Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
III. Conciencia poética sin ciencia
Además, esa réplica lingüística de lo Real no resuelve la incógnita del Cosmos, cuya «Belleza» provoca el «asombro». En la palabra, la «Verdad» deriva de «la mentira disfrazada» que mienta la cosa al arroparla de nombres ajenos a su esencia.[31] Pero, en esta nueva paradoja, el ensayo descarta la ciencia, así como la «Belleza» dictamina la «Justicia», quizás en la «Corte Suprema» de toda nación. A la ciencia, Salarrué la remite a un simple instrumento pedagógico de ese concepto rector. Sólo la hermosura encierra la «Verdad» que «alimenta», «crece» y «amplía» el conocimiento. Su presencia la sublima «la comunión» hablante-oyente que explica y hace «entender» el arte verdadero. Ofrece la revelación de lo Real.
Por este rango secundario de la ciencia, el valor simbólico del «agua» —por ejemplo— no implica conocer su sustancia química: H2O y los elementos que la contaminan. Ni dialoga con la hidrología para hacerla potable. Esta exclusión literaria de la ciencia produce una compleja repercusión en el ideal de forjar una identidad nacional. No sólo el paisajismo desdeña la formación geológica del país —la vulcanología y el surgimiento tardío de Centroamérica en el Cretácico. Ni siquiera el regionalismo conversa con la botánica al hablar de la flora, ni con la zoología para los animales. Menos aún al reciclar la idea arcaica de «raza» —frutos clasificados por el color— se consideran la bio-química y la anatomía humana. La importancia que Salarrué le otorga a la «raza» —supuesto cimiento artístico, por su «temperamento particular»— no se asienta en el ADN. La ilusión de la literatura nacional imagina que su lectura escolar desplazaría el estudio de las ciencias naturales y de la tecnología. Guiadas por la ecología —sin la minería ni el CIFCO— deben implementar los servicios públicos: vivienda con agua, electricidad, etc., energía renovable, escuelas, infraestructura, fuentes de trabajo agrícola, industrial y demás. Durante el «Homenaje a Francisco Gavidia, en 1965, Hugo Lindo justifica la omisión de las ciencias en «las carreras profesionales», apoyándose en la siguiente cita de Gavidia. «Todo el curso de las ciencias no deja en la inteligencia tanto poder lógico, como el conocimiento de un buen poema». Ya se imagina que de la energía nuclear a la Tabla Periódica de los Elementos, la química orgánica, la biología, etc. se redujeran hasta «fundirse en un verso».[32] La identidad literaria nacional sueña el traslado de la mitología griega al trópico húmedo reemplazaría el pensamiento crítico y racional: «Eleuteros…promulga la razón pura» y la libertad.[33]
Sin ese compromiso, el artista debe «estimular» la subjetividad cultural —»el agua baptismal y purificadora», pero las casas sin agua potable— hasta crear «convenciones» de identidad nacional que (con)fundan el nombre único con las cosas múltiples. No en vano, el propósito artístico incita a «recoger (Logos) plantas y flores (Anthos)» —antología, florilegio, juegos florales— que «el olfato identifique su «perfume». Al «imitar la naturaleza», incluso el realismo más estricto calcula la mirada exterior gracias a la visión interior que vierte sobre el mundo. El anhelo de la «Verdad» única —Salarrué insiste— se diluye en infinitas «formas» internas que calcan las «ideas y las cosas». Pero —se dijo— esta disolución de la ciencia en la conciencia subjetiva genera una identidad nacional desprovista del saber tecnológico elemental para un desarrollo nacional equitativo.
