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Más piezas para el “retrato bukelista”

Por Leonel Herrera*

El “bukelismo” (el presidente Nayib Bukele, su gobierno y su partido Nuevas Ideas) tiene características que definen claramente su perfil ideológico. En un artículo anterior mencioné cuatro rasgos distintivos: su afinidad con la extrema derecha global liderada por el ex presidente estadounidense Donald Trump, la perspectiva ultra neoliberal, su carácter pro oligárquico y el estilo autocrático, autoritario y antidemocrático de gobernar (https://www.diariocolatino.com/perfil-ideologico-del-bukelismo/). El presente texto propone más piezas para completar el “retrato bukelista”.

Uno es el “negacionismo histórico” que comenté hace dos semanas, a propósito de las detenciones arbitrarias e ilegales de un grupo de niños y adolescentes en el Bajo Lempa (https://www.diariocolatino.com/la-memoria-historica-esta-prohibida/). Éste consiste en el intento de “reescribir la historia”, negando la memoria, la dignidad de las víctimas y la relevancia de hechos históricos. El propio Bukele afirmó que la guerra civil y los Acuerdos de Paz “son una farsa”, aun cuando él proviene de un partido político que fue fuerza beligerante en la guerra y no sería presidente sin la apertura democrática propiciada por los históricos acuerdos que pusieron fin a cinco décadas de militarismo y doce años de guerra civil.

Este “negacionismo histórico” permite a Bukele proyectarse en forma mesiánica (pues “la historia inició con él”) y le sirve de justificación para desmantelar la institucionalidad resultante de luchas sociales históricas y para instalar una “nueva legalidad” de rasgos dictatoriales que es presentada como “nueva democracia”, “democracia distinta”, “verdadera democracia” o -mejor aún- “democracia del pueblo”, porque “ahora manda el pueblo y no las élites como en el pasado”.

El relato negacionista y la “reescritura de la historia” se complementan con una narrativa agresiva, intolerante, violenta y confrontativa contra periodistas, académicos, activistas, políticos, líderes religiosos, empresarios o ciudadanos comunes que “se oponen a la nueva era democrática” y sólo “quieren volver al pasado de los mismos de siempre de ARENA-Frente”.

Otro aspecto que define al “bukelismo” es el “conservadurismo social” relacionado con posturas trogloditas sobre la despenalización del aborto, la Educación Integral de la Sexualidad (EIS), los derechos de las mujeres y las demandas de la población LGTBIQ+ (https://elfaro.net/es/201911/el_salvador/23760/Federaci%C3%B3n-LGBTI-cuestiona-el-desamparo-a-la-diversidad-sexual-en-el-nuevo-gobierno.htm), a pesar de que Bukele se mostró “progresista” en algunos de estos temas antes de ser presidente. Por ejemplo, sobre despenalizar el aborto dijo estar de acuerdo en los casos en que esté en riesgo la vida de la madre.

Varios hechos confirman en forma contundente este conservadurismo social del “bukelismo”: la poca relevancia del Instituto para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), la eliminación de la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría de Inclusión Social y la negativa de despenalizar el aborto en las causales que platean las organizaciones feministas (cuando esté en riesgo la vida de la madre, la vida del feto sea inviable y en casos de violación sexual, trata e incesto). A éstos se suman el nombramiento de una funcionaria “anti derechos” al frente de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), la censura de un programa de educación sexual en la televisión estatal y la retirada de los manuales de EIS por el Ministerio de Educación.

Un aspecto más que caracteriza al “bukelismo” es la postura anti-ambiental que también mencioné en un artículo anterior con la referencia a la aprobación del proyecto urbanístico “Valle El Ángel”, la no ratificación del Acuerdo de Escazú y la eliminación de requisitos ambientales y sanitarios para las construcciones, con el falaz argumento de que “no se debe detener el desarrollo”. A esto se agrega algo más tenebroso: la posible aprobación de la explotación minera, a pesar de que existe una ley que la prohíbe en forma definitiva.

En mayo de 2021 el gobierno incorporó al país al Foro Intergubernamental sobre Minería, Minerales, Metales y Desarrollo Sostenible (IGF, por su sigla en inglés); y en octubre del mismo año el oficialismo parlamentario aprobó una nueva Ley de Creación de la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas. Y para confirmar el peligro, la propuesta de presupuesto estatal para el año 2023 presentado recientemente por el Ejecutivo incluye $4.5 millones para “revisar y actualizar la ley que prohíbe la minería metálica” (https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/Gobierno-salvadoreno–asigna-4.5-millones-para-revisar-ley-minera-20221028-0075.html).

Finalmente, no debe olvidarse la remilitarización como elemento característico del “bukelismo”, que mencioné como parte del autoritarismo, pero debe destacarse por aparte. Los Acuerdos de Paz terminaron con cincuenta años de dictaduras militares y delimitaron el papel de las Fuerzas Armadas a resguardar la soberanía nacional y auxiliar a la población en situación de desastres; sin embargo, Bukele ha devuelto el protagonismo político de antaño a los militares convirtiéndolos en sus principales aliados políticos. El proceso de remilitarización también está desnaturalizando a la Policía Nacional Civil (PNC) (https://elfaro.net/es/202210/ef_tv/26423/%E2%80%9CEstamos-viendo-la-transformaci%C3%B3n-de-la-Polic%C3%ADa-Nacional-Civil-en-una-de-corte-militar%E2%80%9D.htm).

El estilo propagandístico y la falsa utopía digital podrían ser, entre otros, elementos característicos del “bukelismo” para abordar en otros artículos. El debate está abierto.

*Periodista y activista social.

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