QUIÉNES SUS ASESINOS SEGÚN “LA COMISIÓN DE LA VERDAD”
DE LA “ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS (ONU)”
Alfonso Velis Tobar.
MA.Carleton University,
Ottawa, Canadá
Todavía hasta 1991, no se había esclarecido plenamente en forma oficial ante el pueblo salvadoreño y ante la comunidad internacional, ¿Quiénes eran los promotores intelectuales y materiales del asesinato del Arzobispo de San Salvador, Monseñor “Oscar Arnulfo Romero”?, el 24 de Marzo de 1980 en El Salvador, Centroamérica, cuando celebraba una misa en la Parroquia La Divina Providencia de San Salvador, en conmemoración del aniversario de muerte de la madre del periodista don Miguel Pinto, hijo. Su cobarde asesinato, hoy ha sido ya plenamente esclarecido ante la historia salvadoreña. Hoy a 46 años de su martirio, el mundo debe oficialmente estar sabedor ¿Quiénes planearon con sutil alevosía su muerte? Este crimen impune por muchos años esclarecido en 1993, a través de la llamada “COMISIÓN DE LA VERDAD”, entidad nombrada por la “ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS” (ONU), encomendada en su representación a Mr. Boutros Gali, a quien correspondió investigar, analizar todos los casos de violación a los Derechos Humanos en El Salvador, así de otros graves hechos de violencia mortal, ocurridos entre Enero de 1980 y Julio de 1991. Por fin se conoció a los responsables de tantas muertes, pero uno de mucha magnitud, el Caso de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, crimen al cual la opinión pública mundial, el pueblo Latinoamericano EXIGIAN LA VERDAD SOBRE SU ASESINATO, que ha causado hasta hoy en 2l 2026, gran consternación y condena de todos los pueblos del mundo. Por tanto para todos los lectores que desconocen este INFORME OFICIAL dado por la ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS, lo hacemos público, exponiendo parte de este informe, anotado textualmente del famoso libro “DE LA LOCURA A LA ESPERANZA” en la cual la “COMISION DE LA VERDAD” nombrada para tan delicada misión de carácter histórico. Después de esclarecer cuidadosamente los hechos, se concluyó lo siguiente:
- “Existe plena evidencia de que el Ex-mayor Roberto D’Abuissón, dio la orden de asesinar al Arzobispo y dio instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad actuando como “Escuadrón de la muerte” de organizar y supervisar la ejecución del asesinato. Además, hay otros implicados como los Capitanes Álvaro Saravia y Eduardo Ávila, así como los empresarios Mario Sagrera y Mario Molina quienes tuvieron una participación activa en la planificación y conducta del asesinato”.
- “Amado Antonio Garay, motorista del ex-capitán Saravia, fue asignado para transportar al tirador a la Capilla. El señor Garay fue testigo de excepción cuando desde un Volkswagen rojo de cuatro puertas, el tirador disparó una sola bala calibre 22 de alta velocidad para matar al arzobispo.”
