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domingo , 17 diciembre 2017
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El miedo quedó en el pasado porque la verdad nos hizo libres

José Alvarenga

Durante muchos siglos el miedo se ha utilizado como instrumento de dominio y control de la población por parte de los  grupos de poder. En principio fue el miedo a la ira de los dioses quienes amenazaban a los simples mortales con destruirlos con pestes y cataclismos si no los veneraban, medical luego, ask fue el miedo a las brujas y a los engendros inventados en la época medieval,  después fue  el miedo al comunismo y a los regímenes totalitarios, y hoy en día, en nuestro país se manipula con el miedo a la criminalidad y a las pandillas.

Esta práctica perversa a través de la historia fue legitimada en el siglo XVI por Nicolás Maquiavelo, quien consideraba que el miedo es la mejor arma que se puede usar en contra del propio ser humano, por eso aconsejaba a los príncipes que “es  mejor  ser temido que ser amado”.

En El Salvador, desde la conquista española, los dispositivos  que han utilizado las élites para mantener atemorizada a la población han sido: el engaño, la represión, el exterminio (masacre 1932), la obediencia, y la explotación.  Esta  siniestra forma de dominio buscaba crear una sociedad pusilánime e incapaz de levantar la cabeza ante su patrón. El resultado de estos siglos de dominio fueron la pobreza, el atraso,  la ignorancia y el temor.

Sin embargo, los salvadoreños siguieron adelante, luchando contra la adversidad (masacres, golpes de Estado, guerra civil) para ser reconocidos como humanos, como  hijos iguales ante la patria y no como ciudadanos de segunda clase, por ello aprovecharon la oportunidad que les dio la historia para  reunir todo el valor posible y dejar atrás el miedo.  El siglo XXI fue testigo de un pueblo salvadoreño que venció el temor y en el año 2009 desplazó de la centralidad del poder y de la historia a quienes nos gobernaron por años a base de mentiras y de miedos, haciéndonos creer que sólo ellos podían gobernar, pero el gobierno del cambio colocó a la persona humana en el centro de su actuación permitiéndonos recuperar la dignidad de sujetos de derecho que históricamente nos fue negada.

Ahora los que perdieron en el 2009, quieren recuperar el poder, no se sienten a gusto porque están acostumbrados a mandar, extrañan la adulación y el usufructo del Estado, por eso están montando una campaña mediática de terror y engaño para doblegar la voluntad del pueblo, pero esta arma del miedo ya no funciona.

La táctica del miedo utilizada por las élites en América Latina para ganar elecciones cada vez impacta menos en los electores, según  Aldo Meneses, académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, el miedo, en términos de la propaganda política, tiene cada vez menos efecto, la gente está más informada, es menos ingenua, ya no es tan fácil engañar a los votantes, basta con buscar datos en Internet para contrastar lo que dicen los medios”.

El ejemplo de esta tesis lo confirma las recientes elecciones presidenciales en Chile, donde la población derrotó el miedo y los chilenos eligieron por segunda vez como presidenta a Michelle Bachelet del Partido Socialista, a pesar de la campaña de terror y de embuste montada por los medios de comunicación al servicio del poder económico, quienes se quedaron esperando que ganara la candidata de derecha Evelyn Matthei.

A la luz de estos acontecimientos históricos nos enfrentamos de nuevo a una campaña electoral donde los grupos de poder recurren de nuevo al miedo para asustar a los electores, el argumento central es el temor a la criminalidad y a las pandillas, pero cínicamente los que proponen resolver este problema son los mismo que en el pasado dejaron que las pandillas crecieran a dimensiones diabólicas y ahora nos quiere asustar con el monstruo que ellos crearon. La felicidad está en el futuro, el miedo quedó en el pasado, el poder está en nuestras manos, debemos continuar por el camino que iniciamos,  ya no le podemos creer a los que se acostumbraron a mentirnos, hoy más que nunca debemos recordar las palabras de aquel humilde carpintero que nos dijo: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

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