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Las ‘ciencias jurídicas’: ¿son ciencias? (III)

Luis Armando González

Continuación.

La astronomía y la física -las dos primeras ciencias naturales- como quehacer científico estricto iniciaron su desarrollo conceptual y empírico con  Copérnico, Kepler y Galileo (y se afianzaron con Newton, Faraday, Maxwell, Planck, Einstein y otros científicos del mismo calibre). Desde el 1500, con las contribuciones de Copérnico y Kepler, hasta el día de ahora, la astronomía ha recorrido un largo camino para ser una ciencia robusta y consolidada. Lo mismo se puede decir de la física. La biología y la química se constituyeron en siglos posteriores, siendo el siglo XIX un siglo crucial en su desarrollo conceptual y empírico. Estas cuatro ciencias naturales son fundamentales, tienen una identidad propia, con una variedad de ramas especializadas, algunas de las cuales se cruzan entre sí. En las ciencias sociales, la economía (ciencia económica) la que comenzó primero su constitución como ciencia, con las elaboraciones de Adam Smith en 1700. Tiene, a estas alturas, un cuerpo conceptual y empírico sólido, aunque en algunas de sus ramas (o corrientes) muchas veces lo científico se diluye en lo técnico o en lo ideológico.

El conocimiento científico es, en lo esencial, explicativo, no normativo ni procedimental (aunque del mismo se pueden extraer normas y procedimientos). La sociología comenzó su desarrollo como ciencia social en el siglo XIX, lo mismo que la historia (cuyos antecedentes se remontan a la antigüedad griega, con los pasos iniciales dados por Heródoto). La psicología también comenzó a dar sus primeros pasos en el siglo XIX . Y la ciencia política y la antropología son hijas del siglo XX. Estas seis ciencias sociales básicas (economía, sociología, historia, psicología, ciencia política y antropología) han tenido fechas y caminos distintos de origen y desarrollo. En el presente, constan de distintas ramas o especialidades (por ejemplo, economía de las finanzas, sociología de la cultura, historia de las ideas, psicología del desarrollo), algunas de las cuales se cruzan entre sí (por ejemplo, sociología política, psicología política, socio-economía) o con algunas ramas de las ciencias naturales (por ejemplo, paleantropología y psicología evolucionista).

VI

Todo lo anterior es una argumentación firme sobre la existencia real de las ciencias naturales y las ciencias sociales. El plural “ciencias” indica la existencia de varias ciencias individuales con una identidad propia, pública, no oculta o esotérica. No encuentro forma de probar que exista lo mismo en el plural “ciencias jurídicas” (o en el plural “ciencias policiales”). No, como ya dije, que no exista la expresión y que la misma esté escrita o sea pronunciada en distintos ambientes o documentos (como planes de estudio). De lo que no tengo evidencia es de la existencia de entidades (y tienen que ser varias, porque se habla de “ciencias”), explicativas, con una identidad propia, conceptual y empírica, a las que se pueda aplicar esa denominación con todo rigor. No tengo evidencia ni siquiera que exista una sola, que, en caso de existir, se podría denominar “ciencia jurídica” (o “juridicología”); y es claro que, por lógica, para que existan varias entidades, tiene que existir cuando menos una de ellas.

Y lo mismo vale para mi otro ejemplo: no tengo evidencia de la existencia de las varias entidades científicas que, se supone, conforman las “ciencia policiales”. A lo mejor hay una candidata a ser “una” ciencia policial (que podría llamarse “Policialogía”): la criminología, pero para ello -primero- debe consolidarse como una ciencia explicativa (lo cual no sólo sucede por deseos, decreto o simples denominaciones) y -segundo- debe dejar el espacio que pretende ocupar en las ciencias sociales. Si esto sucediera, la criminología pudiera convertirse en la primera ciencia policial, pero no deja de ser extraño tener una denominación a priori para ir integrando ciencias que no han surgido. En el caso de las ciencias naturales y las ciencias sociales, la denominación (para agruparlas) fue posterior, muy posterior, al desarrollo de cada ciencia particular. Y cabe anotar aquí, para abundar más en la idea, que lo mismo sucedió con las ciencias de la tierra (geología, hidrología, climatología, geografía física) que se forjaron cada una según su propia trayectoria, y siendo algunas de ellas parte de ciencias naturales o sociales ya establecidas, como la biología o geografía, han sido (re) agrupadas como ciencias de la tierra. Pero esta (re) agrupación (y denominación) sólo pudo darse porque existían y existen varias ciencias efectivas (y particulares) que se ocupan del estudio de aspectos, fenómenos o dinámicas que conciernen al planeta tierra2.

Ni la palabra “naturales” ni la palabra “sociales” son restrictivas, sino todo lo contrario: se refieren a dos grandes ámbitos de la realidad. Y lo policial no es un gran ámbito de la realidad, sino una parte sumamente restringida de la realidad estatal-institucional. Por tanto, es poco razonable y práctico -también poco probable- que haya un conjunto de ciencias que se ocupen de lo policial (es decir, unas ciencias policiales); a lo mejor puede emerger una ciencia policial que se integre a (o desgaje de) alguna ciencia social o a alguna disciplina o rama suya ciencia social. Pero crear una ciencia o hacer trabajo científico (que es como surgen las ciencias) no es fácil.

VII

Anoto, para terminar, unas ideas adicionales sobre una posible “ciencia jurídica” (o “juridicología”): de constituirse, más que integrarse en la categoría “ciencias jurídicas” que no expresa algo real porque no existen actualmente varias ciencias jurídicas, podría integrarse en las ciencias sociales realmente existentes, siendo una ciencia social más, muy ligada sus seguramente a la ciencia política. Esto lo veo posible e incluso necesario.

Veo impráctico e inviable forjar varias “ciencias jurídicas” que se ocupen del ámbito de realidad jurídico, sobre todo porque ese ámbito es objeto de atención conceptual y empírica de ciencias sociales consolidadas. Y también me resulta del todo extraño hacer de lo jurídico el ámbito de referencia de varias ciencias que aun no existen, pero que se ocuparían, al irse desarrollando, del mismo. Es como poner la carreta delante de los bueyes. Quizás lo realista sea tratar de forjar una primera ciencia jurídica (explicativa, relacional, empírica) y con el paso del tiempo a lo mejor esa ciencia se vuelva incompetente para explorar (explicar) algunos problema jurídicos, y quizás ahí surja la posibilidad de una segunda ciencia de lo jurídico, que tendrá su propia denominación. Lo más probable es que eso no suceda, pues la constitución de una ciencia es un proceso complejo y trabajoso, que no depende del mero de deseo o de decretos que quieren imponer a lo real un deber ser forzado y escasamente realizable.

 

1.  Creo que así como hay ramas de las ciencias sociales que aportan al estudio de lo socio-jurídico, también hay ramas de esas ciencias que aportan al estudio de lo policial, la seguridad pública y la convivencia ciudadana (sociología, economía, antropología, psicología). No es correcto llamarlas “ciencias sociales de lo policial” porque ello puede dar pie a creer que se dedican en exclusiva a ello.   

2. Por cierto, esta denominación ya no es correcta, pues la geología, la hidrología, la geografía y la climatotología utilizan sus herramientas y teorías para analizar otros planetas y sus satélites.

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