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domingo , 17 diciembre 2017
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Pérdida de cosechas, Pagando el precio

*Carlos GirónCarlos Girón S.

Triste y doloroso es el cuadro de los maizales, ed hortalizas y otros  cultivos que se están echando a perder por la dura y prolongada sequía que azota a la región, ask todo como consecuencia del severo cambio climático, pharm que muchos no querían creer que fuera cierto o que podría darse como consecuencia de lo que los humanos le inferimos a nuestra Tierra y su atmósfera, por la terrible contaminación provocada por las enormes emanaciones de gases tóxicos,  de todos los países, con mayor fuerza los llamados industrializados y “más desarrollados”.

Ante la tragedia –que lo es de veras—hay quienes pretender achacarla al Gobierno “por falta de previsión”, como si los gobernantes pudieran dar órdenes a la Naturaleza para que mande las lluvias a tiempo. Y lo que sucede es que cada ser humano sobre el planeta contribuye de diversas maneras a la contaminación ambiental, que afecta no sólo a la agricultura y demás reino silvestre y animal.

El uso irracional de bolsas y envases plásticos es un factor muy determinante en el problema, pues el plástico no es fácilmente degradable, es prácticamente indestructible, y los ríos, lagos y costas de los océanos son inundados con toda clase de plásticos, los que a su vez son causa de mortandad de especies acuáticas al ingerirlos.. La pérdida de cosechas sin duda encarecerá de inmediato los productos básicos –cereales, huevos, verduras, etc., lo mismo que tenderá a escasear el agua potable de los ríos y lagos, que ya han comenzado a disminuir dramáticamente su caudales.  La escasez de agua puede traducirse a la par en el incremento de enfermedades de toda clase y el consiguiente abarrotamiento de hospitales y unidades de salud con miles de pacientes, y el subsecuente agotamiento de los medicamentos –que de inmediato provocará los reclamos y acusaciones al Gobierno

Todos sabemos y también todos lo olvidamos, que el ser humano recibe siempre el efecto de sus acciones, y no sólo eso, sino también el de sus pensamientos y sentimientos –increíble como algunos pudieran decir.  El hombre, genéricamente hablando, es el que ha causado el desequilibrio de las fuerzas telúricas y cósmicas en y alrededor de nuestro planeta, y ello se está manifestando en las sequías y temperaturas insoportables que se están registrando, lo que a su vez puede causar muertes entre los ancianos, principalmente y los niños tiernos.

Los antiguos místicos y filósofos afirmaron que la Tierra es un ser vivo, claro, pues de otro modo no podría ser el albergue del don de la vida en sus diversas expresiones como los vegetales, los minerales, los animales, etc.

Sin ser vengativa, la Tierra reacciona a las lesiones que le inferimos todos los seres. Se resiente de la explotación excesiva de sus minerales subterráneos, especialmente los hidrocarburos, cuya extracción produce gigantescas oquedades en el interior, lo que sin duda desbalancea aunque sea mínimamente la posición del mismo planeta,  lo que genera cambios en las condiciones climáticas y sus repercusiones en la superficie.

El uso irracional de las tierras fértiles es a la vez otro factor que perjudica el equilibrio ecológico. Es el caso de las gigantescas plantaciones para la producción de drogas, incluidas las tabacaleras.  Asimismo, la producción de alimentos transgénicos, que emplean sustancias tóxicas que envenenan los suelos, volviéndolos más tarde estériles. Por el otro lado, las explotaciones de los frutos del mar sin cuidar debidamente la repoblación de las especies marinas y acuáticas.

Y como es fácil de ver, tras de todo eso anda la ambición del lucro de las grandes, medianas y pequeñas empresas transnacionales, a cuyos dueños y ejecutivos no les desvela pensar en el daño que saben le inferirán al planeta y a la generalidad de seres vivientes que nos movemos sobre el mismo.

Ante una tragedia que apenas asoma, es preciso que los individuos actuemos para aminorar o erradicar los daños que le ocasionamos a nuestra madre Tierra. Podemos comenzar con disminuir al mínimo posible el uso de los plásticos, en especial, las bolsas y tratar de reciclarlas y las que ya no lo permitan, quemarlas, como la mejor  forma. Otra ayuda es disminuir en lo posible el consumo de gasolinas y el gas casero, igual que el uso de la energía eléctrica. El ahorro del agua potable es también esencial en esta cruzada que deberíamos proyectar a nivel regional y mundial.

La Tierra nos está dando grandes señales de sentirse dolida y afectada. Seamos compasivos con ella como podemos serlo con nuestras madres. No nos quedemos de brazos cruzados, contemplando despreocupada  e irresponsablemente la proximidad de una tragedia mayor. ¡Actuemos todos! ¡Ya!

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