IV. La «Verdad desnuda»
Tal cual sucede en la «caverna de Platón», en las cuevas del trópico, el lenguaje sólo proyecta la «sombra» del «Mundo». Incluso su «Verdad» adquiere un obvio contenido viril, ya que acceder a ella equivale a la «desnudez femenina» del deseo. «La semidesnuda idea…excita (exita en el original)…con igual fuerza que la belleza femenina semivelada, ex(c)ita poderosamente la apreciación sexo-instintiva del hombre normal». Este ejercicio de la masculinidad dictamina que la «síntesis» se oponga al «amaneramiento». Igualmente, el acceso a la «Verdad» se equipara a la posesión sensual de la mujer. El ensayo remite a la presunta fantasía del mismo autor desdoblado —»Eurala Sagatara»— la cual juzga la certeza como una «joven en oferta» corporal llamada Ulusú-Nasar. «Ninguna mercancía tan apetecida de los hombres ricos como aquella belleza de Ulusú-Nasar».[34]
Lo fantástico desglosa el camino artístico hacia la cumbre de las ideas: «El País de las Raíces» que nutren la episteme con su «savia». El «hombre» semi-desnuda la «Verdad» —una mujer— al despojarla de los «velos» que la «cubren» hasta «poseerla», para forjar los «arquetipos» de la historia universal. En ese momento, accede al «Paraíso» donde lo «moderno se alza a veces sin reconocer la «semilla» enterrada, esto es, lo «primitivo» y lo antiguo que pervive en él. Pero, la revelación de la verdad —literalmente, quitar «los siete velos»— jamás logra su cometido integral. De lo contrario, se des-encubriría lo absoluto y lo infinito (n+1) en ese momento en que el conocimiento humano llega a su término. Por ello, «nunca desnuda del todo» expresa la subjetividad relativa del saber.
La clave —se dijo— no se halla en la conclusión, en el fruto, sino en el camino, en las «vías espirituales». Durante el trayecto, «las almas» reflejan su interior oculto. Lo moderno restaura lo primitivo, tal cual la semilla al centro del fruto. Bajo una nueva luz, el adulto rescata la infancia que lo ilumina desde la raíz, tatuada en la enredadera del origen, el ombligo. En este des-encubrimiento, la «sinceridad» resulta sinónima de la «Verdad». Asimismo, la «intuición» reemplaza el «intelecto», por su intención de rescatar «la lámpara infantil» que ilumina al artista desde sus comienzos. En reiteración, debe aceptarse como «sacerdote de la Belleza», cuya obra es una verdadera «ceremonia» de «magia» y de «alquimia». Así, la intuición culmina en la creación de «metáforas» individuales, las cuales traduce la manera en que la subjetividad percibe su entorno natural y social. No importa si existen tantas metáforas como hablantes; en cambio, «su posibilidad…de ser imagen» de la realidad subjetiva y objetiva «reposa sobre la lógica de la representación».[35]
Según los juegos de palabras que construyen el Ego (Yo), el adulto —no adulterado, ni adulterio— es capaz de «remotarse» al origen infantil, grabado en el alma. Ese instante, «el mar se riza en sonrisa», para explicar que el viaje interior» supera al «exterior».[36] «»Los viajes hacia afuera eran enteramente de bobos», tomando en cuenta que había viajes hacia adentro caminos inexplorados y tierras por descubrir».[37] En cada persona, la geografía espiritual despliega «planetas» desconocidos de una profundidad marina . «Si yo soñaba al mar o el mar me soñaba a mí».[38] «Se llama «Fondmarín», un planeta dentro de otro».[39] En cada individuo hay un «desierto» insondable donde se vive en la «abstracción» del lenguaje. No importan los juicios previos sobre este libro sin fecha fija. Hugo Lindo lo califica de describir «el complejo psicológico de la excentricidad juvenil» en «el instante fe las afirmaciones sexuales», mientras Ricardo Roque Baldovinos lo evalúa como «conversaciones con su hija Maya».[40] En cambio, los preceptos adolescentes los reitera la conferencia inédita en «Homenaje a Francisco Gavidia», a los sesentaiséis (66) años. Aún aplica esas líneas directrices que revive como axiomas de la filosofía del lenguaje.
La experiencia espontánea diseña el camino del arte introspectivo. Ligado a la divinidad interior, vierte «los tesoros divinos» escondidos en el alma personal hacia la poética y el arte. Esta expresión describe el mundo bajo la «metáfora» que lo traslada al conocimiento humano. La naturaleza se vuelca en el símbolo cultural del artista. Su misión no consiste en ofrecer una «Verdad» absoluta e imperecedera. Acaso esta declaración resulta más democrática que el anhelo actual por constituir una conmemoración única de la realidad. Por lo contrario, el artista integral únicamente reparte «semillas», para que su «cooperación» con la audiencia incite a restaurar la creatividad personal. Cada individuo debe establecer una interacción entre sí mismo, «la tierra, el agua y el sol».