- Hay suficiente evidencia de que “Walter Antonio “musa” Álvarez junto con el ex-capitán Saravia, tuvo que ver con la cancelación de los honorarios “del autor material del asesinato”. Para investigar el caso la Comisión de la Verdad, revisó las investigaciones anteriores y el expediente judicial, así como documentos de diversas fuentes, y entrevistó a muchos testigos” (Documento textual del libro “De la Locura a la Esperanza” La guerra de 12 años en El Salvador, Informe oficial de la “Comisión de la Verdad” 1992-1993. Caso ilustrativo: Monseñor Romero. San Salvador: Editorial Arco iris, 1993. Págs. 172-180)
Como es conocido este informe textual de la “Comisión de la Verdad” nombrada por la ONU, después de la sangrienta guerra civil entre las décadas de 1970-1992. En todo caso el asesinato de Monseñor Romero, es motivo de denuncia constante, por los que conocen su martirologio. Históricamente Monseñor Romero, es considerado por el pueblo salvadoreño, como el profeta mártir. Aunque para otros sectores reaccionarios, contrarios a su posición eclesiástica en aquellos momentos de convulsión popular y tensión política en el país, su actitud significara lo contrario inclusive dentro de la misma Iglesia Católica, porque cuando Monseñor Romero tuvo que denunciar las injusticias con la verdad, jamás tuvo miedo, fue tan valiente, lo hizo sin temor, aun los sectores en su contra difamarán su persona; inclusive el mismo sector ultraconservador de la Iglesia Católica Salvadoreña. Quienes lo miraban con recelo e ingenuamente lo juzgaban con odio por sus homilías pastorales, haciendo una interpretación política, cuando ciertamente abordaba aspectos de la realidad nacional y denunciaba la violación a los derechos humanos, criticando severamente al gobierno de los EEUU por su apoyo militar, al gobierno de turno, a la oligarquía y en contra de la represión de los cuerpos militares y de los Escuadrones de la Muerte financiados por la Oligarquía, con planes de terror al pueblo, por las desapariciones, los secuestros y los asesinatos de tantos compatriotas. Si bien es cierto, Monseñor Romero, no sólo denunciaba las injusticias sociales en que el pueblo siempre ha vivido, sino que criticaba la represión, a raíz de analizar los graves problemas de la realidad nacional; atrocidades contra un pueblo sometido militarmente por décadas e inmerso en una guerra civil; de crisis económica, producto de una cruenta lucha de clases, por la misma desigualdad social, del irrespeto a los derechos humanos y al no respetar democráticamente la voluntad del pueblo cansado de tantos fraudes electorales; una represión que hacia la década de 1970-1980 se vivía en El Salvador, Centroamérica, extendiéndose a los años de 19989-92. Su actitud siempre fue muy valiente, a pesar de las amenazas a su persona, jamás tuvo temor a la muerte y cuando la sintió fue sincero al manifestarlo públicamente “el temor es algo humano y desde ya perdono a los asesinos” Hoy vemos su imagen, su martirio histórico, un prelado cristiano, a mucho orgullo del pueblo salvadoreño, por haber sido canonizado por el Vaticano como “El San Romero de América”. Monseñor un santo, un hombre sencillo, bondadoso, lleno de humildad, hasta dar su vida por los pobres. Pues tomó la voz del pueblo oprimido, de sus lamentos para responder a los enemigos de clase, que no tienen respeto por los más humildes, hablaba claro al poder dominante que por siglos han explotado al proletariado salvadoreño con salarios de hambre, sufriendo sin consideración de los poderes de don Dinero que manejan la economía y la política del país: la Oligarquía, quienes están bien con su Dios y con su Estómago, que obedecen a los planes de contrainsurgencia militar del imperialismo norteamericano.
Para muchos de sus fieles siempre lo seguimos en su dimensión humana, Monseñor Romero vivirá con el pueblo y para el pueblo. Y en todas partes del mundo, desde Europa, Asia, África, Australia y América Latina, se le recuerda con cariño y en cada aniversario de su martirio, se repiten sus palabras, haciendo eco histórico de sus denuncias contra la represión militar contra el pueblo, un pueblo que supo enfrentar junto a su valiente voz como “la voz de los sin voz”, la voz de la conciencia popular, que en nombre del evangelio pregonaba por la paz y pedía al ejercito a no “Matar” a sus mismos hermanos de clase en la lucha justa por alcanzar una vida con más dignidad humana y por la liberación nacional, para todos sin distinción de clases, donde no impere el egoísmo, la envidia, las ambiciones a la riqueza, mientras haya pobreza con el sudor de la frente explotada de los más humildes. Monseñor Romero un hombre justo, sencillo, que anhelaba un mundo mejor para toda la familia salvadoreña en este sufrido pueblo que ha sufrido por siglos derramando injusticias con su sangre viviendo las peores tragedias históricas del Siglo XX. (A.V.T. El
Salvador, Canadá. 24 de Marzo de 2026)
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