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El señor de los anillos y nuestro Sagatara

Mauricio Vallejo Márquez
Escritor y poeta

La literatura fantástica cautiva. Al mostrar mundos maravillosos que la imaginación borda. Hay tantos autores que llevan los mundos oníricos hasta grandes dimensiones como Lyman Frank Baum con su Maravilloso mago de Oz que además de ser un gran libro poco después (1939) llegó al cine, sovaldi con sus diferencias, cialis claro. Dorothy usaba en el relato unas zapatillas de plata, mientras que en el rodaje eran de rubí. Sin embargo, algo que no deja lugar a dudas es que estas obras llegan a calar en nuestras mentes y se vuelven inmortales.
Desde pequeño sentía predilección por la mitología griega y la ciencia ficción, sobre todo por Isaac Asimov, quien también ha llegado al cine. Así que como siempre andamos leyendo, un tío me preguntó si conocía El Señor de los anillos. Pensé que se refería a algún texto político que hablaba de las famosas argollas, pero no. Desconocía el libro, es decir a la zaga e incluso cualquier otro material elaborado por el autor. Así que para qué mentir, no lo conocía. Mi tío se ofreció a enviármelo desde los Estados Unidos, los años me demostraron que fue bueno no esperar esa encomienda, porque la curiosidad me movió y me dediqué a buscarlo en esos años. El primer ejemplar que encontré fue la tercera parte: El retorno del rey. Leerlo sin conocer las otras dos partes (La Comunidad del Anillo y Las dos torres) suponía una verdadera complicación, pero no fue así. El libro fue toda una invitación para seguir en flash back el resto de la saga. Me agradó la historia, era toda una mitología, un mundo de sombras y luz.
Ese primer acercamiento me hablaba de un mundo ficticio que me volvía adicto a la zaga. Y así fue, no podía parar de leerlos. La forma en que desarrolla la trama el escritor sudafricano John Ronald Reuel Tolkien es toda una trampa, que hace buscar en cada línea algo más, brinda sorpresas y dudas que luego resuelve para brindar otra duda y otra, como un buen cuento. Y así sucesivamente hasta llegar al final para dejar ese deseo de no querer acabar de leer nunca.
No existe límite para presentarnos las peripecias de Frodo Bolsón al dejar la  comarca de Hobbiton para embarcarse en la más grande aventura de su vida: destruir el anillo único, el verdadero señor de los anillos. JRR-Tolkien
Frodo no estaba solo, goza de la compañía de Sam Gamyi, Legolas el elfo, Aragorn heredero de Isildur, Gimli el señor enano, Faromir y Gandalf el gris. Cada uno de estos presentan valores maravillosos de los seres humanos como lealtad, la sabiduría, la prudencia, el valor, la decisión, así como sus propias personalidades e historias. En el caso de los hobbits, pequeños humanoides de pies velludos muestran que no importa lo pequeños o desvalidos que podemos aparentar ser ante un mundo inmenso y amenazante, es posible lograr lo impensable si tenemos decisión y la actitud para hacerlo. Frodo se convirtió en un tipo para mi, pero no el usual arquetipo, sino uno real y más ubicado en nuestro mundo, donde enfrentamos tantos retos. Al final Frodo logra su cometido gracias a un poco de ayuda que no adelantaré para que lean los libros.
El señor de los anillos logra su cometido al invitarme al mundo de Tolkien, así fue que busqué sus historias alternas y más. Cada vez me sentí más atrapado, tanto que por momentos comparaba mi devoción con la de Gollum por el anillo, el pobre Smeagol que una vez fue un hobbit para luego convertirse en un monstruo devoto de ese anillo único, de su “precioso”. Más de alguna vez con mi amigo Vladimir Rosales bromeábamos al respecto, llamándonos “señor elfo” o “señor enano”, las horas no parecían pasar mientras vagábamos en las historias de Tolkien.
El lenguaje elfico recuerda diversos alfabetos antiguos como el fenicio. No voy a negar que ver esas grafías en las portadas de mis ejemplares de El Hobbit, El Silmarillion, la trilogía del Señor de los anillos me sugestiona aún  más a leer, ya no se diga al verlo a lo largo de los mapas que hablan de la tierra media, y nos van ubicando en las rutas que siguió la Comunidad del anillo o Bilbo Bolsón, el tío de Frodo. Ningún autor me ha cautivado tanto como para cambiar la lectura por el sueño durante toda una noche como lo hizo la obra de JRR Tolkien, hasta el punto de ver sus películas en las ediciones extendidas también. Claro, Tolkien tiene lo suyo. La imaginación es algo maravilloso, crear a partir de algo que ya existe lo es sin dudas, pero crear mundos completos, con sus diferentes lenguajes, culturas y mitos es algo que me impacta, sobre todo sostenerlo por tantas páginas, tantos libros.

