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miércoles , 22 noviembre 2017
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Los desaparecidos siempre dicen la verdad: Escuadrones de la Muerte en El Salvador (2)

@renemartinezpi
renemartezpi@yahoo.com*

Los Escuadrones de la Muerte (los que en términos sociológicos incluye a sus autores materiales, sovaldi sale ideológicos y financieros) usaron-abusaron del terror y de la impunidad –mientras, view cínicamente, acusaban de terroristas a los militantes de la izquierda- como armas expeditas del sistema para impedir la reforma económica, la organización social revolucionaria y, ante todo, la negociación con la guerrilla para ponerle fin a la guerra civil. En ese entonces los mecanismos y lógica de los asesinatos eran en buena medida desconocidos y en la hojarasca del genocidio el único testimonio eran los cadáveres flotando en ácido con los huesos destrozados, las uñas extraídas, mutilados sexualmente, tirados en basureros, decapitados, con los cráneos totalmente desprovistos de piel, lo que hacía sospechar la utilización de maquinaria para destazar reses. Pero ¿por qué se permitió que en un país tan pequeño y con menos de cinco millones de habitantes se produjeran muertos en montos industriales? La respuesta está en 1932.

El Albuquerque Journal, después de investigar diez meses, responsabilizó de la inmensa mayoría de los asesinatos, desapariciones y cárceles clandestinas a una red político-militar bien orquestada (los Escuadrones de la Muerte) formada por personajes derechistas poco después del tutelado Golpe de Estado de octubre de 1979. En los días posteriores, esa red paramilitar tuvo su “alter ego” legal en la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) formada como contrafuerza por civiles y militares que estaban dispuestos a asumir y financiar la autoría del genocidio. Sus métodos eran combatir la guerra civil y los movimientos populares con terror y propaganda amarillista; la organización de izquierda con organización de derecha; la inteligencia subversiva con inteligencia militar. “Si los norteamericanos piensan que esta es una guerra de un ejército contra otro, están equivocados”, explicó el caficultor Alberto Bondanza, uno de los fundadores de ARENA. “Esta no es una guerra convencional. Una vez identificas a tu enemigo probablemente morirá. Afortunadamente el ejército no está contra nosotros. Quienes están luchando por la libertad son los escuadrones de la muerte”.

Al principio, los Escuadrones eran grupos de civiles muy motivados apoyados por algunos soldados simpatizantes y por el silencio o la cobardía cómplice de la gente. Pero después, cuando la derecha restableció su hegemonía en el ejército, los asesinatos comenzaron a ser realizados –tipo masacres masivas como las de El Calabozo, el Sumpul o el Mozote- por miembros de las fuerzas de seguridad y con el conocimiento de altos jefes militares. Con dinero de la oligarquía, “el Mayor” se propuso salvar a El Salvador del Comunismo, que fue la misma consigna usada en 1932 para justificar el genocidio de indígenas y campesinos. El más connotado organizador de este partido paramilitar, Roberto D’Aubuisson, fue elegido en 1982 como presidente de la asamblea legislativa, fue oficial de inteligencia e hizo una dramática propuesta para encabezar la salvación del país del comunismo. Al ser interrogado sobre el origen de los Escuadrones, D’Aubuisson dijo: “Si estos pertenecen a la izquierda los felicito, porque están llevando a cabo su objetivo. Si son de la derecha, yo creo que están equivocados, y si son personas uniformadas (cuerpos de seguridad) también me gustaría decirles que están equivocados”. Pero según él, antes del golpe de 1979 ya habían empezado las ejecuciones sumarias de los llamados “escuadroneros” y le dijo al JOURNAL que cuando estaba de alta: “empezamos a actuar incorrectamente al no llevarlos ante el juez (a los que detenían para ser interrogados) sino que los desaparecíamos para impedir que la cadena de tener que ponerlos en libertad se prolongara”. El salto de D’Aubuisson a la escena pública fue después del golpe de 1979 y su apoyo financiero provino de la oligarquía, cuyo control del gobierno y el ejército se vio afectado por ese golpe de Estado. Después de más de 100 entrevistas en Centroamérica, México y los EE.UU., incluyendo conversaciones con más de 40 activistas del partido ARENA, algunos admitieron que fueron miembros de los Escuadrones.

Con pruebas documentadas, incluyendo expedientes secretos de la inteligencia derechista y cables clasificados del gobierno estadunidense, el Journal confirmó que algunos miembros de la dirección de ARENA colaboraron con los cuerpos de seguridad y se lucraron del dinero enviado por los EE.UU. planificando y llevando a cabo operaciones contrainsurgentes de “guerra sucia” para eliminar físicamente a sus enemigos políticos. Esa guerra “por asesinato” y “genocidios” –cuyos implicados después de la firma de la paz quieren lavar abriendo fundaciones sin fines de lucro o culturales- la cual se presentaba como violencia al azar de grupos derechistas fanáticos, fue organizada en muchos casos por oficiales de alto rango del ejército y operaba desde los Departamentos de Inteligencia de la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda y desde muchos cuarteles para garantizar el anonimato. La investigación confirmó que antes de las elecciones de 1982, D’Aubuisson formó parte de un círculo de oficiales de alta involucrados en grupos paramilitares clandestinos como la Brigada Maximiliano Hernández Martínez, la cual se acreditó una serie de asesinatos políticos. Otros miembros de la derecha paramilitar, que trabajaron cerca de D’Aubuisson, se responsabilizaron de ataques contra la Iglesia Católica, los demócratas cristianos, la izquierda social demócrata y los medios de comunicación simpatizantes con ellos. Pero había oficiales más influyentes -de mayor nivel que D’Aubuisson- que le permitieron correr riesgos”, explicó un experto militar extranjero cercano a la Guardia Nacional. Ese personaje, o “el hombre”, era según los involucrados el Coronel Nicolás Carranza, número dos en el ejército salvadoreño hasta diciembre de 1980 y que después dirigió la Policía de Hacienda. La otra agencia importante de contraterrorismo donde trabajó D’Aubuisson, fue el Departamento de Inteligencia (G-2) de la Guardia Nacional, cuando ese cuerpo de seguridad estaba al mando de Eugenio Vides Casanova. Durante el tiempo que Vides dirigió la Guardia algunos oficiales que estaban de alta en el G-2 fueron acusados por el Departamento de Estado del asesinato de Monseñor Romero y del asesinato de dos asesores sindicales norteamericanos, en enero de 1981. La eficiencia letal de sus operaciones clandestinas aumentaba mucho más debido a la asesoría internacional -la que incluyó a veteranos franceses de la Organización Terrorista Secreta del Ejército Argelino- sobre la mejor forma de dirigir la violencia militar con fines políticos. También vinieron argentinos y otros suramericanos de organismos policiales para entrenar a los cuerpos de seguridad en las técnicas sanguinarias de la “guerra sucia” practicada en Argentina contra la subversión en los 70s.

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