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viernes , 20 octubre 2017
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Relato de una   historia vivida

Relato de una historia vivida

Mi nombre: José Santana López Varélo
Seudónimo: Salvador
Veterano de guerra

El 15 de marzo de 1981 se da una invasión a un territorio defendido por la guerrilla salvadoreña en el departamento de Cabañas, en los cantones del municipio de Villa Victoria, hoy Ciudad Victoria.

Hablamos de los cantones Santa Marta, San Felipe, Peña Blanca y la Pinte, los cuales comprendían un buen número de caseríos, todos al Norte de dicho municipio.

Las organizaciones guerrilleras que estuvimos en esos lugares fueron las Fuerzas Populares de Liberación y la Resistencia Nacional.

En toda la zona que defendía la guerrilla habitábamos aproximadamente unos 7,000.00 personas entre niños, jóvenes, hombres, mujeres y ancianos. La gente con más resistencia para hacer las tareas de defensa de la zona, unida a los jóvenes eran los que tenían una preparación en lo militar.

También había un sector de los hombres y mujeres que participaban en la milicia, esta hacía tareas de abastecimiento de víveres, logística y cuando había que ayudar a los campamentos de la guerrilla para que se mantuvieran alerta a tiempo completo defendiendo sus posiciones.

Unos 500 hombres y mujeres aproximadamente eran los que resguardaban la seguridad de aquella numerosa población.

Carecíamos de todo, no teníamos nada, no teníamos suficiente armamento, era una gran dificultad al inicio de esa lucha; entre las dos fuerzas solo teníamos unas 100 armas largas, el resto eran pistolas y armamento artesanal.

Se tenía una buena preparación militar y nuestra consigna era ¡¡¡Revolución o Muerte!!!, es decir, que la persecución que el gobierno desató a través de los cuerpos represivos a los sindicatos, estudiantes, maestros y a las comunidades organizadas, había una gran cuota del sector campesino, los cuales éramos perseguidos, nos quemaron las casas, mataron el ganado, los caballos, puercos, se llevaban las aves de corral, eso nos hizo tomar más conciencia de que no nos quedaba otra que unirnos y resistir para defendernos.

Es así como el quince de marzo de 1981 se desata una invasión militar contra esa zona    guerrillera, el destacamento militar de Sensuntepeque comandado por el coronel Ochoa Pérez (Sigifredo) y apoyados por otros batallones que hacían sus prácticas de contrainsurgencia, rodearon toda la zona y desde el pueblecito de Villa Victoria en ese entonces, emplazaron cañones 120 milímetros para dispararlos con un alcance aproximado de ocho a diez kilómetros, bombardeos con todo tipo de aviones de guerra de los que se utilizaban en esa época que descargaban bombas napal y de fragmentación, avionetas roqueteras, helicópteros que apoyaban a las tropas militares, la gente nuestra en ciertos momentos se resguardaba en los tatu, la ventaja nuestra era el conocimiento del terreno y las posiciones en altura nos garantizaban el control de la zona. Resistir más de tres días era imposible por no tener suficiente munición y armamento pesado.                           Estando en la invasión comandado por el coronel Ochoa Pérez el día 18 de marzo de 1981 hicimos la retirada como a las diez de la noche, no podíamos arriesgarnos a que el ejército llegara a  masacrar a toda la población como eran los niños, los ancianos, las mujeres y los enfermos.

Yo, José Santana López Varélo, tenía tres días de haber sido herido junto a otros dos compañeros, fuimos las bajas que tuvimos en combate. Mientras que el ejército invasor sufrió numerosas bajas sobre todo por el armamento artesanal que fue muy efectivo.

La retirada la planearon para el Río Lempa, en ese momento me cargaban en hamaca, mis heridas eran de gravedad, llegamos al Río Lempa como a las cuatro de la mañana y comenzaron a pasar la gente, unos a través de un lazo que se había colocado de un lado al otro, el cual se reventó, y producto de eso se ahogaron varios compañeros, en bultos flotantes, balsas hechas de madera que pudieran flotar, todo improvisado, se buscó ese paso de Piedras Coloradas porque es un punto ciego hacia Honduras.

Como a las 6.00 a.m. del día 19 fuimos detectados por el ejército, estos mandaron a un helicóptero para que nos ametrallara todos los contornos del Río Lempa, allí nos defendimos cada quien como pudimos. Una patrulla de la guardia Nacional se desplazó desde el Guayabo (un caserío que esta en la Presa Cinco de Noviembre) Lempa abajo pero fueron repelidos por una escuadra de compañeros que guardaban seguridad del resto que íbamos en paso hacia Honduras. La masacre de la población la hizo el ametrallamiento que realizó el helicóptero.

Lo que no pudo hacer el ejército Salvadoreño en el paso, lo hizo el ejército Hondureño. Ya en territorio de ellos nos mataron a 25 compañeros a machetazos, unos por que vestían camisas de las que visten los soldados, gorras o pantalones verde olivo, estos pretendían evitar el ingreso de toda esta gente que huía del ejército salvadoreño. Ya en territorio Hondureño tuvimos el apoyo de la Iglesia Católica Progresista de Honduras, Los Médicos sin Frontera y de los Derechos Humanos e internacionales. Sin este apoyo hubiera muerto mucha mas gente.

Así se dio origen a los primeros campamentos de refugiados en Honduras, se improvisó ya en Honduras en el Caserío Los Hernández y luego se formalizaron los Campamentos de La Virtud.

A mi persona, como iba herido me trasladaron a Tegucigalpa, Honduras, a un Hospital Escuela, ahí fui operado y logré salvar mi vida, esto es parte de esa historia que no me la contaron, la viví para contarla.

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