V. Disolución
Aparte de la disparidad entre el presente y el pasado —la «Belleza» de la mujer motiva el alcance vivo de la «Verdad»— el ensayo de Salarrué propone varios lineamientos temáticos.[41] Al identificar la forma con el contenido, no sólo el ensayo se diversifica según su objetivo. También, esta diferencia desglosa tópicos hoy en el silencio, i. e., la episteme viril. La «verdad» equivale a la «paradoja» de la «mujer» más hermosa. Por ello, quizás, más vale eludirla como «dogma» permanente. En cambio, el verdadero ensayo debe honrar su nombre al ofrecer un «tanteo» e incorporar los errores o «deslices» que lo conducen a la conclusión. Asume el contrasentido de su escritura al incluir los opuestos como partes constitutivas de su exposición.
Quizás, en esta admisión —la «Verdad», una «mentira disfrazada»— la noción de conferencia reclama el prefijo «con» en su sentido literal. El orador se halla frente a la audiencia. Por tanto, en vez de explicar cómo obtener los resultados correctos, debe indicar múltiples posibilidades de conseguirlos. Él mismo se define en su función de «guía», «director» o «intermediario». Pero, al igual que en toda interpretación musical, cada intérprete ejecuta su propio acorde, esto es, construye su «Verdad» individual» en el «asombro» que causa su descubrimiento. No hay una realidad única —la convención nacionalista— sino tanta recreaciones como personas se refieran a ella por medio de las artes plurales. Acaso la «Verdad» se vuelve tan plástica como su cambiante imagen en pintura.
El hallazgo implica idealizar esa esfera y otorgarle a todo ser humano —al «hombre», se dijo— cualidades divinas idénticas a descubrir en su alma. La auto-revelación lo inviste de artista quien, en realidad, asume el cargo de «sacerdote». En él, la «poesía» se sublima como modalidad del conocimiento humano, en su «cualidad de hacer el mundo por la palabra». Este axioma sería fácilmente admisible si la poesía correspondiera al habla de todo «animal dotado de lenguaje, zoon logos ejon». La poesía es la «médula» del idioma.
Este meollo no describe lo Real; prescribe la identidad cultural de la naturaleza. El derecho, la ciencia y la política quedan desprovistas de toda importancia. Sólo las «Bellas Artes» se dotan del poder jurídico de nombrar el mundo, mientras acallan la necesidad de estudiar las ciencias para establecer una relación más ecológica entre el ser humano y la naturaleza. Este ideal transcribe el título de este ensayo que calca la determinación de la estética sobre las otras disciplinas humanas. Aunque Salarrué sólo mencione la episteme, la ética y la jurisprudencia, las otras áreas se subsumen al decreto director de lo bello.
Por mi parte, dudo la sobre-determinación estética, pero mi incertidumbre no pretende excluir otras perspectivas posibles en este mundo conflictivo, donde la belleza se halla sometida a los decretos de la diáspora, la cárcel, la destrucción de los ecos-sistemas, las guerras interminables, etc. Además, el concepto poético de identidad nacional excluye el estudio de las ciencias naturales, según se dijo. Desde la perspectiva de la «lógica» —»anterior a toda experiencia», como la naturaleza misma— se piensa que sólo la literatura define la identidad nacional. De ser así, la «igualdad (=)» implicaría decir que un «legado» poético «tiene todas las propiedades comunes» al medio ambiente que describe.[42]
Hoy en olvido voluntario, Tomás Fidias Jiménez publica la primera gramática de un autor salvadoreño sobre un idioma materno: el náhuat. El libro se intitula «Idioma pipil o náhuat de Cuzcatlán y Tunalán. Hoy República de El Salvador» (San Salvador: Tipografía La Unión, Dutriz Hermanos, 1937), «Prólogo» (V-IX) de David Rosales h., de la Academia Salvadoreña de la Historia. Sin detallar la influencia de la teosofía en la historia oficial —origen «lemúrido y atlante de los náhuat», así como «mezcla afro-antillanos» de «los mayas»— se subraya el enlace entre la literatura y la política. Durante el segundo mandato (1935-1939), el «Presidente Constitucional» y «Nuestro Humanista» se reúnen en la raíz indigenista y en el «amor» de «Mi Patria».
