Remembranza

Marlon Chicas

El Tecleño Memorioso

El canto nostálgico de la Cigarra, acompañado del crepúsculo de la tarde con cielos arrebolados, da paso a la noche en la Ciudad de Las Colinas, lo que hace recordar Semanas Santas de antaño, con olor a incienso, velas, rezos y cantos expiatorios, que evocan la Pasión de Cristo por la humanidad.

La algarabía del Domingo de Ramos, entre cuetes de vara, avocados a los templos de la ciudad, llevando entre las manos palmas benditas y coreando voz en cuello ¡Hosanna al hijo de David!

El Lunes Santo con su procesión de Ánimas, simbolizado por un crucifijo, en cuya base se hallan Adán y Eva, recordándonos el pecado original y la promesa del Padre de enviar al Redentor, en cuyo cortejo no faltó Nuestra Santísima Madre, María de Magdala y San Juan.

La oración en el Huerto de Getsemaní de Nuestro Señor Jesucristo hasta sudar gotas de sangre por nuestros pecados, y su injusta encarcelación cuya sentencia resuena, “Jesús está en esta cárcel de pena, y no le queda más consuelo, que escuchar el ruido de sus propias cadenas”.

El Miércoles Santo, con los Intercesores, encabezados por San Pedro y las imágenes de Jesús atado a la columna, Jesús de la humildad, y Jesús Nazareno, resguardados por la Virgen de los Dolores, Santa María Magdalena, y San Juan apóstol.

El Triduo Pascual del Jueves Santo, con la Cena del Señor, la Procesión del Silencio exclusiva para hombres, cargando una enorme cruz de madera y entonando cantos expiatorios, así como la visita de altares por las parroquias de la ciudad.

El incandescente sol del Viernes Santo acompañando el Vía Crucis en la que “Carlitos” (+), con cantos de arrepentimiento acompañó el cortejo, mientras Toñito Dame Cinco, sonó las matracas con todas sus fuerzas; los “Encuentros” que en ocasiones arrancó expresiones de fe de la feligresía; la Crucifixión del Señor al mediodía, los Santos Oficios de la tarde, mientras la población elaboraba sendas alfombras de aserrín y sal por las calles y avenidas de la ciudad, así como el Santo Entierro a lo largo de la noche y madrugada.

Cómo olvidar, el Sábado Santo, con la Vigilia Pascual y el Canto del Gloria, aprovechado por nuestros mayores para azotar levemente a los árboles frutales y lograr buenas cosechas, así como a las pantorrillas de los más pequeños, con la creencia de que crecerían, sin olvidar la procesión de la Soledad, en la que una madre llora la pérdida de su hijo por las calles tecleñas.

La correría del Domingo de Resurrección a las cuatro de la mañana con él Ángel del Farolito anunciando que, ¡Cristo ha resucitado!, por las calles y avenidas de la ciudad,

Tanta remembranza en el corazón me hace exclamar ¡Santa Tecla eres única e irrepetible!

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