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viernes , 24 noviembre 2017
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Capitalismo vs. Democracia

Oscar A. Fernández O

Oscar A. Fernández O

Oscar A. Fernández O.

La lucha por la democracia en América Latina o la conquista de la igualdad, decease la libertad y la participación ciudadana, diagnosis es insostenible al margen de una lucha contra el despotismo del capital. Más democracia involucra, buy necesariamente, menos capitalismo (Borón: 2004) El neoliberalismo concluye en una concepción y una práctica profundamente autoritaria en la gestión de la cosa pública. Por eso la disyuntiva neoliberal no es entre estado y mercado, sino entre democracia y mercado. Sus representantes no vacilan en sacrificar la primera en aras del segundo. La supremacía de facto de los botines de las clases dominantes, derrotadas en la arena electoral pero activas en la conspiración para recobrar el aparato estatal, en el cual han perdido mucho terreno aquí en El Salvador y otros países de Latinoamérica, intenta quebrar las expectativas de justicia que grandes sectores sociales han depositado en el naciente proceso de cambios para radicalizar la democracia y desmontar el modelo de dominación tradicional. Las ominosas secuelas de esto aún se sienten en carne abierta; en el peor de los “pecados mortales”: la desigualdad brutal que aún nos aflige y provoca la mayoría de conflictos sociales hoy desbordados.

Dentro de la era de la globalización capitalista, la interdependencia económica, la ampliación del “libre mercado” y los nuevos valores y patrones del “orden” mundial, parece normal concebir al Estado y al gobierno sin ningún peso frente a la acción de los poderosos actores privados, los cuales han adquirido de manera exponencial, un peso desproporcionado en los últimos diez años. Aquél ser humano que se definiera como el “animal político” es hoy el “animal económico”, al mismo tiempo que toda cuestión política es vista como técnica. El aplastante peso del mercado global aparentemente marca el fin de las ideologías, donde un liberalismo “remozado” y su concepto de sociedad civil, trajeron el “fin de la historia” o como dicen algunos teóricos y políticos indefinibles: el más allá de izquierdas y derechas. Todo un sonsonete en la política actual.

El capitalismo, según Thomas Piketty (2013), enfrenta tanto a los países modernos como a los emergentes con un dilema: los empresarios son cada vez más dominantes sobre los que poseen solo su propio trabajo. Según Piketty, mientras que las economías emergentes pueden sobreponerse a esta lógica en el corto plazo, en el largo plazo “cuando quienes deciden los salarios establecen su propio sueldo, no hay límite”, a menos que se impongan “tasas de impuestos confiscatorios”… ¡y entonces es cuando los oligarcas gritan como dementes!…

Muchos países se autodenominan democráticos. Es común que las personas entiendan la democracia desde una perspectiva ficticia, no real. Esto es generalmente así, por que los poderes de facto y sus gigantescas maquinarias de propaganda se encargan de martillar sobre nuestras cabezas, todos los días, que democracia es lo que ellos dicen que es. Por lo tanto, los pueblos viven aferrados a mitos, creyendo en situaciones que no son realidad.

La mayoría de las sociedades contemporáneas hacen gala de gobernarse por los ideales y principios de la democracia. Pero muy distinta es la realidad, pues no es fácil comprender esta forma de vida social y mucho menos practicarla.

Algunos pensadores caracterizaron al mundo occidental moderno de manera mistificadora como el reino de la libertad y la democracia. Incluso llegaron a afirmar que en eso se distinguía la época moderna del antiguo régimen. Políticos que gobiernan las más importantes sociedades occidentales en el presente siglo, todavía promueven opresiones, tiranías y guerras en nombre de tales valores. Sus propagandistas afirman que en estas últimas décadas se asiste al triunfo definitivo de la Democracia y del libre mercado que la sustenta, llegando así, al “Fin de la Historia, de la Ideologías y de las Utopías”

El enfoque materialista histórico, marxista, a diferencia de los enfoques liberales (el subjetivista y el economicista) es profundamente distinto. A diferencia de los otros dos, su punto de partida no es “el punto de vista del actor”, sino de los procesos sociales de reproducción y transformación. Lo cierto es que el mundo occidentalizado tiene la peculiaridad de ser atravesado por dos tendencias opuestas, que se combaten: la del capitalismo y la de la democracia participativa. De la lógica de la oligarquía capitalista viene la racionalidad dominadora (de lo económico enajenado), la explotación (del hombre y de la naturaleza) así como la re-funcionalización de viejas opresiones, con su secuela de desigualdades e injusticias; como es su tendencia a la sociedad de desiguales.

De la tendencia de la democracia participativa y autonómica, emancipadora y libertaria, viene el pensamiento crítico ilustrado y los diversos movimientos populares que han derribado monarquías y oligarquías, independizado países, conquistado derechos y libertades individuales y colectivas, sociales y políticas; esa es su lógica civilizadora. (Lund: 2008)

La materialización cabal de la democracia participativa es el proceso de consolidar  todo el poder para el pueblo. La forja del poder popular ha venido ocurriendo de arriba hacia abajo, por la acción revolucionaria de una lucha que cuenta con miles de los mejores hijos e hijas de la patria que dieron su vida por ella, pero esto no ha sido suficiente hasta hoy, no obstante haber construido un gobierno progresista que por primera vez ha arrancado parte del poder a la oligarquía, en la historia de esta pequeña nación centroamericana. Sin embargo, en el sistema político actual, aún existen trabas  y usurpaciones de los poderes tradicionales que a sangre y fuego han impedido la concreción de una sociedad equitativa, independiente y soberana. Por ello, para el logro de un El Salvador, justo, humano y civilizado debemos destruir los poderes fácticos y construir el poder popular.

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