Agradecimiento: le agradezco a Francis Osvaldo Mejía Loarca su apoyo documental.
[1]. Mario Zetino, «Una nueva valoración de la poesía de Francisco Gavidia». «Akademos», Año 18, Vol. 1 y 2, No. 40-41, enero-diciembre de 2024: 158-181. file:///Users/rafael/Downloads/Una+nueva+valoraci%C3%B3n+de+la+poes%C3%ADa+de+Francisco+Gavidia_Mario+Zetino.pdf. Cita en p. 168. La revista «Cultura. Número Extraordinario. Homenaje a Francisco Gavidia», diciembre 1965, anticipa el silencio literatura-política en 1882 como hecho recursivo.
[2]. El término «martinato» designa los tres períodos presidenciales del general Maximiliano Hernández Martínez (1931-1934, 1935-1939 y 1939-1944). Actualmente, su figura identifica el arquetipo del dictador —inculpado de la matanza en enero de 1932 y por la reelección autocrática en 1939— sin reconocer lo complejo de su mandato. Golpe de estado (diciembre de 1931) con apoyo intelectual antiimperialista (1), revuelta indígena sin apoyo intelectual ni manifiestos en el idioma materno (2), matanza sin denuncia intelectual (3) y política de la cultura que edita e invita a los escritores consagrados (4). La convención de la historiografía socio-política niega el diálogo con su colega cultural para celebrar la labor del gobierno que condena. Hasta 2025, se censura toda discusión sobre la apertura editorial del régimen a los presuntos enemigos, hoy consagrados por la convención nacionalista.
[3]. Hace un siglo ambos términos abstractos se emplean sin aludir al voto de la mujer y, menos aún, a la autonomía sobre su propio cuerpo, prohibida aún. Asimismo, la libertad de expresión testimonia la ausencia de los idiomas maternos y de la diversidad de hablas locales en la identidad literaria nacional.
[4]. «Proyecto Francisco Gavidia: Biografía», https://uca-sv.libguides.com/c.php?g=1424696&p=10623260. «Torneos universitarios», San Salvador: Universidad de El Salvador, 1932. Este libro recoge la conmemoración del «Centenario del Padre Delgado» y del «Centenario de Goethe» que congrega a intelectuales de prestigio con el gobierno. También participa el «Grupo Masferrer» cuya interpretación del maestro consagrado varía enormemente con la posterior y, más aún, con la actual que niega ese archivo primario. Para Salarrué, la participación en el «Centenario de Goethe» representa «la primera vez que me atreví a hablar en público…teosóficamente, tomé ventaja» al hablar de un tema que «yo ignoraba e ignoro aún», «Conferencia leída por su autor, Salarrué, en la Logia Teotl», Sin fecha: Cortesía de Ricardo Aguilar durante su descenso astral por «the Stairway from Heaven», 2025.
[5]. Para la adaptación del cacaopera al arbitrio literario monolingüe, véase mi ensayo «El cacaopera», https://www.academia.edu/123635149/El_cacaopera. Se anota la falta de diálogo entre dos disciplinas dedicadas al lenguaje: la literatura y la lingüística.
[6]. Ricardo Roque Baldovinos, «El teatro histórico de Francisco Gavidia», Humanidades, VI Época, No. 1, marzo-agosto 2025: 15-40. https://revistas.ues.edu.sv/index.php/humanidades/article/view/3383/4297. Citas p.35-36. Además, durante la independencia, el «esclavo negro, Júpiter» certifica la ausencia del habla local afrodescendiente. Los comentarios suelen acallar la paradoja de esta obra cumbre. La independencia patria implica la dependencia de la mujer a los dictados masculinos.
