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¿“La primavera árabe” en Cuba?

No, rotundamente no. Y es que los incidentes de hace un par de semanas en al menos cinco localidades de la mayor isla de las Antillas, realizadas por ciudadanos cubanos, azuzados o aprovechadas por contrarrevolucionarios internos, manipulados por el imperio, en nada puede compararse a los incidentes de hace un par de décadas en el medio oriente, conocidas como “la primavera árabe” (protestas populares entre 2010 y 2012) que terminó con los gobiernos o regímenes de países de esa región. Tampoco se trató de incidentes que terminaron con la caída del “muro de Berlín” (1989) o la “cortina de hierra”.

El imperio y los contrarrevolucionarios se equivocaron una vez más con la revolución cubana, como lo hicieron con la invasión en Bahía de Cochinos, también conocida como Playa Girón (abril de 1961, ) o los Marielitos (El éxodo del puerto Mariel,  hacia los Estados Unidos ocurrido entre el 15 de abril de 1980 al 31 de octubre del mismo año. Cuba se deshizo de ese éxodo masivo de la mayoría de delincuentes cubanos) . La revolución cubana más allá de los liderazgos de los Castro, el pueblo cubano le rinde pleitesía a su historia, a su lucha nacionalista desde la guerra de independencia del yugo Español, lo que implica una pleitesía a Martí y otros próceres de la época.

Estados Unidos y los contrarrevolucionarios externos magnificaron las protestas. Creyeron que, en efecto, el pueblo cubano se levantaría contra el gobierno de Miguel Díaz-Candel, y que en días sería el fin de la revolución cubana.

Los “contras” aprovecharon un ligero descontento inusual en Cuba, y a través de las redes sociales trataron de incendiar a Cuba, y pidieron la “ayuda humanitaria” de los Estados Unidos, es decir, invadir Cuba y atacar los puntos neurálgicos de Cuba y su Gobierno-pueblo.

El centro de las protestas en Cuba fue San Antonio de los Baños, el domingo 11 de julio, donde incluso llegó el propio presidente Díaz-Canel a conversar con los protestantes, que habían hecho acciones delictivas, en la que incluso murió uno de los protestantes. Y una vez el mandatario cubano tuvo conocimiento total no solo de los problemas que motivaron la protesta popular, y el subsiguiente aprovechamiento de la contrarrevolución, convocó al pueblo cubano al día siguiente a defender la revolución. Así terminó, un día después, la aspiración imperial de la “primavera cubana”.

Y para quienes han pedido la intervención del imperio, lo mejor que podría hacer es exigirle al imperio sacar sus manos de Cuba, al menos que quieran destruir un pueblo heroico, porque los cubanos son ya varias generaciones nacidas y formadas con la revolución socialista.

Y las grandes limitaciones que vive Cuba, no es por la revolución o el socialismo, sino, por los deseos de los Estados Unidos de terminar precisamente con esa revolución, y para ello ha impuesto un cruel boicot económico, comercial y financiero.

Hasta la fecha, las consecuencias del embargo de los Estados Unidos a Cuba asciende a 144.413,7 millones de dólares. Este bloqueo, viene desde la primera ley decretada por Estados Unidos en 1962, luego del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos (Playa Giron), cuando se decretó un embargo total sobre el comercio con Cuba, con excepción de alimentos y medicinas.

Lo anterior se agravó, cuando en 1992 el Congreso de EE.UU. aprobó la Ley para la Democracia en Cuba, conocida como la Ley Torricelli, mediante la cual se prohibía a las subsidiarias de empresas estadounidenses en otros países comerciar con Cuba así como los viajes de los ciudadanos estadounidenses, y limitar la cooperación internacional de otros países con la isla.

 Esta ley es de la más criminal, que fue doblemente aumentada con los decretos de Donald Trump, y que el presidente Joe Biden se niega a eliminar.

No menos dañina y maligna fue la Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas (conocida como Ley Helms-Burton), aprobada 1996, con la que reforzaría el embargo, pues su aplicación extraterritorial incluyó de sanciones para las empresas de otros países que hagan negocios con la isla.

Quien no crea que resistir a esas sanciones durante 60 años es de gran heroicidad, y motivo suficiente para condenar mil veces los gobiernos retrógrados de los Estados Unidos, es porque no es humano, independientemente si es de izquierda o derecha, si es o no revolucionario.

Viva Cuba Socialista.

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