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REPENSAR LA CIUDAD

Proyecto Cultural Sur Vancouver
Jaime Velázquez Pc-sur Veracruz México

Construcción de cientos de personas y miles de días, los caminos y las casas urgían. Las ciudades empiezan por un árbol, que es un techo y se usaron varas y ramas para evitar sol y lluvia. Entonces el árbol que sirvió de ejemplo se quedó a la orilla del caserío. Siglos después cuesta repensar el lugar donde vivimos porque se ha vuelto inabarcable y creemos que es imposible cambiarlo. Usamos las ciudades como estén, nos gusten o no. Los ponentes invitados (fueron 23, faltaron dos; dos días de duración) a un seminario universitario hablan de su parcela, evitan el conjunto y el futuro se vislumbra como eterno presente. Es dramático hablar de lo que está mal.

El sentimiento de culpa de los demás oculta la propia culpa. Evitamos preguntarnos a dónde va la gente, por qué tiene prisa. Después de años de usar reloj seguimos apresurándonos para no llegar tarde. Imposible pensar en trasladarse a pie, todo nos queda muy lejos. En bicicleta el riesgo es grande y nos subimos a vehículos que, dice la publicidad, se mueven con caballos de fuerza que nos llevarán más lejos en menos tiempo, por calles que parecen veredas de tierra apisonada. Aunque la gente no tenga prisa se mueve con rapidez relativa. La velocidad es una tentación y subimos a un avión para ir a donde quizás de niños no pensábamos, al jugar con pedazos de madera o con bloques de plástico.

Y vivimos con el pensamiento secreto de que está mal todo y no hay remedio. Se acumulan las decisiones del pasado con las de hoy. Si la calle es angosta, si es ancha, si los vehículos parecen hormigas perdidas, sin rumbo. Y no sabemos que antes era un llano donde ahora hay calles donde se chocan automóviles y muere gente, donde hay casas, semáforos.

Los especialistas que hablaron para alumnos de la licenciatura de comunicación no trataron de abarcar todos los aspectos la ciudad que seguirá creciendo a la deriva porque las autoridades, las que podrían empezar a variar el rumbo, no estuvieron presentes. Compartimientos, pedazos de un rompecabezas que quizás los alumnos asistentes verán como un todo inexplicable en sus mentes.Un ponente habló de exposiciones de arte en lugares céntricos; una ponente se refirió a una conocida ruina colonial, la fortaleza de San Juan de Ulúa, visitada por turistas y escolares que no regresarán; otro habló de un ciclo de cine extremo que se interrumpió después de unos años, que estaba unido a la celebración de San Sebastián, patrono de la ciudad.

Manuel Salinas, director de la Fototeca, presentó fotografías rescatadas de archivos familiares de hace cincuenta años y más. Jesús Garrido, encargado de Difusión Cultural de una universidad, leyó un texto sobre la literatura veracruzana de los siglos XIX y XX. Daniel Domínguez, coordinador de otra universidad, habló sobre el rescate que se hizo de un área de la biblioteca de esa universidad, convertida ahora en un foro para teatro y conferencias, con cafetería abierta todo el día.

Un trabajo abarcador de la cultura de la ciudad actual, el único profesional, de Genaro Aguirre, será útil para quienes busquen saber las variadas vertientes de un problema dejado en manos del libre mercado.

Las lecturas y participaciones quedaron grabadas en video, serán testimonio de un periodo para algunos futuros investigadores académicos.

Yo me referí a los centros comerciales, lo más visible de la nueva ciudad, los lugares donde la gente une distracción y consumo. Mencioné la demolición de dos hoteles, uno ya condenado por el avance del mar sobre la costa, otro porque está en una zona atractiva para el comercio. Centros de vida que unen áreas de comida, con salas de cine y tiendas, y tiendas. Ciudades miniatura para dejar de pensar en árboles, en la propia casa, en las calles donde los niños podían dar vueltas en bicicleta.

En la ciudad inhumana del comercio destaqué la ausencia de áreas de juego para niños. Futuros consumidores que acompañan a sus padres en recorridos de pasillos y más pasillos de mercancías que nunca se acaban. La idea del parque con juegos (resbaladillas, columpios, etc.) ha sido sustituida por locales con juegos electrónicos que necesitan monedas para funcionar y que nunca pierde, cuya falsa voz anuncia a cada momento “tiempo terminado”. O nuevas áreas que requieren un pago para entrar. Áreas deportivas recientes, una para trabajadores de Pemex y otra municipal.

Seguirán desapareciendo los pueblos con días de mercado, cuya tradición ¿era? que llegaran campesinos, rancheros, artesanos, a vender sus mercancías, que ponían hules para protegerse del sol.

No es difícil “repensar” la ciudad, como propuso el Seminario que comento, lo imposible es que los grandes empresarios quieran invertir en parques que no permitan cuantificar ganancias cotidianas.

Unidos en la diversidad

Por el Pc-surv Lucy Ortiz

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