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La Sonora Matancera: cien años muy intensos

TeleSUR

Al cumplirse cien años de la fundación de la Sonora Matancera, la agrupación orquestal popular de más larga data en América y otras latitudes, tomamos las palabras, ofrecidas en entrevista, de uno de los grandes conocedores de la agrupación surgida en Matanzas, Cuba. Nos referimos al venezolano Henrique Bolívar Navas, hombre de radio y música, quien como otros investigadores latinoamericanos dedicó muchas horas al estudio de esta agrupación, a la que dedicó su famoso programa “La Candela Matancera” y a la que presentó en más de una oportunidad en diversos escenarios, dentro y fuera de Venezuela.

Le pedimos al investigador que contextualizara el fenómeno matancero, y esto respondió:

“En todo matancero se esconde un fabricante de quimeras; ellos han sido en Cuba utopistas privilegiados porque han cristalizado muchos sueños: Pérez Prado (mambo), Miguel Faílde (danzón), Aniceto Díaz (danzonete) y Valentín Cané (Sonora Matancera). Además son obstinadamente perseverantes y conservadores. Con las resonancias de “El Bombín de Barreto” en los instrumentos de la orquesta de Félix González, y con los soplos inspiradores, lejanos y habaneros de los sextetos Munamar, Bologna, Gloria Cubana, Habanero de Guillermo Castillo, Nacional de Ignacio Piñeiro y Juventud Habanera de Joseíto Fernández, nació el 12 de enero de 1924 en la ciudad yumurina (Matanzas) La Sonora Matancera.

Tuna, Estudiantina y Sonora

Le preguntamos en torno a los inicios de la agrupación, y Bolívar Navas señaló:

“Varios muchachos, con el entusiasmo de Valentín Cané, empezaron a reunirse entre Jovellanos y Ayuntamiento, en el número 41 de la calle Salamanca de Matanzas: Juan Bautista Llopis, Julio Gobín, José María Valera, Carlos Manuel Díaz (Caíto), Pablo Vásquez, Domingo Medina y Rogelio Martínez, la mayoría guitarristas; de allí devino el nombre de Tuna Liberal. Lo de ‘Liberal’ también se endosa a que eran animadores en los actos del partido del mismo nombre. Luego se conoció como Estudiantina Matancera y posteriormente el Sonora sustituyó al Estudiantina. No hay que olvidar que la guitarra era el instrumento que dominaba toda escena musical: la amorosa en las ventanas y la festiva en las reuniones, hasta que aparece el Tres, percutante y sonoro, hijo de la bandola y el cajón, allá en la lejana Baracaoa (Guantánamo). Después del Tres vino el Son, y ahí empezó todo”.

“La Sonora Matancera al principio fue un conjunto de sones. Lo que fue juego de muchachos en los tiempos del barrio Ojo de agua, en la ciudad matancera, se tradujo en fuego competitivo. Matanzas daba solamente prestigio local. Para obtener sagrada cubanidad, se necesitaba la aprobación de La Habana. A esa capital llegaron en 1926 a enfrentarse al remilgado gusto de la aristocrática ciudad y ya para 1928 comienzan a vencer los obstáculos segregacionistas.

El grupo debía marchar con las exigencias de la época y las demandas de un público creciente. Reforzaron la estructura para bailes y se prepararon para enfrentar los nuevos desafíos e invenciones de la industria fonográfica. Grabaron para la Víctor “Eres bella como el son”, “Cotorrita real”, “Fuera, fuera, chino” y otros temas de fría acogida popular.

La Radio y la Matancera

La radio estaba dejando en aquellos tiempos de ser vanidad de comerciantes para convertirse en industria y medio de mayores pretensiones. Con la Atwater Kent, la Sonora empezó a trotar en sus ondas sobre el llano habanero. Cobraban menos de un dólar por presentación, pero sabían “o les hicieron saber” que el mejor promotor de bailes era la radio. Llovieron los contratos, pero en 1931 la Matancera se fue de la Atwater Kent para una nueva emisora, Radio Progreso, nacida de los despojos de una antigua planta. Progreso, junto a CMQ, fue la máxima representación de una escuela radiofónica novedosa y ambiciosa. En los estudios de Radio Progreso y la CMBJ, la Sonora logró su característico timbre fonográfico, aún no superado.

Año de definiciones

El año 1935 no inició bien para la agrupación. Murió el trompetista Ismael Goberna y el conjunto quedó a pura guitarra y ritmo. Esta situación favoreció al hijo mayor de Carlos Leicea y Margarita Castillo, Calixto, quien con su trompeta dejó al Nacional de Piñeiro para ingresar el 18 de abril de 1935 a la Matancera. La fuerza estructural que significó la entrada de los metales a la Sonora abrió las puertas a otra figura matancera, de ribetes espectaculares: Pedro Knight. Vendría luego otra importante incorporación cuando el fundador Juan Bautista Llopis, nostálgico, regresó a Matanzas e ingresó Lino Frías.

