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Amado de Jesús Alvarado recibe la medalla “Gran Cruz Roja” por representantes de Cruz Roja Salvadoreña, como reconocimiento por su actuación humanitaria en Lima, Perú, al salvar la vida de la surfista mexicana Leyla Figueroa. Foto Diario Co Latino/Cruz Roja.

Salvarle la vida fue la mejor medalla que he ganado

Gloria Silvia Orellana

@SilviaCoLatino

Nadie porta mejor su nombre que Amado de Jesús, un joven de 25 años de origen humilde que ha construido su carrera de surfista, guardavida y trabajador sobre la base de la confianza, la amistad y su fe en Dios. Ética que le puso a prueba este diciembre recién pasado, mientras competía en los Panamericanos de 2018, en Lima, Perú, cuando rescató a Leyla Figueroa, surfista mexicana.

“Me siento feliz nadando”, manifiesta con sencillez Amado de Jesús Alvarado, al recordar su niñez en la playa Conchalío y cómo el surf le abrió un mundo de posibilidades a su vida y a su aspiración más íntima, ser campeón mundial, sobre este y otros temas habló en exclusiva con Diario Co Latino.

Su experiencia en los Panamericanos, desarrollados entre el 2 y el 8 de diciembre de 2018 para competir en 2019, fue una jornada significativa para este surfista cuscatleco, quien se adentró en aguas frías de Punta Roca, uno de los principales escenarios de competencias de surf en Lima, Perú.

Amado de Jesús Alvarado, luego de ganar el circuito nacional de surf, en 2017, en la que se agenció el triunfo en categoría Longboard. Foto Diario Co Latino/Cortesía Mario Amaya.

“Estaba esperando mi competencia, ese 5 de diciembre, faltaba media hora para mi participación y estaba en la playa. Siempre llego antes y me concentro observando las olas. En ese momento había un hit de chicas en modalidad Supsurf (surfear con remo), vi una serie de olas grandes cuando las chicas venían remando y dijeron ‘ayúdenla, se está ahogando’ y la vi a ella, que solo levantaba las manos y las olas le pasaban una tras otra. En ese momento aún andaba con mi chumpa de la selección, así que la tiré en la silla y me salté una especie de barranca de una altura de dos metros, y di tres saltos para lanzarme al mar en su rescate. Me metí nadando como en mi casa y sin tabla, para cuando llegué a ella, la levanté y me di cuenta que un poco más y se ahogaba. Llegó un mexicano también, entonces la subimos a la tabla. La cargué, porque se desmayó, la entregué a los paramédicos que estaban preparados para atenderla. Luego tuve mi competencia y aunque no


El surfista nacional Amado de Jesús Alvarado practica en la playa Conchalío, La Libertad, a diario. Su sueño es llegar a ser campeón mundial de surf. Foto Diario Co Latino/Guillermo Martínez.

clasifiqué para Lima 2019, salvarle la vida (a ella) fue la mejor medalla que he ganado”, confesó.

Este tritón salvadoreño se encuentra entre los mejores surfistas y como promesa nacional. Tiene en su haber cuatro campeonatos nacionales de surf, así como medallas de plata y bronce obtenidas en los juegos bolivarianos realizados en Chile y Perú, así como el campeonato centroamericano de Surf, en Costa Rica, que le permitió colgarse una medalla de oro. Y un segundo lugar en un campeonato en California (EE.UU.).

“Dos o tres días después, en la playa, me encontré a Leyla. Ella miraba al mar con tristeza, de repente llegó a darme las gracias. Yo le dije que era a Dios a quien tenía que dárselas por que yo estuviera allí en ese momento. Comenzamos a hablar sobre su experiencia y me confesó que creyó en un momento que iba a morir, que un minuto más y sería otra historia. Y estaba súper contenta, porque nunca se imaginó que alguien que no fuera del equipo de su país la rescatara. Y es cierto, las aguas estaban frías, eso influyó en ella, en su percance, esa serie de olas sobre ella y que su leash (cuerda elástica) de su tabla se trabó con un ancla de pescar, si me atraso un minuto más se ahoga”, explicó.

La experiencia de estar bajo las olas sin poder salir no es ajena para Amado de Jesús. A sus siete años, junto a sus amigos, se encontró con una corriente marina, que generaba una especie de “río de agua”, por lo que decidieron elevarlo a “meta” para cruzarlo. No obstante su confianza de nadador, quedó atrapado junto a otro amigo y comenzaron a ahogarse, hasta ser auxiliados. De lo vivido señaló que fue una “lección de vida”, pero no desalentó su amor por el surf.

“Lo más lindo del surf en mi infancia fue que mi mamá María Luz no sabía que yo surfeaba (ríe), desde pequeños con mis otros dos hermanos teníamos permiso solo 15 o 20 minutos para nadar en el mar, pero cuando estaba de buenas y nosotros nos habíamos portado bien era media hora. Aunque mi abuela Matilde siempre nos apoyó un montón y nos dejaba ir a la playa. No solo éramos nosotros, era una manada de veinte amigos que andábamos juntos siempre, era de los menores, como 8 óo 9 años”, evocó.

Vendedor de collares artesanales durante su infancia, caminó por arenas de las playas de Conchalío y La Paz, pero después de escaparse del control de su mamá y hermano mayor conquistó con su amistad la playa El Tunco, donde se hizo de muchos amigos que abrieron la puerta del surf de manera inesperada.

“Eran las ocho de la mañana cuando llegué a la playa, iba con mi mochila y collares, y me encontré a un brasileño que andaba regalando una tabla corta de surf, se me acercó y me preguntó ‘¿has visto a un chico?’, ‘¿Por qué?’, le pregunté yo. ‘Quiero regalarle esta tabla de surf, pero está quebrada’. Entonces le dije ‘¿por qué no me la das a mí?’. Y me la regaló.

Agarré la tabla y me fui adonde un amigo conocido de todos, Beto, él me la reparó de gratis, porque yo también le ayudaba a lijar las tablas y le hacía cualquier mandado. Esa fue mi primera tabla de surf y lo bueno de esta experiencia fue hacerme de muchas amistades. En El Tunco cuando llegaba a vender collares me preguntaban ‘¿quieres surfear?’, no había nadie que no me prestara su tabla y así surfeaba con mis amigos y mi mamá ni cuenta se daba. Fue a los 16 años que comencé a competir en categoría junior, lo hice en El Sunzal, al principio me fue mal, pero no me di por vencido”, rememoró.

La pasión del surf de Amado de Jesús solo se compara con su compromiso personal como guardavida en la Cruz Roja Salvadoreña (CRS). A sus 14 años ingresó a la entidad y se preparó en salvamento y rescate acuático, estilos de natación y Resucitación Cardio Pulmonar (RCP) que completó cuando participó por primera vez en el “Paso del Hombre”, a sus 15 años. Una prueba de resistencia de nado de 21 kilómetros en mar abierto que les permite mostrar su habilidad para atender emergencias acuáticas.

Cruz Roja Salvadoreña entregó a Jesús Amado la medalla “Gran Cruz Roja”, como reconocimiento a su actuación humanitaria en Lima, Perú, al salvar la vida de la surfista mexicana. “Mis planes a futuro son seguir surfeando, competiendo y lo más cercano es volver a realizar el Paso del Hombre este año, estoy ligado a la playa. Yo les digo, nací en Cruz Roja y estoy comprometido a salvar vidas, si puedo ayudarlo lo haré. Yo también reconozco y doy gracias a Dios, a mis jefes en ANDA, que me apoyan en las competencias, eso lo agradezco porque da sentido a mi vida”, reconoció.

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