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No solo se consolidó la Dictadura en El Salvador. También se fortaleció el proyecto oligárquico neoliberal

Por Colectivo Tetzáhuitl

Bukele acaba con la democracia y aniquila a la oposición.

En estas elecciones Bukele sepultó a la Democracia y mutó su estilo autoritario por un estilo abiertamente dictatorial.

A partir de ahora, El Salvador deja de ser un país con un régimen híbrido, tal como lo caracterizó  “The Economist” a finales del año pasado, y pasa a convertirse en una Dictadura.

Para ser incluído en la lista de dictadores no es necesario ejercer el poder en forma sangrienta como lo hizo Maximiliano Hernández Martínez en el siglo pasado o como lo hizo Pinochet en Chile o Stroessner en Paraguay o incluso Trujillo en República Dominicana, para citar solo algunos ejemplos de América Latina.

Se puede ser Dictador sin ser sangriento. 

Bukele siguió al pie de la letra el “Manual del Dictador”, una célebre obra publicada en español por primera vez en el 2011.

Llegó a la Presidencia por la vía democrática a través de elecciones libres en el 2019.

Derrotó con solvencia a sus principales oponentes: Hugo Martínez del  FMLN y el empresario oligarca Carlos Calleja de ARENA, partidos que desde entonces iniciaron un proceso de descomposición interna al punto de quedar reducidos en las pasadas elecciones de Febrero a su mínima expresión, sin mayor relevancia política como fuerzas de oposición.

Desde su ascenso al poder Bukele diseñó una fina estrategia para desmontar la democracia en el país y asaltar el poder del Estado.

Su primera manifestación autoritaria ocurrió en Febrero del 2020 cuando ocupó militarmente el recinto legislativo con el propósito de destituir a los Diputados de la oposición que le resultaban incómodos.

Su objetivo era disolver el Congreso.

Fue la intervención de la Embajada de Estados Unidos la que finalmente impidió ese desaguisado.

En Mayo del 2021 toma posesión una Asamblea con mayoría calificada del partido Nuevas Ideas que luego se convertiría en el partido de gobierno.

Esa mayoría Legislativa le permitió remover obstáculos para tener el control total del Estado.

Había que destituir primero al Fiscal General de la República  que le era desafecto y que además era el único funcionario que podía iniciar de oficio un antejuicio contra él y contra algunos de sus funcionarios de su círculo más cercano por actos de corrupción y por  graves violaciones a la Constitución y al Estado de Derecho.  

Esta misma Asamblea destituye ilegalmente a los 5 Magistrados de la Sala de lo Constitucional que habían bloqueado algunas de sus iniciativas de gobierno.

Con el control del Ministerio Público y del Órgano Judicial inicia una cacería de brujas contra la oposición partidaria hasta lograr su  desmovilización.

Restringe libertades fundamentales y atenta contra la libre expresión del pensamiento.

Refuerza el presupuesto de propaganda para mantener enajenada y controlada a la población de modo de mantener alta su popularidad.

Impone sus políticas públicas por la fuerza partiendo del control pleno que tenía de las decisiones legislativas.

Esta misma Sala de lo Constitucional emite una resolución habilitante para que pueda buscar un segundo período de gobierno a todas luces inconstitucional.

Reforma el código penal para enviar a la cárcel a cualquiera que intente bloquear u oponerse  a su candidatura.

A menos de un año de las elecciones promueve dos cambios estratégicos en la Ley Electoral para asegurarse el control de las decisiones legislativas en la nueva Asamblea  y garantizar para su partido el control de la mayoría de gobiernos municipales. 

Pero fue justamente en las elecciones de Febrero  que da el zarpaso final al participar ilegalmente en una elección bajo un ordenamiento constitucional que prohíbe, como hemos señalado, la reelección presidencial inmediata y continua.

Pese a esta prohibición anuncia su participación en el proceso y se inscribe como candidato ante un Tribunal Supremo Electoral dócil y obediente, en el que la mayoría de Magistrados responden a Casa Presidencial.

