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300 pensamientos libres Movimiento por una Cultura Laica en El Salvador

Jorge Vargas Méndez*

Hoy la Columna “Libres como el pensamiento” llega a su edición No. 300. Inició en febrero de 2009, find pharmacy cuando el periódico Co Latino nos dio cabida en sus páginas (al Movimiento por una Cultura Laica) y, viagra sale desde entonces, todos los lunes hemos ido compartiendo ideas y reflexiones sobre la importancia de asegurar el carácter laico del Estado, es decir, el respeto a la libertad de conciencia y creencias, así como su práctica individual y colectiva, la autonomía de lo político y de la sociedad civil frente a las normas religiosas y filosóficas particulares y que no se discrimine de forma directa o indirecta a ninguna persona por sus creencias o convicciones, ni por sus preferencias y comportamientos afectivos, sexuales o reproductivos.

A lo largo de  casi seis años de vida, hemos promovido la expresión plural de diversas personas que han escrito en la columna, abordando temas y problemáticas diversas, desde la libertad de pensamiento de cada colaborador, respetando y aceptando  la pluralidad de ideas y tendencias, la diversidad cultural, el reconocimiento de los “otros” y las diferencias entre las personas, procurando hacer realidad el antidogmatismo, que es el fundamento teórico de la laicidad.

Desde el  Movimiento por una Cultura Laica vamos  a seguir trabajando para que el Estado y la ciudadanía respetemos la pluralidad de creencias y pensamientos que actualmente existen y conviven en El Salvador, sin privilegios para ninguna iglesia en particular; para que se garantice una educación laica en la que la niñez y juventud no se vean adoctrinados por las creencias particulares del personal docente; donde las políticas públicas, en especial las ligadas a los derechos sexuales y reproductivos y al estado civil de las personas, estén regidas por un enfoque de derechos, el conocimiento científico y el respeto a la pluralidad; en el que los funcionarios públicos no antepongan sus normas morales y creencias particulares en la prestación de servicios; donde no se practiquen  rituales religiosos en instituciones estatales y actos de gobierno.

Tenemos el  pleno convencimiento de que, para un ejercicio efectivo de la ciudadanía, es necesario que nuestro pensamiento y nuestro cuerpo puedan ejercer su libertad, sin el tutelaje moral, legal ni político del Estado. Esto solo nos lo garantiza un Estado laico.

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