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A 90 años de su sacrificio, Sandino vive

Adalberto Santana

El 21 de febrero de 1934 fue asesinado en el campo Marte de la ciudad de Managua, capital de la República de Nicaragua, el General de Hombres Libres (1895-1934). Fue fusilado junto con dos miembros de  su Estado Mayor, él como Jefe Supremo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua y los generales Francisco Estrada (1902-1934) y Juan Pablo Umanzor (1903-1934). La orden fue aprobada por el embajador estadounidense Arthur Bliss Lane junto con el General Anastasio Somoza García (1896-1956), Director de la Guardia Nacional nicaragüense. Dentro de sus ideas políticas y sobre su situación como combatiente revolucionario enfrentado al imperialismo norteamericano, el General Augusto C. Sandino, había manifestado: “…yo creí, al meterme en esta empresa, que no saldría de ella sino muerto. Consideré que eso era necesario para la libertad de Nicaragua y para levantar la bandera de la dignidad en nuestros países indohispanoamericanos”.

En efecto Sandino murió en defensa de la soberanía nacional de su país, pero también de los pueblos y naciones de nuestra América. Después de derrotar a la intervención estadounidense por medio de la guerra de guerrillas, y cuando las tropas de los EU abandonaron la nación centroamericana en los inicios de 1933, Nicaragua quedó con tres fuerzas políticas disputándose el poder en el país centroamericano. Así lo caracterizó el propio Héroe de las Segovias en una entrevista a la prensa días antes de su asesinato: “Pero el caso es que aquí no hay dos sino tres Estados: la fuerza del presidente de la República, la de la Guardia Nacional y la mía. Esto es sencillamente absurdo. La Guardia no obedece al presidente. Yo sí”.

Un gran mérito y carácter de la lucha antiintervencionista de Sandino, así como su sentido latinoamericanista, lo testimonio en la entrevista que le hizo el joven periodista nicaragüense José Román, cuando el guerrillero de Las Segovias afirmó: “Yo le llamo La Legión Latinoamericana, a los que vinieron voluntariamente de casi todos los países de Latinoamérica a engrosar las filas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Sin embargo, debo aclarar, que aunque me sea necesario incluirles en tal denominación, simplemente para hacerles el honor especial que merecen, yo no considero extranjero en Nicaragua a ningún latinoamericano”.

Así, el General de Hombres Libres reconoció en aquel momento a un enorme número de esos combatientes. Pero en esa ocasión a Román por falta de tiempo únicamente  pudo mencionarle algunos de esos destacados guerrilleros latinoamericanos que combatieron en Nicaragua contra las fuerzas intervencionistas de los EU. Destacaron entre otros el General Manuel María Jirón Ruano de nacionalidad guatemalteca y quien había estudiado en la Academia Militar de Potsdam en Alemania y había sido Gobernador del Petén. El mismo Sandino reconoció tras la muerte de Jirón a manos de los mercenarios como el mexicano Juan Escamilla, que era el Jirón “una gloria imperecedera para nuestra hermana República de Guatemala”. En esa Legión, también destacaron el Teniente Coronel Carlos Aponte Hernández, joven universitario venezolano; Esteban Pavletich intelectual peruano y militante del APRA; Capitán Augusto Farabundo Martí, salvadoreño y estudiante de leyes y dirigente comunista que al ser fusilado en El Salvador después de la insurrección de 1932, murió gritando la consigna: “¡Qué viva el General Sandino!”; Capitán Gregorio Gilbert, también joven estudiante de la República Dominicana; Sargento Marcial Salas, universitario costarricense que murió ametrallado por los marines norteamericanos; Teniente Rubén Ardila Gómez universitario colombiano, que sobre él Sandino afirmó que era de “familia muy distinguida y rica de su país”. También colombiano fue el poeta y Capitán Alfonso Alexander. A todos ellos y a muchos más (como el joven estudiante Andrés García Salgado, quien escribió el libro: “Yo anduve con Sandino”, fue condiscípulo de Frida Kalho en la Escuela Nacional Preparatoria de la Universidad Nacional de México y militante del Partido Comunista Mexicano, y quien esto escribe, lo conocí en la fundación del Comité Mexicano de Solidaridad con el Pueblo de Nicaragua en 1974). Sobre esos combatientes sandinistas  afirmaba Sandino que la Legión Latinoamericana: “Con todos éstos y con muchos otros más latinoamericanos, Nicaragua tiene una deuda  eterna de gratitud y respeto”.

A diferencia de Somoza quien dirigió junto con su dinastía a Nicaragua hasta el triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de  julio de 1979, la Guardia Nacional había sido el principal instrumento de dominación de los intereses de la intervención estadounidense. Recordemos que sus dos primeros directores fueron dos militares norteamericanos. En tanto que el tercer Director de la G. N., fue el propio General Anastasio Somoza García. Con ello la Casa Blanca había contemplado preventivamente tener en él a su mejor aliado en Nicaragua y Centroamérica y el Caribe. Tal como lo había manifestado según cuenta el dicho popular, que el propio presidente Franklin D. Roosevelt comentó en el año de 1939 que: “Somoza puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Hoy a 90 años de la inmolación de Augusto C. Sandino, el  General de Hombre Libres, sigue brillando por su gesta revolucionaria. Su nombre y pensamiento siguen presentes en la vida y obra emancipadora de nuestra América y sin duda en su patria, la combativa y sandinista Nicaragua.

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