Valiéndose del control del TSE fragua una serie de ilegalidades que le garantizan el control de la Asamblea y una victoria contundente en las elecciones Presidenciales. 

La victoria del 4 de Febrero en la que gana un segundo mandato presidencial con más del 80% de los votos validos es la confirmación de su mutación de Presidente con rasgos autoritarios a Dictador de facto.

Estas elecciones acabaron y sepultaron la democracia en nuestro país y la alternancia en el poder, así como la independencia de los poderes del Estado.

Asimismo, los resultados electorales sepultaron a la oposición partidaria a la que Bukele aniquila y pulveriza. 

Con apenas 3 Diputados, todos ellos de centro derecha, la oposición se convierte en una fuerza irrelevante y con poca o ningúna incidencia en la vida política del país. 

No solo es el entierro de la Democracia, es también el entierro de los partidos de oposición.

El proyecto oligárquico neoliberal se consolida

A pesar de haberse vendido en el 2019 como un candidato presidencial que combatiría los privilegios de aquellos que él mismo definió como los “poderes fácticos”  o los “dueños de la finca”, Bukele en estos cinco años de gobierno hizo posible que el control de estos grupos empresariales sobre la economía del país aumentara.

Ninguno de los privilegios logrados durante los 20 años de gobiernos de ARENA fue desmontado con Bukele. 

La concentración de la riqueza aumentó y ahora 160 millonarios concentran más del 90% de la riqueza nacional, según un estudio reciente de Oxfam Internacional. 

Para el caso, un solo grupo oligárquico, la familia Kriete, tiene un patrimonio de más de 7 mil millones de dólares, es decir, más del  20% de un PIB nacional que no pasa de 30 mil millones de dólares.

Con Bukele, los ricos en el país se hicieron más ricos y los pobres más pobres. 

Qué se espera entonces que ocurra en este segundo mandato presidencial?

La cosas seguirán igual o incluso peor.

La economía seguirá creciendo a un ritmo promedio de un 2% anual.

El Salvador continuará siendo el país con menos crecimiento en la región.

Las finanzas públicas seguirán deterioradas y dependientes del financiamiento externo.

La deuda pública crecerá y se acercará peligrosamente al 100% del PIB.

No habrá reforma tributaria progresiva como la que ofreció en el 2019 y el peso de la fiscalidad seguirá recayendo en los sectores de menores ingresos. 

Un eventual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) aumentará el IVA del 13 al 15 o 16 %, volviendo más regresiva la política tributaria.

Seguirá desmontando la política social de los dos gobiernos del FMLN, lo que aumentará aún más la pobreza.

El proyecto neoliberal que fue implementado en las dos décadas de gobiernos areneros se fortalecerá. 

Habrán más privatizaciones disfrazadas de concesiones, de las que nuevamente se favorecerán unos cuantos grupos empresariales del país así como el capital extranjero. 

“Los mismos de siempre…”

No habrán giros significativos en la conducción económica del país, por lo que se espera que las condiciones de vida de la población, sobre todo de la más pobre, empeoren.

En buenas cuentas, se instalará un régimen dictatorial funcional a los intereses de la Oligarquía y del capital financiero sionista estadounidense.

No solo gobernará un dictador de facto. 

También el modelo neoliberal basado en el control de la economía por la oligarquía financiera y de servicios aliada al imperialismo se consolidará.

Por supuesto que este modelo económico generará contradicciones con los sectores populares y aumentarán las protestas y la lucha de calle de las organizaciones populares y el movimiento social. 

Bukele deberá enfrentar está rebeldía y resistencia popular con la represión a cargo de un aparato policial y militar que ha sido reforzado en este primer período presidencial y que seguirá siendo fortalecido en el segundo mandato.

En este contexto la continuidad del régimen de excepción se vuelve clave. 

Bajo el régimen de excepción seguirán suspendidas las garantías constitucionales, la presunción de inocencia, el debido proceso y el respeto al Estado de Derecho.

Nos enfrentaremos a cinco años más de una Dictadura pro oligárquica y neoliberal. 

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