombres y mujeres religiosos que nos acompañarán el 23 en el acto de beatificación de Monseñor Romero, se sorprendieran de la bondad y hermandad en que los y las salvadoreñas comenzamos a vivir en este terruño, lugar de nacimiento, muerte y resurrección de nuestro Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

Con nuestro beato Monseñor Romero, como guía espiritual de los y las salvadoreñas de bien, no dudamos que los problemas estructurales que nos aquejan tendrán solución, pero para ello habrá que trabajar.

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