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lunes , 25 septiembre 2017
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Xenofobia

Orlando de Sola W.

¿Qué pasaría si en lugar de Calentamiento Global tuviéramos una nueva Glaciación, como ocurrió hace miles de años, cuando la Capa Polar cubrió todo Canadá, llegando hasta los Grandes Lagos de Estados Unidos?

Según investigaciones científicas esa Glaciación permitió que varias especies animales, incluyendo humanos, pasaran por el puente de hielo que conectaba el continente asiático con lo que ahora llamamos América.

Si volviera ocurrir una glaciación como esa, muchos gringos y canadienses tendrían que emigrar hacia el sur para escapar del frío, pues resulta mas fácil atravesar el Río Grande que cruzar el Atlántico e intentar reasimilarse a la cultura europea, también congelada.

Si eso sucediera, brotaría en Mesoamérica una especie de Xenofobia a la inversa, pues los habitantes de la zona sur temeríamos a las hordas invasoras de Tonatiuh, como sucede ahora sucede con las hordas de Moctezuma y sus costumbres, que emigraron hacia el norte.

Siempre ha habido Xenofobia porque el temor es parte de la humanidad.

Los primeros en reportarla fueron los antiguos griegos, que rechazaban y consideraban bárbaros a los extraños y extranjeros.

En nuestra época, la Xenofobia crece por las desesperadas migraciones de la periferia, que buscan refugiarse y progresar en el mundo de poder y desarrollo. El que ahora conocemos como Primer Mundo.

Eso mismo sucedió en la antigüedad, cuando hispanos, galos, francos, helvéticos, germanos y otros pobladores de zonas coloniales buscaron el esplendor de la antigua Roma, que desde su nacimiento fue un crisol donde se mezclaron etnias y costumbres, comenzando por los pueblos etruscos, latinos y sabinos que la fundaron.

Las fobias son temores exagerados que reflejan nuestro instinto de conservación, ubicado en la parte más antigua del cerebro. Huimos del peligro, o lo enfrentamos, para conservar la especie.

A veces los temores, o fobias, son imaginarios, o exagerados, por lo que debemos cuidarnos de manipulaciones perversas, aunque hay algunas veces verdaderas razones para preocuparnos.

Aprendemos a manejar el miedo a los extranjeros como lo hacemos con otras fobias, incluyendo la claustrofobia, o temor a los espacios cerrados, y la agorafobia, que es el temor a los abiertos. Pero cuando el miedo nos supera, especialmente cuando no se socializa, o asimila, como ocurre al norte del Río Grande, es peligroso.

Si la tendencia migratoria hacia el norte fuese revertida por un fenómeno natural como la Glaciación, la nueva tendencia migratoria hacia el sur también provocaría Xenofobia, como seguramente sucedió en 1519, cuando los españoles llegaron a lo que ahora es Veracruz. Por eso las fobias deben ser manejadas con paciencia, prudencia y perseverancia, para evitar violencia y guerras sociales.

Las causas de la extrema migración que ahora nos ocupa, sin embargo, no son naturales, como el Calentamiento Global o la Glaciación, sino de origen humano. Se originan en los sistemas de organización social que tratamos de construir al norte y al sur de la frontera del bienestar, que debíamos tratar de borrar.

El color de la piel, las costumbres, el idioma, las religiones y otros factores que nos distinguen no deben ser asidero de nuestros vicios, catalogados desde siglos como ira, pereza, soberbia, envidia, codicia, gula y lujuria. Afortunadamente, cada vicio tiene su antídoto, o virtud.

Las virtudes fueron divididas en dos grupos: las teologales, de origen divino, y las cardinales, de gran importancia social. Las virtudes teologales son fe, esperanza y caridad, siendo la caridad la más importante. Las virtudes cardinales son, desde la antigua Roma, o tal vez antes, prudencia, justicia, fortaleza y templanza, no muy bien interpretadas por quienes nos representan en los sistemas socio-políticos que intentamos construir.

Para contrarrestar los vicios necesitamos una actitud positiva. Por ejemplo, para contrarrestar la pereza necesitamos diligencia.

Y para contrarrestar la codicia necesitamos magnanimidad. Para cada vicio hay una actitud que lo contrarresta individual y socialmente, aproximándonos a la paz, que es la tranquilidad del orden.

     La Xenofobia existe en todas la latitudes y longitudes del globo terrestre. Cada vez que se encuentran dos extraños, diferentes, o desconocidos, brota la desconfianza.

Por eso debemos superarla con actitudes positivas cuyo resultado es el mestizaje, la asimilación de lo bueno y rechazo de las amenazas a la vida, libertad y propiedad de los involucrados, que somos todos.

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