Lino venía de una reputada pasantía con Arsenio Rodríguez, el conjunto Arca Triunfal de Guillermo Pérez, Paulina Álvarez y el grupo de René Álvarez. Era un pianista de oído. ¡Pero qué oído! Pudo posteriormente estudiar en la Academia Musical de La Habana, dirigida por Tito Pérez, y bajo el magisterio del profesor José Cartaya Lino Frías le colgó un diploma a la guataca; empezó a leer y a escribir música y parió su inmortal pieza “Mata Siguaraya”.

A juicio de Rogelio Martínez, su legendario director, Rosendo Bienvenido Granda Aguilera (el bigote que canta) fue el mejor vocalista del conjunto. Un juicio riesgoso y polémico que puso muy en alto la clase de este habanero del barrio Jesús María, porque a la Sonora, aparte de ser la agrupación de música popular más vieja del continente le corresponde el honor de ser el conjunto viviente con mayor número de cantantes en su discografía. Esa multitud de voces va desde Humberto Cané, pasando por Daniel Santos, Bobby Capó, Nelson Pinedo, Leo Marini, Celio González, Bienvenido Granda, Alberto Beltrán, Víctor Piñero, Carlos Argentino, Yayo el Indio y Roberto Torres, y muchos más hasta Ismael Miranda. Hay 50 cantantes o más de mayor o igual relevancia, y mención aparte merece Celia Cruz que no fue la única mujer en esa Sonora (Carmen Delia Dipiní, Myrta Silva, Olga Chorens, son algunas más) pero la de Santos Suárez marcó toda una época.

Cuando Celia grabó su primer disco en 1950 para el entonces incipiente sello disquero Seeco, tres años antes había hecho un intento en Venezuela con la orquesta Leonard Melody de Leonardo Pedroza. “La Mazucamba” y “El Cumbanchero” son discos no solo para la historia íntima de Celia Cruz, sino para la historia del disco en Venezuela. La Negra de Cuba con “La Mazucamba”, y Alfredo Sadel con “Diamante negro”, están en la lista exclusiva de los pioneros de la industria discográfica venezolana.

En Cuba Celia Cruz venció la incredulidad del disquero Rodney Seegel y grabó la creación de Lino Frías “Mata Siguaraya”. Al reverso del acetato estaba “Porque eres así”, con Bienvenido Granda. Lo demás es historia conocida: “Yerbero moderno” (disco de oro), “Me voy a Pinar del Río” (disco de oro), “Burundanga” (disco de oro), etc.

Declive

El 15 de julio de 1960 la Sonora Matancera salió de Cuba a una gira por México. Solo el director, Rogelio Martínez, sabía lo que acontecería, pues a espaldas de todos ya había solicitado asilo para la orquesta. Así la Matancera no regresó jamás a Cuba. Un solo músico, el timbalero Simón Domingo Esquijarrosa, “Minino”, renunció a esa aventura, y Celia, aunque no estuvo de acuerdo con el método empleado a espaldas de los músicos, aceptó su nueva suerte.

Cortado el cordón umbilical de la Patria, cada quien tomó por su lado. Nuevos ritmos sacudían al mundo entonces y la pauta del negocio era dictada desde otras latitudes. Hasta un rock and roll grabó la Matancera, nada menos que con Celia Cruz como vocalista.

Con el “exilio” de la Sonora Matancera comenzó la decadencia del decano de los conjuntos orquestales de América. En los más de 40 discos grabados desde 1959 la Sonora no superó la calidad de sus fonogramas ni el aspecto técnico, ni aquel celo que los guiaba en la escogencia del repertorio, y mucho menos en sus arreglos, realmente insuperables. Las fuerzas humanas que le dieron su valía universalmente caribe fueron mermando con el paso de los años. Hay un tema de las raíces, de lo que alimenta, de la añoranza, de lo que hace parte de la sustancia humana…

Para finalizar sus palabras, Bolívar Navas expresó: “La Sonora Matancera poco a poco fue quedando para el recuerdo y también para el aprovechamiento de músicos y de empresarios de nuevo cuño. Ella misma se estuvo autofusilando en una decisión trágica, pero muy suya. Al final del cuento Johnny Pacheco, uno de los que más aprovechó el sonido ‘matancerizante’ se parecía más a la Sonora Matancera que la Matancera misma”. Y no es elogio.

Se cumplen cien años de su fundación, aniversario entrañable porque encierra notables páginas de la música cubana y caribeña, con muchos personajes e historias.

En la actualidad hay un proyecto de rescate de muchos temas inéditos, y de la sonoridad matancera, más moderna. Que haya suerte.

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