Samuel Amaya
@SamuelAmaya98
Un grupo de líderes religiosos, académicos, ambientalistas y representantes de comunidades lanzaron el Colectivo de Incidencia Ambiental ‘Andrés McKinley’ (CIAAM) para hacer incidencia en la opinión pública y en los tomadores de decisiones sobre los impactos ambientales que atraviesa El Salvador.
Según informó el periodista y activista ambiental, Leonel Herrera, el nombre del colectivo es en homenaje a quien ha entregado más de 40 años de su vida a El Salvador por el tema ambiental, Andrés McKinley, quien es un activista, investigador, defensor de la vida en El Salvador. Además, su rol fue clave en la lucha que llevó a prohibir la minería metálica en marzo de 2017 y a reconocer el derecho humano al agua. Situación que el actual Gobierno de Nayib Bukele revirtió.
“La denominación de este colectivo con su nombre es un reconocimiento a su trabajo, un homenaje a sus luchas, un agradecimiento por sus aportes al país y un compromiso de continuar con su legado”, destacó Leonel Herrera.
Omar Serrano, vicerrector de Proyección Social de la UCA, destacó la trayectoria de Andrés McKinley como un ejemplo de vida dedicada al servicio de los más vulnerables. Recordó que McKinley inició su camino en 1977 en Guatemala y que, desde los años 80, reside en El Salvador.
Antes de llegar a la región, vivió cuatro años en una aldea remota de Liberia, trabajó con migrantes en Pensilvania y colaboró en un hospital atendiendo a personas con problemas mentales, experiencia que lo llevó a estudiar administración hospitalaria.
Serrano subrayó que el amor lo vinculó definitivamente con El Salvador, donde formó una familia y que, además de ser un académico e investigador reconocido en temas de agua y minería, McKinley es un referente en incidencia política, autor de manuales y defensor de las comunidades más afectadas.
Según dijo el colectivo, este movimiento es creado para incidir y exponer una realidad ambiental desafiante; sobre todo, en relación al agua que hoy por hoy se ve amenazada y, además, seguir con el trabajo de Andrés McKinley. En la conferencia, McKinley no pudo estar presente debido a problemas de salud.
Lila Alvarenga, de la Comunidad Santa Marta, Cabañas, señaló que contar con un movimiento ambiental ayudaría a incidir en los territorios, ya que actualmente El Salvador atraviesa una situación “muy complicada” con respecto a la explotación de minas y que, de concretarse, afectaría directamente a las comunidades, mujeres y niños.
“Para nosotros, que formamos parte de esas comunidades que estamos lejos de la ciudad y de los beneficios, consideramos importante que estas comunidades estén presentes y que exista un movimiento nos ayuda y da fuerza a continuar para defender las diferentes luchas”, destacó.
El problema ambiental que enfrenta El Salvador es que las fuentes de agua se agotan gradualmente, y se ha convertido en el país de la región más cercano al estrés hídrico. “El 95 % de las aguas superficiales están contaminadas y los mantos freáticos descienden en promedio un metro cada año, lo que pone en riesgo la seguridad hídrica a mediano y largo plazo”, destacó Leonel Herrera.
A ello se le suma que el río Lempa, que abastece con agua a más de millón y medio de personas, incluyendo aproximadamente el 70 % de la población del Área Metropolitana de San Salvador, atraviesa por una situación muy delicada con el tema de la basura y sufre sobreexplotación.
Según la oenegé medioambientalista Gaia El Salvador, el país es el segundo más deforestado ambientalmente del continente americano, solo después de Haití. En 2017, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales afirmó que el 88.7 % del territorio salvadoreño se considera área de riesgo y el 95.4 % de la población de El Salvador vive en zonas consideradas de riesgo.
El fray Joaquín Garay, de la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación, también forma parte de este colectivo ya que considera que el mundo no es solo la naturaleza, sino que el mundo es la creación.
“La crisis ecológica se manifiesta en contaminación del aire, del agua, del suelo, la acumulación de desechos, de gases tóxicos, deforestación, pérdida de la biodiversidad, desaparición de especies; pero, a la par del deterioro del medioambiente, se da también el deterioro de la sociedad, de la calidad de la vida humana, sobre todo en la vida de los más pobres y del sector más vulnerable”, dijo.
Meraris López, docente e investigadora, señala que la crisis socioecológica tiene múltiples expresiones; como base se tiene la dependencia económica, la debilidad institucional y la no priorización del medioambiente y los paradigmas de desarrollo que históricamente han estado fundamentados principalmente en la lógica económica.
López explicó que la crisis socioecológica se manifiesta en al menos cinco áreas: agua, territorios y ecosistemas, residuos, minería y clima. En agua, ya que El Salvador es el país de C.A. con menor disponibilidad para sus habitantes. Alrededor de 2.800 metros cúbicos por persona al año.
En torno a territorios y ecosistemas, se tiene una pérdida acelerada de la cobertura arbórea en el país. Entre 2021 y 2024 se estima que se perdió al menos el 9 % de la cobertura arbórea con respecto al año 2000. Las principales razones tienen que ver con la expansión de caña de azúcar, la ganadería, la urbanización acelerada y la tala ilegal.
Con respecto a los residuos, se generan entre 3.676 y 4.226 toneladas de residuos sólidos y solamente el 5 % está dispuesto para reciclaje. “En El Salvador, unas 300 toneladas de plástico terminan diariamente en los ecosistemas del país, muchos dentro de los cuales van a terminar en el río Lempa y a otros cuerpos de agua importantes”, destacó López.
Sobre la minería, aseguraron que “es una amenaza latente” que supone riesgos para la salud, desplazamientos forzados y degradación de los medios de vida. Solo la mina El Dorado, que pretendía operar en Cabañas (aplazada), podría haber consumido 10.4 litros por segundo, equivalente a 328 millones de metros cúbicos al año, seis veces más que toda el agua que consume anualmente en el área metropolitana de San Salvador.
En el tema climático destacaron que la situación es cada vez más extrema; hoy por hoy, El Salvador mantiene una Alerta Roja y una emergencia nacional debido a la sequía meteorológica. El fenómeno del Niño podría extenderse hasta febrero del próximo año, lo que significa “un riesgo no solamente a la seguridad alimentaria, sino también la disponibilidad de agua, afectación directa a la agricultura de secano (dependencia de la lluvia), pérdida de medio de vida y también una afectación múltiple, sobre todo para las comunidades rurales”, según López.
Además, López señaló que la mayor parte de los ríos ha perdido caudal entre un 30 % y un 70 % en los últimos 25 años, derivado también de la sobreexplotación y por los cambios climáticos.
“Ante tan alarmante situación, nuestra aspiración es ayudar a detener la crisis ecológica nacional para evitar un desastre socioambiental y garantizar un futuro prometedor, tanto para la naturaleza como para las futuras generaciones”, anunció Leonel Herrera. En ese sentido, buscan ser escuchados en la toma de decisiones públicas y privadas a través de estudios rigurosos, responsables y el diálogo incluyente.
En ese sentido, gestionarán y coordinarán la realización de investigaciones y estudios académicos y científicos sobre la situación del agua y otras problemáticas ambientales, y trabajarán en la elaboración de propuestas para el abordaje de problemas ambientales y medidas de solución. También realizarán campañas informativas, de sensibilización y sobre educación ambiental, así como impulsar procesos de formación y planificación.
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