web analytics
Página de inicio » Opiniones » “Quememos La noche” Obra poética de Amílcar Durán para romper tabúes

“Quememos La noche” Obra poética de Amílcar Durán para romper tabúes

Ramón D. Rivas*

El día de ayer, buy jueves, clinic 30 del presente mes, remedy   fui invitado por Amílcar Duran a la presentación de su libro de poesía titulado “Quememos La noche”. Interesante libro escrito con versos bajo la sombra de lo erótico existencialista. El libro, sin lugar a dudas, rompe esquemas inmersos en una sociedad mediatizada, por razones de carácter histórico y en el contexto de una sociedad subyugada con tabúes sobre el  cuerpo y el sexo.  El libro lo considero, al leerlo,  por su fineza y por lo muy bien logrado de sus versos, como el saborear un rico sorbete de chocolate. Una obra escrita con pasión, con entrega, con perspicacia y a lo mejor con la experiencia práctica del autor de lo que nos cuenta en su poesía. En fin, se trata de poemas que  se sienten, se disfrutan, simplemente pellizca. Quiero parafrasear al Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz cuando escribe: “La poesía es tiempo vivido, es como el amor. La poesía puede ser otra vez palabra hablada y oída, no solo escrita”, “Yo creo que todo el mundo puede leer poemas, pero no a todas horas sino en momentos privilegiados”. Pero con el poemario de Amílcar se tiene el privilegio de saborear y escudriñar los 30 versos escritos en un lenguaje sencillo pero directo y como cuando se apunta con una flecha y se pega en el blanco sabiendo mostrar el desafuero entre el amor, la pasión y la existencia. Es un libro que se puede leer a toda hora. “Quememos La noche”, se diferencia del resto de los géneros literarios, porque no solo hay que leerla, hay que imaginársela, disfrutarla. Y es que así es la poesía, libre, formal, romántica e indiscreta y por eso es considerada como el arte más antiguo. Aquí me viene a la mente esos muchos connacionales que no han tenido la oportunidad de escribir poesía o a lo mejor no han descubierto que sí pueden hacerlo, ya que  desafortunadamente no han encontrado el espacio para fomentar este talento que no solo libera sino que a su vez es sentimiento hecho palabra, es liberarse  de los a veces espantos de la vida. Pero hay que saberlo decir, saberlo escribir. Hay que sentir y haber vivido lo que se plasma y Amílcar es uno de estos privilegiados. Y es que todos, como una vez escuché decirlo al gran poeta nicaragüense -pero a la vez universal- Ernesto Cardenal: “Todos traemos ese don, porque todos y cada uno de nosotros, tenemos algo que decir, tenemos sueños, vivencias, esperanzas, recuerdos y anhelos”. Entonces, una de las cosas que más admiro en este poemario, es que su autor cumplió con ese anhelo, el de romper con un tema que es tabú en medio de una sociedad encumbrada en la hipocresía y la mediocridad pero que hace y piensa lo que quiere sin poderse desligar de esa moral impuesta de esa moral de libro. Un tema que pocos escritores tienen en el tintero. Amílcar con su pluma desnuda ha venido a romper parámetros establecidos por muchos literatos de nuestro medio social.  Y es que hay partes que lo trasladas a uno al recuerdo propio, así:

“Uno siempre tiene amor de clavos y martillo, de sal en la sangre, de tareas y uniformes, de los que fingen salir de ti, de mí,  de los dos… amores de tiempo que pasan el universo, amores universales que arrancan desde la neblina, amores irreverentes con la luna, con mis risas, con mis odios”.

Otro de los elementos que han gustado de este sabroso sorbete de chocolate, -el poemario de Amílcar- es que esta visible la amistad, que muy pocos escritores logran hacerlo al producir sus obras. Y es que en esta obra poética, uno mira de una vez de esos lazos fraternos que nos permiten romper las barreras de la indiferencia ya que vemos también el trabajo de fotógrafos de connotados como Miguel Servellón y Augusto Vásquez quienes también pareciera que han hecho poesía con sus formidables y bien logradas imágenes que motivan a pensar en poesía y a bendecir el cuerpo; ese cuerpo que al juntarlo con deseo y pasión engendra vida, irradia vida, salpica, mueve y hace que de vueltas y vueltas el pensamiento. Y como muy bien lo afirma la Poeta Silvia Elena Regalado, “Hay un llamado de la sangre en estos poemas. Un fuego que convoca fuego” En fin, poemas que  inspiran a la pasión pero a la vez llevan a reflexionar sobre la vida y el respeto por ella. A vivir en paz. Es un libro muy bien Logrado. Felicitaciones.

*Secretario de Cultura de la Presidencia

Ver también

El Salvador: Elecciones 2019, retos y desafíos para la democracia representativa

*Nelson de Jesús Quintanilla Gómez, Doctor en Ciencias Sociales mención Gerencia y profesor universitario de …

A %d blogueros les gusta esto: