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viernes , 15 diciembre 2017
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En estos momentos somos el resultado  del etnocidio de 1932: Franco Huixtemi
Franco Huixtemi, joven de la comunidad de Izalco, Sonsonate, afirma que la masacre de 1932 fue tergiversada por la oligarquía, al punto que las cicatrices que dejó el genocidio siguen presentes en las comunidades de origen nativas del dicho lugar. Foto Diario Co Latino/ Iván Escobar.

En estos momentos somos el resultado del etnocidio de 1932: Franco Huixtemi

Iván Escobar
@DiarioCoLatino

Hablar de 1932 es hablar de mucho y tener en cuenta muchos factores que se suscitaron antes de aquel negro enero de 1932, cuando el Presidente Maximiliano Hernández Martínez, se estrenaba como mandatario golpista y ejercía una de las mayores represiones registradas en la historia. Martínez estuvo en el poder por tres períodos consecutivos, algunos consideran que su llegada instauró las dictaduras militares en El Salvador, otros lo ven como un gobernante que contribuyó al desarrollo del país.

Sin embargo, la principal referencia al General Martínez se centra en la masacre indígena de 1932.

Sobre el tema de la masacre del 32´, hay mucha tinta que ha corrido en libros, investigaciones, artículos periodísticos y datos históricos que a lo largo de los últimos 85 años se han conocido y en una medida ha significado un aportado para saber el por qué de la masacre en contra de las comunidades indígenas del occidente del país, en 1932. La tradición oral ha estado presente también y es otro elemento que permitió resguardar por mucho tiempo información en torno a los sucesos.

La depresión económica de finales de los 20´, la expropiación de propiedades indígenas para ser trabajadas con la siembre cultivos de sectores de poder, desempleo, marginación, explotación, y otras razones fueron elementos que se presentaron antes, durante y después de los sucesos del 32´. Investigadores han coincidido en que el hecho marcó a las comunidades indígenas, y fomentó la persecución y represión a toda expresión ajena a los sectores conservadores.

Además, la sociedad salvadoreña percibió superficialmente los hechos, mientras que las comunidades indígenas pasaron al anonimato y a la oscuridad, ocultan sus tradiciones, sus vestimentas, incluso, su lengua que llegó al punto de la extinción por era un motivo para ser reprimido.

Para el joven indígena de la comunidad de Izalco, Franco Huixtemi, las cicatrices del 32´ están más que presentes en las comunidades, por lo que recomienda que para entender lo qué pasó no solo es preciso leer la información que se ha escrito posterior a los hechos, ya que en algunas de las versiones “oficiales” se tergiversó la realidad. Franco es de la opinión de que hay que “estudiar los antecedentes”, y hasta tener en cuenta que el levantamiento indígena que se dio en el país, 100 años antes, específicamente en 1833 con la rebelión de los Nonualcos, encabezada por Anastasio Aquino, fue también por motivos represivos.

Este estudiante de Antropología y actual promotor de la lengua Nahuat en San Salvador, dice que será difícil entender estos hechos que acabaron con la vida de miles de personas, en su gran mayoría indígenas. El principal punto del problema se dice que fue por la expropiación de las tierra, lo que desencadenó otros hechos como explotación, marginación, pobreza y represión permanente.

Franco Huixtemi considera que “el 32’ es una parte negra en nuestra historia étnica… el sector indígena de Izalco tiene bien marcado lo de 1932”.

Respecto a la tergiversación, podemos ver textos como el libro de “Historia de El Salvador, tomo II”, en el cual se hace énfasis en que el suceso “fue el primer alzamiento popular en Latinoamérica conducido por el comunismo internacional”, y es que si bien algunos datos señalan la participación de altos dirigentes de izquierda de la época, vinculados al Partido Comunista de El Salvador, no fue una maniobra propiamente de este partido recién formado, afirma Franco Huixtemi.

Y añade que investigaciones serias lo han demostrado, aunque reconoce que sí hubo presencia de personajes vinculados al Partido Comunista.

Pero este ha sido el motivo primordial por el cual el Estado ha tratado de hacer ver que el levantamiento fue provocado por fuerzas “oscuras”, y se deslegitima la organización de las comunidades indígenas.

Huixtemi opina también que el comunismo no fue la causa central de las protestas, ya que las comunidades indígenas ya contaban con mecanismos de organización como las “cofradías” en las cuales además de sus tradiciones, les permitía analizar y estudiar el contexto de lo que vivían, algo que no fue detectado por las fuerzas gubernamentales de aquellos tiempos.

De ahí, la razón por la cual se dice, que se elevó después del 32´ la figura de los indígenas al folklore o al turismo propiamente, a través de la literatura y otros mecanismos, a fin de reducir su presencia e invisibilizarles, al grado de anular toda acción comunitaria. A esto se suma la represión y persecución.

Franco recuerda el caso del abuelo Darío Tepán, quien reside en el cantó Cangrejera, de Izalco, y a sus 95 comparte cómo fue asesinado su padre por fuerzas gubernamentales, durante la masacre de 1932, por el hecho de ser indígena. “Él apenas tenía 10 años, y tuvo que ser disfrazado de niña para que no lo mataran, porque la orden era asesinar desde niños y adultos”, comenta.

“El 32´ es un conjunto de acontecimientos”, insiste. Y comparte que la misma centralización de información desde el Estado, provocó que el tema se manipulara, pero ese caso no fue el único, ya que días previos al 22 de enero se cometió una masacre en el municipio de Comasagua, de La Libertad. Todo este ambiente solo confirma la represión sistemática del mandatario golpista, el general Martínez.

En el libro: “Legado de un revolucionario” de Schafik Handal, dirigentes histórico del FMLN y firmante de los Acuerdos de Paz, relata que algunos factores que propiciaron la insurrección fue la sistemática represión en contra el pueblo. Menciona que la insurrección de 1932, tiene factores tempranos como: los emanados de la dinastía Meléndez Quiñonez; la represión durante el gobierno de Pío Romero Bosque, y la fundación en 1930 del partido Comunista de El Salvador, y la crisis socio-económica.

Ya el recordado escritor colombiano, Gabriel García Márquez, en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1982, calificaba al general Martínez como “el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos…”

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