[7]. Judith Aissen, Nora C. England, and Roberto Zavala Maldonado (Eds.), «The Mayan Languages». London and New York: Routledge, 2017. En especial, el ensayo «Aspect of the Lexicon of Pro-Mayan, and its Earliest Descendents» de Terrence Kaufman (62-11) establece la dispersión, a la vez que reconoce el xinca y el lenca como las lenguas ancestrales arraigadas en el país ya hacia esa época.
[8]. Francisco Gavidia, «Sóteer o Tierra de Preseas». San Salvador: Imprenta Nacional, 1949: 13 y 272.
[9]. Gavidia, 1949: 26.
[10]. Ludwig Wittgenstein, «Tractatus Logico-Philosopicus» (Routledge, 1922), Paris: Éditions Gallimard, 1993. Se cita el número del apartado: 7. https://archive.org/details/tractatuslogicop1971witt/page/n5/mode/2up.
[11]. ídem, 5.6 y 5.6.1.
[12]. La escenografía salvadoreño no podría excluir la referencia al 3 de mayo, Día de la Cruz, so pena de aplicar el axioma siguiente sobre la falta de significación de las palabras y del arte. «Una palabra a la cual nada le corresponde está desprovista de sentido», Ludwig Wittgenstein, «Recherches Philosophiques»(1953). Paris: Éditions Gallimard, 2004: 41. Se cita el número del párrafo para permitir su búsqueda en las múltiples traducciones de esta obra consagrada. English translation, and original German: https://danielwharris.com/teaching/364/readings/WittgensteinInvestigations.pdf. Sólo las ilusiones comerciales piensan en el «white Christmas» del trópico, viceversa, esa fecha ritual del 3 de mayo en el norte. La muerte señala la presencia significante de un nombre sin el sujeto nombrado. Durante los debates democráticos, suele ocurrir la misma referencia al nombre propio ante la ausencia del oponente.
[13]. Salarrué, «Francisco Gavidia». «Cultura. Número Extraordinario., Homenaje a Francisco Gavidia», diciembre de 1965: 199-201. véase la nota anterior (8) para la correspondencia con Wittgenstein.
[14]. Wittgenstein, 1922/1993: 5.1361-5.1362, i.e. guerra civil -> acuerdo de paz ≠ régimen actual.
[15]. Ludwig Wittgenstein, «Recherches Philosophiques»(1953). Paris: Éditions Gallimard, 2004: 305-306.
[16]. Toda coincidencia entre la «coronación» de Gavidia y el inicio del tercer período del Martinato siempre se interpreta como aleatoria.
[17]. https://beta.elfaro.net/edicion/edicion-2025-jul-01. Se condena la repetición de la historia política, pero se aprueba reciclar la literatura. Ambas duplicaciones suceden a la par, por un simple azar objetivo.
[18]. «Cultura. Número Extraordinario. Homenaje a Francisco Gavidia», diciembre de 1965. Hay que reconocer la presidencia de Julio Adalberto Rivera (1962-1967) y la Asamblea Legislativa por crear una esfera pública militar abierta a la literatura nacional consagrada, tal cual hoy se celebra. «Francisco Gavidia» de Salarrué no corresponde al ensayo mecanografiado que se reproduce. Le agradezco a Francis Mejía el envío de este ejemplar. Se compone de cinco (5) ensayos iniciales, diez (10) obras del maestro Gavidia, y cuatro (4) comentarios finales. Pesé a la dirección de Claudia Lars, la revista sólo incluye un ensayo de Eunice Odio, como mujer sin referencia al género: «Viaje al pasado con Francisco Gavidia», 1965: 191-194.
[19]. Wittgenstein, 1922/1993: 5.14.
[20]. Salarrué, «Íngrimo», En: «Obras escogidas», San Salvador: Editorial Universitaria de El Salvador, 1970: 499 y 512. Juzgado por su espíritu juvenil, este libro dicta varios axiomas lingüísticos fundamentales que la conferencia prosigue.
