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Sólo estamos perdidos (1)

@renemartinezpi
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Ustedes, ed los estudiantes de ciencias sociales de “la nacional”, look que sin temor o pena pueden gritar que son “el pueblo”; alardear con que son los herederos de los que un día fueron “los muchachos” que vivieron en herida propia la sal del 30 de julio, cialis del Mozote y de Iguala, y tenían seudónimos, no apodos, y los cobijaban tanto los rezos como la buena suerte; ustedes, que tienen el olvido lleno de memoria y por eso no son un caso perdido desde que decidieron ser parte de “los que no pueden olvidar”; ustedes, los que Benedetti dice que son “los de abajo”, en el bueno y subversivo sentido del término, no son amnésicos sin identidad y sin madre, ni son unos cobardes empedernidos, ni son –ni deben ser- militantes oficiales de la perversión de todos los tiempos que enarbolan, con orgullo y cinismo cierto, los diputados, ministros, viceministros y secretarios de poca monta y poco cacumen; tampoco tienen un coeficiente intelectual vencido, como afirman los grandes empresarios que más que inteligentes son alagartados y más que emprendedores son expropiadores… ustedes, simplemente están, estamos, perdidos en nuestro laberinto de la soledad desde que fuimos colonizados y recolonizados por nuestros propios fantasmas; perdidos en los renglones torcidos de la vida, la que se reduce a ese extraño instinto de respirar que nos puebla el pecho sin saber por qué.

Ustedes, los que con orgullo pueden decir (o podemos decir) que son “el pueblo” –no que estudian por y para el pueblo- y que por lo tanto no están en venta, como lo están los sátrapas y los corruptos (esos tipejos a los que, sólo para mantener intacta la gobernabilidad capitalista, se les pagan jugosos salarios, se les compran almuerzos caros y les regalan carros del año) tienen corazón y alma en el armario del pecho; tienen cerebro y sentimientos en las huellas que dejan; tienen sangre roja en las venas y visiones del futuro en los gestos; tienen espíritu rebelde y carne magra llenando la ropa que usan más de las veces aconsejadas, entonces nunca deben sentirse pobres, ni desdichados o engañados por el sistema y sus testaferros que hicieron de la dignidad una mercancía barata; no deben estar ajenos o sentirse divorciados de la vida que los rodea desde buena mañana en las paradas de buses; o sentirse alejados de los bosques talados por la voracidad del capital comercial; o estar enemistados con los pájaros sin nido; o estar enojados con los mares bravíos expropiados por los grandes hoteles; o sentirse ajenos de las montañas colonizadas por las haciendas, de los ríos majestuosos y apacibles lagos que nos robaron sin avisar; ustedes no deben caer en lo que cayeron los otros estudiantes -los alienados y pobres de espíritu que sólo piensan en consumir y hacerse ricos con un título, los peones del sistema- que sufren porque no tienen el último celular o porque se sienten solos al punto del ignoto suicidio, cuando en el planeta hay más de tres mil millones de personas que padecen hambre y decenas de millones de niños que, en una soledad unánime, se acuestan sin cenar y sin beso de las buenas noches. Además, las hazañas más asombrosas realizadas por sus antecesores no necesitaron de un celular o de una camisa de marca, y la soledad que éstos conocieron, cara a cara, en las lúgubres cárceles y cementerios clandestinos les permitió saber lo que querían ser y hacer; y les permitió conocerse hasta llegar al suicidio utopista, lo que es algo esencial para escribir la historia vigente e imaginar las historias frustradas.

Ustedes, los estudiantes de ciencias sociales de “la nacional” que serán los antropólogos de la identidad sociocultural propia, los historiadores de las víctimas, los sociólogos de la revolución social, los trabajadores sociales de la dignidad; ustedes, los herederos confesos del pensamiento crítico salvadoreño y de la memoria colectiva que es mucho más grande que la historia académica, no deben caer en lo que han caído los ancianos escatológicos que, añorando los tiempos represivos de “mi General Martínez”, se siente viejos e inservibles y testarudos, y por eso se jubilan de la vida ignorando que Gandhi realizó una huelga de hambre por la independencia de la India a la edad de 75 años, que Mandela fue presidente a los 76, que Fidel Castro dirigió la revolución cubana casi medio siglo durmiendo sólo tres horas diarias. Ustedes, los estudiantes de ciencias sociales de “la nacional”, tienen prohibido abandonar el compromiso social con su pueblo, porque si eso sucede habrán perdido la parte más hermosa de esas ciencias: la utopía; y habrán perdido la parte más importante de su cuerpo-sentimientos: las alas, lo cual va en contra de la naturaleza misma de ser jóvenes y en contra de la esencia misma de la justicia de la que tanto se habla en los libros.

Nacer y morir o morir y nacer es lo mismo en un país como el nuestro que está colonizado por ignorantes, prepotentes y corruptos. El camino que va del vientre materno que no se graduó de tercer grado a las lápidas sin mausoleos ni testamentos, es la Escuela de Ciencias Sociales más relevante y aleccionadora de toda la historia nacional, por eso, siempre, lo que algunos llaman problemas o dificultades son en verdad lecciones vitales y son nuestros objetos de estudio. La vida, la sociedad, la historia, la dignidad, la utopía son dinámicas, por eso no se pueden situar en un punto fijo, por eso son una relatividad social, y por eso, ustedes –sobre todo ustedes, los estudiantes de ciencias sociales de “la nacional”- deben ser militantes del presente y constructores del futuro y de la vida. Por eso, mi abuela, remontando la artritis de su segundo grado y sin haber leído a Marx, decía que “hay que tenerle miedo a los vivos, no a los muertos; el más allá es asunto del cura”, y agregaba, sorbiendo su café de olla, que “sólo la muerte no tiene remedio”. ¿Quién de ustedes puede decir que la utopía social ha muerto sin ser cínicos o mercaderes o torturadores de la memoria? La utopía y los utopistas no han muerto, se han mudado a sus libros y han edificado una nueva casa en las ideas y compromisos sociales de ustedes, los estudiantes de ciencias sociales de “la nacional”.

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