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Marvin Reyes: “amenazar con enviar tropas a haití es fácil desde un escritorio… los soldados ponen los muertos” 

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

Amenazar con enviar tropas a Haití, bombardear o enfrentar grupos armadas como los que existen en Haití es fácil desde un escritorio. Pero convertir esas palabras en una operación real implica riesgos, recursos y vidas humanas. Esa es una de las principales reflexiones planteadas por Marvin Reyes, vocero del Movimiento de Trabajadores de la Policía, durante su participación en el programa #BarcitoFM.

Reyes cuestionó el respaldo militar de las declaraciones presidenciales y puso sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿tiene El Salvador la capacidad operativa para cumplir amenazas de esa magnitud? La contundencia de un anuncio no garantiza que existan los recursos para ejecutarlo ni que una intervención termine como se espera.

AMENAZAR NO ES LO MISMO QUE TENER CAPACIDAD MILITAR

Las declaraciones del presidente Nayib Bukele sobre una posible ofensiva contra las pandillas en Haití abren una pregunta incómoda: ¿tiene El Salvador la capacidad militar para respaldar sus amenazas? El mandatario anunció el 21 de octubre una operación para rescatar a cuatro técnicos de aviación salvadoreños desaparecidos tras un ataque en territorio haitiano y advirtió que vendría una respuesta más contundente si no regresaban vivos. Sin embargo, el anuncio no detalló públicamente los medios militares, las capacidades operativas ni los límites de una eventual intervención. La contundencia de una amenaza no demuestra, por sí sola, que exista capacidad para ejecutarla, señala Reyes.

ESTADOS UNIDOS TIENE ARMAMENTO, PERO TAMBIÉN SUFRE BAJAS

Marvin Reyes señaló que ni siquiera una potencia militar como Estados Unidos puede garantizar que una operación de rescate o captura termine sin pérdidas. Reyes, por ejemplo, hizo referencia a un evento de rescate ocurrido en Somalia, el que calficó como una lección histórica, donde  la superioridad tecnológica no elimina los riesgos de combatir en territorio hostil. En octubre de 1993, durante la batalla de Mogadiscio, fuerzas estadounidenses perdieron dos helicópteros Black Hawk y sufrieron numerosas bajas mientras intentaban capturar a dirigentes de una facción armada. El episodio demuestra que una operación aparentemente delimitada puede convertirse en un enfrentamiento prolongado y mortal. Si las fuerzas mejor equipadas del mundo pueden sufrir pérdidas, ningún gobierno debería presentar una incursión militar como una victoria garantizada, dijo en referencia al ultimátum de Nayib Bukele contra las bandas armadas de Haití.

¿CON QUÉ RESPALDA EL SALVADOR SUS AMENAZAS?

El entrevistado plantea una pregunta importante: ¿cuál es el respaldo material de las declaraciones presidenciales? Habla de tanques, aviones, portaaviones, misiles y drones armados para ilustrar la diferencia entre anunciar una ofensiva y contar con los recursos para sostenerla. El Salvador participa en una misión internacional de seguridad en Haití, pero Bukele había señalado que el trabajo de su personal salvadoreño consistía principalmente en realizar evacuaciones médicas y salvar vidas, no en combatir. Pasar de una misión de apoyo a una operación ofensiva exige explicar qué fuerzas intervendrían, bajo qué reglas y con qué respaldo logístico y operativo, manifestó Reyes. La discusión no consiste en negar la posibilidad de actuar, sino en exigir claridad sobre los medios y los riesgos, agregó.

LAS CONSECUENCIAS NO LAS PAGAN SOLAMENTE LOS POLÍTICOS

El cuestionamiento del entrevistado es que los dirigentes toman decisiones desde posiciones protegidas, mientras los soldados son quienes se exponen directamente al fuego enemigo. Una escalada militar en Haití no solo podría comprometer la seguridad de los cuatro salvadoreños desaparecidos, sino también poner en peligro a otros efectivos y complicar la coordinación con las autoridades haitianas y la fuerza internacional.

La prioridad debe ser localizar a los desaparecidos y procurar su regreso con vida, sin convertir la presión pública en una obligación de escalar el conflicto a cualquier costo. Antes de amenazar con bombardear o ampliar una ofensiva, el Gobierno debe explicar qué puede hacer realmente, cuáles serían las consecuencias y cómo protegerá a sus militares. Porque las palabras las pronuncian los presidentes, pero quienes pueden terminar pagando el precio son los soldados, valoró Reyes.

¿QUIÉN RESPONDE SI LOS SOLDADOS SALVADOREÑOS MUEREN EN UNA GUERRA AJENA?

La participación de El Salvador en conflictos ajenos exige esclarecer quién tomó la decisión, bajo qué fundamento legal, con qué objetivos y qué riesgos se evaluaron para los efectivos desplegados. Si una decisión política pone en peligro la vida de militares salvadoreños, deben deducirse las responsabilidades institucionales y políticas correspondientes. La seguridad nacional no puede quedar subordinada a declaraciones presidenciales ni a compromisos cuya justificación no se explique públicamente. Los salvadoreños tienen derecho a saber quién decide, quién asume las consecuencias y quién responde si el costo de esa decisión termina pagándolo la tropa, finalizó Reyes.

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