[21]. Se recalca la diferencia del enlace sonido/letra-sentido entre el castellano/español y el inglés. Mientras el ju-Ego (game) implica la libertad lingüística del hablante (Ego/Yo), en el segundo idioma, la interpretación musical toca (plays) al arbitrio instrumental de ese mismo personaje (Ego/Yo).
[22]. En Walter Benjamin, «Dios no creó al hombre a partir del Verbo…no lo sometió al lenguaje, sino en el hombre liberó el lenguaje, el cual Le había servido como medio/facultad de la creación». Así, «el don (Ejon) del lenguaje (Logos)…consigna en el hombre el poder creador», entonces «Dios descansa», «On Language as Such and on Language of Man», 323. En: «Reflections», New York: Schoken Books, 1978: 314-332. La lectura sabrá si el artista o la Asamblea Legislativa —bajo mandato presidencial— es quién decreta las leyes.
[23]. José Mata Gavidia en «Descubrimientos Filológicos», «Cultura. Número Extraordinario. Homenaje a Francisco Gavidia», diciembre 1965: 30-53. Salarrué, «O-Yarkandal», San Salvador: Dirección de Publicaciones del Ministerio de Cultura, 1971: 31. Obviamente, las matemáticas ni la lógica desarrollan lenguajes formales para la imaginación poética, la cual ignora el futuro desarrollo de los lenguajes artificiales y del internet. Otra «lengua» se llama «cajutla», de la cual Salarrué sólo ofrece palabras desglosada en su etimología. «Los cajutlas abandonaron…las profundas selvas de Chichinimichaca…La Selva que parpadea»: de «chimi…movedizo…del baile shimi, nimi…luminoso y chaca …ojo…de chaca-lele». Salarrué, «Íngrimo (Humorada juvenil). Ideario y diario de un adolescente suicida», En: «Obras escogidas», San Salvador: Editorial Universitaria de El Salvador, 1970: 453-533. Valga la formación de palabras usando raíces concatenadas, a veces en mezcla del castellano/español e inglés: «penta-cat-(h)umo».
[24]. «Íngrimo», 1970: 521.
[25]. «Íngrimo», 1970: 528. Véase el epígrafe inicial para establecer la correspondencia entre la literatura, la filosofía del lenguaje e incluso la consciencia popular que reclama «la palabra perro no muerde», i.e., «la palabra democracia no describe un régimen democrático».
[26]. El orden es OVS, por el énfasis, y el verbo (V) —SOV— marca el sujeto (S, ø) y el objeto (O, ki-) en singular. Lyle Campbell, «Los Huracaneros, en «El idioma náhuat» (1985: 659), cuya traducción castellana/española no se publica en el país debido a la prevalencia de la identidad monolingüe. No se comenta la categoría gramatical locativa, la cual vincula los reconocidos topónimos o nombres de lugar —Ahuachapán— con los nombre relacionales, -ix-pan, -ojo-lugar, enfrente de/a los ojos de.
[27]. Mata Gavidia, 1965: 31, 46 y 50. Rafael Heliodoro Valle confirma esta confusión del náhuat, «pipil», con el «náhuatl», «mexicano arcaico». Incluso por prestigio identifica a «Netzahualcóyotl» (1402-1472), de Texcoco, como «indio pipil» («Diálogo con Francisco Gavidia», «Cultura», 1965: 185-190). Al menos, propone el proyecto de incorporar la enseñanza lingüística a la «Escuela de Filosofía», inédito hasta 2025. Pero la imaginación literaria nacionalista no identifica «los topónimos míticos» —»Tlapallán»; «Tlâpallan», «que fue por la mar del Çielo arriba»— sino Gavidia los percibe como «la tierra» de origen, véase: https://gdn.iib.unam.mx/.
[28]. No se comenta que los sustantivos son complejos y describen la acción del objeto referido, a saber: jaguar, comedor de gente y ventana, abertura de la casa. La etno-botánica, etno-zoología, etc. son disciplinas ignoradas. Igualmente sucede con las categorías gramaticales. El breve ejemplo de Mata Gavidia (1965: 51) demuestra la presencia de preposiciones, en contraste con los nombre relacionales de las lenguas mesoamericanas, así como la ausencia de sufijos locativos, etc.