O-Yarkandal
En El Salvador tenemos un autor que también creó sus mundos, Salvador Salazar Arrué (Salarrué) que escribió O-Yarkandal, y de igual forma también elaboró mapas e imágenes de los protagonistas de sus escritos. Toda una serie de óleos en los que describe personajes de ese mundo que es relatado por Euralas Sagatara. Y a diferencia del Señor de los Anillos, desde el principio presenta un detalle: un lenguaje propio y único, el bilsac. O-Yarkandal podría significar Rosa de la Aurora e incluso un sin fin de atributos y metáforas que bien podría ser el poema de los poemas. Para ninguno es un secreto que la obra de Salarrué presenta un sinnúmero de bellas figuras literarias y tropos, sobre todo imágenes como las que recordamos en otras obras suyas: Cuentos de Barrio y Cuentos de Cipote. “Inmensa flor de hojalata que despide perjúmenes de música”, “Un colón de cielo”, “y se fue arando los corredores”.
Al igual que Baum, Salarrué era teósofo, o estudiante de teosofía. Mientras Baum detalló el camino por la vida de un estudiante de esta ciencia en las aventuras de Dorothy, el salvadoreño lo incluye a cuenta gotas en sus obras, aunque existen elementos e una obra en especial, su trabajo más fantástico.
En O-Yarkandal, Salarrué no se limita a describir y contar, idea toda la dimensión, cultura, lenguaje y formas de un mundo salarrueriano, en el que la belleza del lenguaje se combina con lo épico. Narraciones que son aventuras, la aventura misma de habitar un mundo inexistente que se nos presenta al comenzar a devorar sus páginas, que además nos brinda diferentes mensajes contados por Euralas Sagatara, que es el mismo Salarrué, así como utilizó un acrónimo para elaborar su inmortal seudónimo, lo único que hizo fue escribirlo al revés y suprimir una “R”:
EURALAS = SALARRUÉ .
El libro de Salarrué aún no ha llegado al cine, pero si al teatro. Tres relatos de O-Yarkandal fueron puestos en escena en el Poema bajo la dirección de catalina del Cid. Seguramente con el tiempo se llevará al cine como ahora es una exposición permanente en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), dicha institución realizó la producción de caricaturas de algunos cuentos de Salarrué, entre los que destacan El gato sepultura y la picandinga, El cuento de lo que quiero y no quiero, entre otros..
Salarrué se ha convertido en un eterno presente en El Salvador. Sus pinturas son expuestas en el Museo Marte, su casa aloja La Casa del Escritor y la sala Nacional de exposiciones ubicada en el Parque Cuscatlán lleva su nombre, que además fue uno de sus directores.
No podemos omitirlo de las colecciones de la Dirección de Publicaciones e impresas, aunque al igual que otros autores de literatura fantástica del mundo se espera que surjan más obras. Y aunque se mantiene presente, aún falta mucho para  divulgarlo, tiene tanta riqueza. En un futuro no sería extraño verlo en una película o ver toda una gama de programas de televisión, documentales, caricaturas de este genio.

Inéditos
Quizá no hubiéramos conocido más de la obra de Tolkien si su hijo Cristopher no se hubiera dado la tarea de publicar el Silmarillion y Los hijos de Hurin, así como también sus Cuentos inconclusos, libros que llegaron a publicarse tras la muerte del autor.
Se dice que Tolkien es el padre de la literatura fantástica moderna. No lo sé, hay tantos más que han dado grandes aportes al género y no es justo decir que es el mejor o el único sólo porque mi gusto se incline al autor sudafricano, pero al ir conociendo su obra tenemos la necesidad de querer más de esa historia, de conocer todo acerca de los seres que creó. Sin embargo, podemos aventurarnos a decir que el padre de la literatura fantástica en El Salvador es Salvador Salázar Arrué con sus narraciones en O-Yarkandal y Remontando el Uluán. Toda una mitología que no tiene nada que envidiar a otros autores.

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