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Impago y Golpe de Estado 1931 (II)

Intimissimun 

IMPAGO Y GOLPE DE ESTADO 1931 (II)

Caralvá

03 de diciembre de 1931. Diario Latino. El Gral. Martínez presidente d´la República.

Mañana se convoca a la Asamblea Nacional, para que sea conocida la renuncia del Presidente Araujo, detalles generales del Movimiento Militar que derrocó al Gobierno, después de un ligero tiroteo que llenó a San Salvador de la más grande expectación pública.

Desde hace algunos días notábamos cierto sordo rumor que demostraba el descontento que había en todo el país, por el procedimiento de las autoridades superiores. El estado general del país, era lamentable, pobreza por todas partes, sin que se dejara ver la mano que podía solventar la situación, además de la pobreza, la falta de trabajo y sus derivados, el gobierno no le pagaba al Ejército ni a los maestros de escuela, ni a otras dependencias.

Pero se decía que se les pagaba.

A pesar de que no pagaba, el Gobierno hacía publicar que se les había pagado a los militares y a I.I.P.P: habiendo protestado de esto, ciertos empleados y profesores, los que expusieron que no era cierto que se les pagara.

Se le adeudaban tres meses al Ejército.

Meses: septiembre, octubre y noviembre, y aunque se gestionaba en diferentes formas, no se había podido conseguir que se les pagara. Como era natural, cundió el descontento en todos los militares y desde el momento en que vieron fallidos sus esfuerzos, una sorda efervescencia agitaba los ánimos de los oficiales y de la mayoría de los militares que, no teniendo otro medio de vida, se encontraban en situación precaria, con deudas por todas partes y con ejecutorias de los acreedores. El viernes próximo pasado, se les mandó pagar una décima NO SE CONFORMARON.

El viernes próximo pasado, el presidente don Arturo Araujo ordenó que se les pagara una décima a los militares. Unanimente, los oficiales y el Ejército todo rechazaron aquello que en nada les aliviaría y pidieron que se les pagara lo que se les adeudara o que se les diera de baja.

Tal cosa pareció no preocupar a las altas autoridades y desde entonces principió a agitarse más los ánimos del Ejército la idea de la rebelión, súbita, momentánea, decidida.

Se hizo el plan. Toda la oficialidad, muchachos jóvenes todos, preparaban el golpe y se pensó que, si consultaba con los jefes, fracasaría como fracasara en otras ocasiones. La idea fue tomando fuerza hasta que ayer culminó con lo que a continuación narramos.

AMENAZA DE FUSILAR. El golpe estaba determinado para horas de la madrugada, de acuerdo con toda la  oficialidad de los tres Regimientos de Infantería, Artillería y Ametralladoras. Algunos oficiales habían convenido con los antes mencionados en que coadyuvarían al mejor éxito del plan; pero, por desgracia, se dio cuenta el Comandante de Caballería, coronel Ambrosio González, quien quiso intervenir de modo opositor a los anhelos de sus subalternos, y dio órdenes a la guardia de que no se oyeran ninguna instrucción de la oficialidad, so pena de ser fusilados por el propio coronel González si no atendían aquella orden terminante. Con todo en el Regimiento de Caballería pareció que nada ocurriera y así pasó toda la noche.

Un incidente precipitó el Golpe

El golpe estaba preparado para las cuatro y media de hoy; pero un incidente imprevisto adelantó los acontecimientos que han dado como saldo el triunfo del Ejército.

Serían las diez de la noche cuando unos clases del Primer Regimiento de Infantería trataron de dar apremio al Segundo Jefe, coronel Coronado Montalvo a quien intimaron para que se diera preso. Este hizo resistencia, pero fue sujetado por los soldados y el coronel dio un grito así: ¡Coronel, auxilio! Y el coronel Francisco Linares, Comandante del Regimiento saltó de su cama y se hizo al patio para ver lo que ocurría. Viendo que se tenía preso al Segundo Jefe, quiso hacer uso de su pistola y fue inmediatamente contenido por el teniente Joaquín Castro Canizales, (Quino Caso) y otro oficial del Regimiento. A uno de los soldados se le cayó el fusil y un disparo dio la alarma consiguiente.

Ataque a Casa Presidencial

Ese fue el indicio de que el complot surgía sus efectos y comenzó el tiroteo graneado sobre Casa Presidencial. La Guardia que hace el servicio en este edificio, inició un ataque sobre un grupo de gente que estaba con el Presidente de la República. A esta iniciativa de guerra, el Jefe Primero, Segundo y Tercero del Estado Mayor empuñaron ametralladoras que tenían a disposición en la propia Casa Presidencial, pero encontrando resistencia, tuvieron que abandonar la batalla no sin dejar a sus pies buen número de muertos.

La servidumbre de Casa Presidencial, al ver que sus jefes abandonaban la lucha, tomaron por su cuenta las ametralladoras e hicieron resistencia mayor a la fuerza que cada vez se hacía superior; regueros de sangre bañaban los corredores de Casa Presidencial emanados por las heridas que recibían aquellos fieles servidores del Régimen postrero.

En ese caso, el Primer Regimiento de Infantería empezó a hacer disparos al aire, mientras grupos de individuos pretendían hacer frente a la balacera incontenible del Ejército.

El fuego se detiene.

Por momentos el fuego cesaba y las balas menudeaban de nuevo con mayor vigor, y los ánimos, caldeados por el anterior ataque, impulsaban a acometer con furor hasta vencer pronto. Y así pasó toda la noche.

La Policía y la Guardia Nacional se rinden

Hasta las cinco y media de la mañana cesaron con mayor tiempo las actividades bélicas y solo la policía y la guardia nacional hacían resistencia pretendiendo provocar fuerza sobre los cuarteles que en su mayoría, estaban adheridos a la revuelta.

Después del mensaje remitido a la Policía y que transcribimos más abajo el general Calderón accedió y a ruegos del Cuerpo Diplomático, y ordenó que se sujetaran a lo que los militares dispusieran.

Seguidamente y después de haber hecho fuego sobre algunos cuerpos militares y grupos de civiles, la Guardia Nacional también se dio por rendida quedando, por consiguiente todo el Ejército y policía bajo el mando militar asumido por su Directorio Militar compuesto por dos Jefes y otros oficiales del Ejército entre los que figura nuestro compañero de labores Joaquín Castro Canizales (Quino Caso), quién ha actuado como verdadero héroe de la oficialidad del Ejército que ha puesto un punto luminoso en las páginas de nuestra Historia Patria.

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