[29]. Walter Benjamin, «Philosophie du langage». Paris: Payot, 2020. Traduit de l’allemand por Fréderic Joly. «Preface» de Sébastien Smirou, 7-33. Se insiste en que «Dios crea el mundo en/por la Palabra/Verbo/Logos, pero al hombre le otorga el don del lenguaje (Logos) —»zoon logos ejon»— por el cual asume «el acto creador del lenguaje».
[30]. «Sur le langage en general», 2020: 62.
[31]. A la lectura de indagar por qué el castellano asocia mentir y mentar, sino en la raíz etimológica, al menos en el sonido, esto es, en la rima. El libre arbitro del hablante (Yo) sabe que «con(n)mentar insinúa su doble, «co(n)-mentir». La mención conjunta inventa decretos y leyes hasta volverlos convención social que deben obedecerse. En «la religión cojutla», el octavo mandamiento reza «si mientes que sea de verdad», cuya «exégesis difícil» se «entiende» como «que hasta tu mentira sea verdad», Salarrué, «Íngrimo», En: «Obras escogidas», San Salvador: Editorial Universitaria de El Salvador, 1970: 453-533. Valga la formación de palabras usando raíces concatenadas. Es obvio que los enunciados performativos —»se decreta una enmienda constitucional»— desempeñan esa orden al exigir la obediencia a la ley y al crear un nuevo estado de cosas: «los declaro marido y mujer».
[32]. Hugo Lindo, «Gavidia humanista», «Cultura. Número Extraordinario», diciembre 1965: 7-17; p. 14. En «La estética gavidiana» (ídem, 1965: 54-64), Roberto Armijo y José Napoleón Rodríguez Ruiz respaldan la existencia de un «naturalismo» sin ciencias naturales —ambos en «desprecio»— pese a su dispersión de estilos: «el verso es el molde del lenguaje» (59). Asimismo, la propuesta de «realizar…un arte idiosincráticamente americano» —»en el poema…en la epopeya» (62)— no necesita conversar con los idiomas maternos ni con las hablas coloquiales (léase la cita de «Júpiter» (59-60) que refrenda la ausencia del habla del «esclavo…negro»). Al citar las ciudades de «Copán, Uxmal o Palenque» (62), no se aclara cómo la familia de lengua mayas se diversifica en esos territorios, ya que la «literatura americana» no se comunica con la lingüística meso-americana.
[33]. Gavidia, 1949: 269.
[34]. Salarrué, «La tristeza de Ulusú-Nasar», en «O-Yarkandal», San Salvador: Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación, 1971: 137-143. Incluye tres ilustraciones eliminadas en sus ediciones recientes. Este ensayo reproduce las dos primeras en alusión a la mujer y el pez en su neutralidad de espuma. No sólo el acceso a la «Verdad» equivale a la sexualidad masculina, a «penetrar» (141). También su verdadera «posesión» implica «la tristeza». Al cabo, la entrega del hombre impotente a las «ciencias» deriva de reconocer su «esterilidad»; es incapaz de recrear lo verdadero. Esta «fantasía» recicla también el concepto de «raza» según el color de la piel.
[35]. Wittgenstein, 1922/1993: 4.015.
[36]. «Íngrimo», 1970: 498.
[37]. «Íngrimo», 1970: 466.
[38]. «Íngrimo», 1970: 499.
[39]. «Íngrimo», 1970: 500.
[40]. Hugo Lindo, «Prólogo». Salarrué, «Obras escogidas, Tomo I». San Salvador: Editorial Universitaria de El Salvador, 1969: CVI. Ricard Roque Baldovidos, «Nota». Salarrué, «Narrativa completa II». San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 1999: 319. Es posible que la aseveración de Lindo sobre la sexualidad interprete el «libro religioso, El Tabú», que los estudios más recientes suelen acallar al honrar su nombre prohibido. Para el testimonio «mi verdadera identidad» de género resulta irrelevante (535).
[41]. Para la disparidad de género, véanse las dos ilustraciones de «O-Yarkandal» y la cita que acompaña a la primera.
[42]. Russel según Wittgenstein, 1922/1993: 5.5302.
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