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El Viacrucis de los salvadoreños

Los cristianos de diversas denominaciones, pero sobre todo los católicos, se aproximan a conmemorar los episodios comprendidos en la Semana Santa, que inicia este lunes y que finalizará el domingo. Se trata de recordar, con la mayor devoción en algunos casos, la pasión de Jesús Cristo, que comprende la vida, muerte y resurrección.

Esa pasión, los católicos los viven los viernes, durante la cuaresma, y en cada Viacrucis compuesto de 14 estaciones, recuerdan los sufrimientos de Cristo desde su captura hasta el calvario.

Ese Viacrucis algunos salvadoreños lo han trasladado, metafóricamente, a los sufrimientos del actual momento.

Y así lo hicieron sentir las comunidades del bajo lempa, que tienen a decenas de sus habitantes encarcelados por el régimen de excepción. O El comité de Derechos Humanos Herbert Anaya Sanabria, el Comité de Familiares de Personas Presas y Perseguidas Políticas de El Salvador (COFAPPES), Comunidades Eclesiales de Base, entre otras, que el viernes 27 de marzo desarrollaron el “Viacrucis del Régimen de Excepción”, para desvelar el sufrimiento de cada madre de familia que tiene preso un hijo, una hija, producto de la aplicación de Régimen de Excepción.

Algunas familias salvadoreñas tienen a un pariente preso desde hace cuatro años, desde que se puso en vigencia el Régimen de Excepción, supuestamente para someter a los grupos pandilleriles. Pero muchas familias no saben a ciencia cierta si su hijo o hija, o familiar está vivo.

De acuerdo con Socorro Jurídico Humanitario, un total de 504 personas han muerto en las cárceles, unos porque los mataron tras la golpiza de los custodios, otros porque el sistema carcelario les negó atención médica y otros porque que no les permitieron el ingreso de la medicina. Más del 90 por cien de las víctimas no tenían nada que ver con las pandillas. Para esta familia, cada día ha sido un Viacrucis.

Lo mismo se puede decir de las decenas de miles de despedidos del sector público: maestros, personal médico, técnico administrativo, que fueron sacados por el simple hecho que no llegaron a las estructuras gubernamentales con el color del parido del actual gobierno, o porque así se los exigió el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos también siguen viviendo su propio Viacrucis.

Los miles de vendedores ambulantes, que en vez de procurarles lugares apropiados para que se ganen la vida, los obligaron a abandonar los lugares de venta, y por ende de trabajo, porque su aspecto contrasta con la nueva estética del Centro Histórico de la capital, y decidieron sacarlos. A unos les amenazaron con aplicarles el régimen si no salían “voluntariamente” a otros, con alguna capacidad los reubicaron, pero fueron muy pocos. Estos están viviendo su propio Viacrucis.

Nadie puede negar el alto costo de la vida, en parte por falta de políticas públicas para enfrentar el problema, como mejorar la producción nacional o control de precios. Algunos diputados decentes, tres en total, han solicitado la excepción del IVA a la canasta básica para paliar la crisis económica, pero el oficialismo ha respondido con sorna, y en vez de bajar el impuesto a los frijoles, se los redujo a los licores que solo lo pueden consumir los de la clase privilegiada. El pueblo salvadoreño pobre, que es el 70% de la población, viven en su mesa, cada día, en cada tiempo de comida, su propio viacrucis.

Finalmente, el gobierno le ha aplicado el Régimen de Excepción a los salvadoreños que se han atrevido a alzar la voz para denunciar las injusticias como las arriba planteadas, o porque se han pronunciado en contra de la destrucción del Estado de Derecho, del abusivo manoseo de la constitución, y se encuentra tras las rejas. Ruth López y Enrique Anaya, son solo dos ejemplos de decenas de presos políticos. Ellos y sus familias están viviendo este Viacrucis. ¿Hasta cuándo, señor?

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