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viernes , 15 diciembre 2017
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La expansión sionista: esencia de una agresión

Oscar A. Fernández O

Oscar A. Fernández O

Oscar A. Fernández O.

Cuando Theodor Herzl, advice case fundador del sionismo se refería a “un pueblo sin tierra que busca una tierra sin pueblo”  le importaba un bledo la existencia de una población árabe en Palestina y su evolución como nación. El establecimiento del Estado sionista israelí se convirtió en la compensación al Holocausto, sovaldi pero se ha dedicado a promover la guerra contra sus vecinos y continúa sojuzgando y asesinando al pueblo palestino bajo el pretexto del terrorismo.

Hace medio siglo la recién conformada ONU, help encabezada por las potencias aliadas que vencieron al eje Berlín –Roma –Tokio, acordaron entregarles la mitad del territorio de Palestina a los israelíes para que fundasen su propio Estado moderno. Aceptable o no esa decisión, sobretodo por el exceso de poder mostrado por la ONU al quitar territorio a un pueblo que nada tuvo que ver con la guerra, es comprensible que se quisiera resarcir un poco a otra nación que recién había sido masacrada en Europa. No obstante, en muchas personas persiste la duda de sí esa y no otras, fueron las razones para ubicar a un Estado sionista pro imperialista en tan importante y controversial punto geopolítico.

Como sea, hoy esa resolución es aceptada por el mundo y validada por el esfuerzo del pueblo hebreo que ha sabido construir su país y del pueblo palestino que legítimamente exige se le reconozca como Estado. De tal manera que la escalada del conflicto tiene un origen específico: la estrategia expansionista violenta de la extrema derecha sionista, fielmente representada en uno de sus más fieros halcones, Benjamin Netanyahu.

Las reacciones violentas de los grupos armados palestinos que varios califican de terroristas y fanáticos, tienen un detonador: el expansionismo, la brutalidad y la exclusión practicada por Israel contra esos pueblos. Pero a propósito de fanatismos, cómo debe entenderse el que los israelitas se auto denominen “el pueblo de Dios”, ni más ni menos. La diferencia es que el terrorismo de tanques y modernos aviones bombarderos, ha sido aplaudido, estimulado, legalizado y hasta financiado durante mucho tiempo por algunos paladines de la democracia occidental y exacerbada por el favoritismo de la prensa pro imperialista.

La lucrativa palabra “terrorista”, puesta de moda por el discurso de los halcones imperialistas, está siendo utilizada en la mayoría de casos para atacar la violencia justificada de los pueblos y su legítimo derecho a defenderse de las agresiones extranjeras. Esta es una pequeña victoria para los campeones del “bien” y el “orden”, en cuyas filas de ningún modo resulta desconocido el uso del terror.

Israel ha mantenido una actitud sistemática y permanente de ocupación y desalojo contra Palestina sin importarle los acuerdos de la ONU : la 181 de 1947; la 194 de 1948; la 242 de 1967; la 338 de 1973; la 3379 que especialmente condena y asocia el sionismo con el racismo y con el apartheid sudafricano, en particular; la 446 que declara ilegales los asentamientos judíos en territorio ocupado; la 478, que declara ilegal la apropiación de Jerusalén por parte de Israel; la 497 que declara ilegal la anexión a Israel de los Altos del Golán; la 3236, que declara que los palestinos tienen el derecho de recuperar sus hogares y pide el retorno de éstos; la 1322, que condena el uso excesivo de la fuerza de Israel contra el pueblo palestino.

La Corte Internacional de Justicia, en una opinión consultiva no vinculante (pero que, como todas las resoluciones de la CIJ, es jurisprudencia internacional) acerca de Namibia, 21 de junio de 1971, interpretó que, conforme a los artículos 24:2 y 25 de la Carta, el Consejo de Seguridad tiene poderes generales, por lo que éste puede adoptar decisiones obligatorias al margen del Capítulo VII de la Carta Internacional)

Sin embargo, agitando la bandera de que las resoluciones no son vinculantes, la otrora gran nación árabe, cuna de las tres religiones monoteístas más grandes del mundo, ha sido reducida, por la voracidad de una derecha guerrerista y ante la pasividad del mundo, a un pequeño y empobrecido territorio casi invisible en el mapamundi (Gaza y Cis Jordania) cercado y vigilado por el brutal ejército sionista, el cuarto más poderoso del mundo.

Las demarcaciones políticas y territoriales que pretende establecer Netanyahu, representan los intereses exclusivos de la elite sionista y no la realidad sociológica del pueblo de Israel. La esencia del conflicto en el medio oriente se nos antoja cada vez más claro, contrariamente a lo que otros aseguran, aduciendo una vieja rivalidad de naciones. Para des escalarlo hay que hacer dos cosas de inmediato, parar la carnicería, terminar el expansionismo y devolver las tierras ilegalmente ocupadas, reconociendo y legitimando el derecho del pueblo palestino a su propio Estado libre y soberano. Solo así podremos parar esa sangrienta matanza impulsada por los sionistas, para lograr su expansión y dominio de todo este estratégico territorio.

Por su parte, los países poderosos que lideran el mundo occidental, deben abandonar la indiferencia, la diplomacia ambivalente y la doble moral  que les ha caracterizado frente a la a actitud prepotente del expansionismo sionista. Debe retornarse a la renuncia de la fuerza y la violencia. Entendiendo que las acciones diplomáticas no son la antesala de las intervenciones armadas o un simple mecanismo para enfriar conflictos calientes, ni deben ser sustituidas por métodos engañosos y coercitivos. Tales prácticas sólo evidencian la incapacidad y desprecio de los sistemas pacíficos para resolver las causas del conflicto.

Sin duda, ambos pueblos están capacitados para resolver el problema, pero también necesitan y demandan urgentemente el concurso de las naciones civilizadas y democráticas del mundo, las cuales debemos hacernos presentes sin ataduras ni compromisos previos y sin más interés que el del desarrollo libre y pacífico de las naciones. Construyamos un siglo XXI para la humanidad y la paz; no permitamos más imperialismos ni crímenes de odio y apartheid.

¿Hasta cuándo los palestinos y demás pueblos árabes continuarán pagando por un crimen que se cometió en los campos de concentración de la Alemania nazi? ¿Por qué los pueblos y estados civilizados del mundo somos incapaces de detener esta matanza de inocentes, bajo el pretexto de un terrorismo que en realidad se práctica por el Estado Sionista, el cual posee más de doscientas bombas atómicas y se pasa las resoluciones de la ONU, por su arco del triunfo?

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