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domingo , 22 octubre 2017
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Herencia genocida

@arpassv

Organizaciones y comunidades indígenas del occidente del país conmemoraron esta semana el 82 aniversario del genocidio de 1932, ambulance donde fueron masacrados unos 30 mil indígenas y campesinos que se levantaron exigiendo tierras y salarios dignos.

La matanza, perpetrada sobre todo en Izalco, Nahuizalco, Juayúa, Apaneca y otros municipios de Sonsonate y Ahuachapán, es el peor genocidio cometido en América Latina en el Siglo XX y fue el estreno del régimen militar que duró 50 años.

Los responsables directos de la masacre son los generales Maximiliano Hernández Martínez y José Tomás Calderón. El primero era el dictador de turno y el segundo fue el “comandante de la fuerza expedicionaria que desalojó a los insurrectos de las zonas afectadas”, es decir, el jefe operativo del etnocidio.

Este horrendo crimen quedó impune. Como quedaron también las masacres, asesinatos, desapariciones y demás crímenes cometidos por los herederos de Martínez y Calderón durante la guerra civil cinco décadas después (1980-1992): asesinatos como el de Monseñor Romero y masacres como las de El Mozote, El Sumpul y de los jesuitas de la UCA.

Los oligarcas que patrocinaron el genocidio y sus lacayos que lo perpetraron son predecesores de los actuales financistas, dirigentes y funcionarios de ARENA. De hecho, el ex presidente Armando Calderón Sol, padrino político del candidato arenero Norman Quijano, es nieto del general Tomás Calderón, autor material de la masacre.

Por cierto, hace un par de semanas, Calderón Sol acompañó a Quijano en una gira proselitista por el departamento de Sonsonate, lugar donde su abuelo asesinó a miles de indígenas y campesinos.

Pero el acto arenero más atroz de reivindicar el genocidio es inaugurar todas sus campañas electorales en Izalco, donde los nietos de los oligarcas y militares del 32 celebran la “derrota del comunismo”.

Así llaman los dirigentes areneros al crimen cobarde y canalla de asesinar a gente humilde que reclamaba sus derechos. Con el engaño de que les darían tierras, los abuelos de los dirigentes de ARENA reunieron a miles de campesinos en la plaza izalqueña para masacrarlos a mansalva. Fiel a la tradición represiva de sus padres y abuelos, ARENA propone ahora volver a militarizar la sociedad, contrariando la Constitución y los Acuerdos de Paz cuyo objetivo principal fue desmontar el militarismo y establecer la democracia.

Por eso tienen razón los mismos areneros cuando dicen que el 2 de febrero el país elegirá entre autoritarismo y democracia, sólo que al revés: ARENA representa el regreso al pasado autoritario y la propuesta de la izquierda representa un avance democrático.

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