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(Izquierda) Roberto Gallardo, arqueólogo del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán, junto a José Heriberto Erquicia, director del MUNA, participan en la presentación de Arqueología Industrial Marítima de El Salvador. Foto Diario Co Latino/Jorge Rivera.

Secultura impulsa la conservación del patrimonio cultural marino

Alma Vilches
Yaneth Estrada
@DiarioCoLatino

En El Salvador también las costas poseen un importante potencial arqueológico, histórico y cultural, por lo cual, la Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura) desarrolla diferentes actividades encaminadas a exponer la situación actual de la arqueología subacuática en el país.

Con grandes imágenes y referencias históricas, el arqueólogo Roberto Gallardo presentó en el Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA) la ponencia “Arqueología Marítima en El Salvador”, donde expuso las historias que envuelven los 12 pecios o barcos hundidos encontrados en el mar territorial salvadoreño.

Gallardo explicó que el patrimonio arqueológico marítimo son todos los rastros de existencia humana que se encuentran en el mar y sus costas, ya sean cubiertos por el agua parcial o totalmente y que puedan ser estudiados para comprender las sociedades del pasado. La ubicación de estos sitios puede ser en el fondo marino, en las costas, incluyendo bahías, golfos y esteros, así como en playas.

Pese a ser reservados en difundir exactamente el lugar donde son encontrados este tipo de embarcaciones, para evitar el saqueo o destrucción de estas, el arqueólogo indicó que hasta la fecha se tienen registrados 12 sitios, de los cuales 10 son pecios y uno es el antiguo Puerto de Acajutla, el primero que estuvo en uso en el territorio durante la conquista española.

Entre los pecios encontrados está el barco de diésel Anden, ubicado en la Barra de Santiago, Ahuachapán, uno de los más recientes y el cual se hundió en 1982; y el vapor SS Colón, que se hundió en 1904, en el puerto de Acajutla.

En Punta Remedios, en el área natural protegida de Los Cóbanos, están los tres vapores: SS Columbus, Cheribon y el Douglas; y en la playa San Blas, La Libertad, se ubica el vapor SS San Blas, que se hundió en 1901.

Así como la zona de la Bahía de Jiquilisco, donde residen los veleros Kirkdale (conocido comúnmente como Guirdalia) y Brucklay Castle (1896) y los vapores PSJ-1 y el SS Honduras (1886).

El experto destacó la importancia de este tipo de hallazgos, ya que permite reconstruir estilos de vida que ya no existen, saber cómo era su tripulación, las construcciones navales, la tecnología de la época y las rutas marítimas, entre otras.

“Solo conociendo, la historia adquiere un valor cultural, sino solamente se podría visualizar como simples objetos o hierros, ya que cuando la gente desconoce el valor cultural, este tipo de bienes son extraídos y vendidos a tres dólares la libra de hierro”, afirmó.

Desde 2005 el arqueólogo Gallardo se interesó por trabajar en El Salvador en la arqueología subacuática, a fin de proteger todo ese patrimonio marítimo vulnerable a la destrucción causada por el paso del tiempo y la mano del hombre, por lo cual ha documentado ese invaluable tesoro marino en el libro “Patrimonio cultural marítimo de El Salvador. Registro de pecios”, que es un compilado de las investigaciones resultantes del programa permanente del MUNA desde 2011 y su potencial arqueológico.

Según el experto, es importante la creación de políticas de protección a este tipo de patrimonio en el país, así como difundir este tipo de información, por lo que el MUNA promueve una serie de actividades encaminadas a este fin.

Para Gallardo es importante que en el país se declaren como bienes culturales estos sitios arqueológicos subacuáticos, además, que El Salvador ratifique la convención de 2001 de la UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, ya que es un marco legal que establece medidas de protección contra el saqueo, el tráfico ilícito y la explotación comercial del patrimonio sumergido.

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