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Martes , 19 Septiembre 2017
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Los enemigos del monumento a la reconciliación

Nelson López*

Trabajar por el arte y la cultura en un pueblo como el nuestro no es fácil si partimos de lo empecinada que ha sido la oligarquía para tenernos sumidos en la ignorancia y en el analfabetismo, con el único objetivo de aprovecharse al máximo de esa debilidad que les ha permitido manipularnos hasta el pensamiento con una habilidad que no requirió de mucho esfuerzo.

Sin embargo, nunca pudieron encerrarnos a todos, siempre hubo quienes saltaron el muro tendido por los sátrapas y guardianes, sin embargo arreció el afán desmedido de destruir la conciencia de un pueblo y no solamente hicieron desaparecer el conservatorio nacional y la escuela de profesores Normal Alberto Masferrer, sino que también terminaron con el bachillerato nacional de Artes que funcionaba en el Centro nacional de Artes (CENAR), con la carrera de educación física. El arte y la cultura siempre fue y sigue siendo el enemigo a destruir por parte de la oligarquía y sus representantes enquistados en la política y en donde puedan.

Algo insólito fue que se opusieran a la compra de pinturas de grandes representantes de las artes plásticas salvadoreña ¡no hay duda! Son los acérrimos enemigos de todo un pueblo que anhela ¡un día! salir de la ignorancia, del analfabetismo y de la inculta transcultura.

El poeta Otoniel Guevara, uno de los defensores de la cultura, dibujó con palabras los rasgos y trazos del monumento a la reconciliación.     

Otoniel Guevara:

Ya me picó la lengua por opinar sobre el Monumento a la Reconciliación. Se le ha criticado porque la mujer azul es fella. Lo cierto es que se parece a muchas amigas y gente que me encuentro en las calles del país. A menos que los críticos de verdad sean felices con el rostro de Mónica Belluci.

El rostro que corresponde a nuestra raíz es justamente ese. Si lo ven feo, ni modo, habría que haber nacido en Grecia, Francia o un país más acorde a su estética facial. 

La guerrillera y el soldado son los verdaderos artífices de la reconciliación. Eso evidencia que la guerra la hicimos los pobres, y la reconciliación también. Los que no se reconcilian son los burgueses, que no han parado de explotar y ningunear a la gente trabajadora.Y eso es de siempre, no de hace 25 años. El mensaje me queda claro: Quienes le deben una reconciliación al país son los ricos. Y a los pobres nos toca seguir luchando, que es la única manera de acomodar las cosas a nuestro modo.Y de irles quitando ese perverso poder a los millonarios.
Que la mujer esté desnuda me parece un homenaje a la naturaleza. Que el cuerpo no sea perfecto, pues, dichosas las que lo tienen perfecto.
Por último, le vuelan machete al que ideó este monumento, cuando es el único miembro del gabinete de gobierno que tuvo una iniciativa para recordar este acontecimiento. Lo hizo con tiempo, sin improvisación, y si no les gustó, pues ni modo, la aguja de Bobby ahí sigue, con lo que me hubiera gustado que desapareciera.
Una cosa me queda clara: Estamos lejos de reconciliarnos como sociedad. Somos esclavos de la cultura de los comerciantes, adoradores de la Suprema Mercancía; nos peleamos por pendejadas y nos jactamos de ahuevar a los otros. Así no se construye una nación sino una cantina. Ante esas vergonzosas actitudes este monumento resplandece de belleza.

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