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La llaga desnuda (13)

 

Erick Tomasino

 

ADVERTENCIA

1. Esto no es una autobiografía.

2. El lenguaje utilizado en este texto, sovaldi es de exclusiva responsabilidad de sus personajes.

3. Es probable que este libro, case no sea el mejor que lea en su vida.

 

La llaga desnuda

El balcón de mi casa da hacia un precipicio. El lado derecho está adornado con alambre de púas, remedy el izquierdo, está tapizado de portones automáticos. No conozco a la gente que vive en la otras casas, apenas he visto sus autos, sus perros y las bolsas con basura los días miércoles; conozco al tipo que trae el agua embotellada, creo que he visto una trabajadora doméstica cuando viene atiborrada de bolsas del supermercado y nada más.

A veces salgo por una cerveza, y decido quedarme toda la noche en el bar. A veces no salgo y me quedo toda la noche tomando cerveza. Puede sonar muy exagerado, está bien, no lo hago todas la noches; a veces me quedo dormido los martes, así me levanto temprano el miércoles para sacar la basura y descubrir si mis vecinos existen. Nunca he visto uno, cuando salgo ya están las bolsas de basura colocadas pulcramente en el andén.

Adriana decidió marcharse. Se agotó de mí. Los días de prueba terminaron y no conseguí cumplir sus expectativas. Creo que le molestó que la terminara comparando con mis heridas. Eso nunca le gustó. A mí tampoco me gusta que me comparen, le entiendo. Me he vuelto a sentir solo y me pregunto si alguna vez en mi vida podré quedarme con alguien.

En noches como ésta cuando trato de acostarme sin emborracharme, descubro como reaparece en mí una llaga, es una vieja y conocida llaga de la que supura un olor a lixiviados. Me exaspera y no consigo dormir. Siento urticaria y solo imagino un montón de gusanos saliéndome del tórax.

Salgo y me siento en el balcón, prendo un cigarrillo y trato de escribir algo. No sé qué es, pero siento un nudo en la garganta, de nuevo quiero gritar y no puedo. Un escalofrío me recorre y supongo que es hora de ir al bar o al Vellocino de Oro. No quiero quedarme solo por esta noche. Me hace falta alguien o  simplemente me haga falta sentirme un ser sociable.

Voy y me reviento a botellazos en la garganta, la llaga se abre con cada recuerdo, la llaga desnuda me acompaña como un fantasma. La evocación de los daños y perjuicios de mis angustias antepasadas se calman si me abandono. Si me convierto en esos otros yo a los que envidio, esos otros insoslayables cabalgando dentro de mí. Es hora de marcharse. Esta noche Ella no vendrá, me lo ha dicho con su sonrisa.

De nuevo me quedé dormido. Parece que en mi vecindario sólo viven bolsas de basura que salen a tomar el sol los días miércoles. Podrían invitarme a sus fiestas, yo me veo igual por las mañanas.

Vivir intensamente

Vivir intensamente. Vivir a media voz y no guardar el silencio. Vivir tus paredes, tus aires. Vivir cuando venís y cuando estás por marcharte. No vivir cuando cruzás inmuta la calle. Cruzar tus poros como una lágrima, viviendo.

Transmutarme a través de tu pecho. Refugiarme como una fragata sobre el mar rampante de tu sexo. Vivir como una promesa. Como una carta escrita de tu mirada a la inversa. Esperarte cinco horas o cinco horcajadas, pero viviendo.

Devolverte el aroma, los abrazos, la pasión intensamente. Echar toda mi vida por tu espalda, sintiendo. Volar tus obstáculos, tus miedos, tus vedas de fronteras pasadas. Quizá raptarte a mi lado, viviendo.

También morir intensamente. De fatiga. De preñez derramada en la humedad de tu vientre. Crispados los cabellos, cabalgando. Empuñar mi vergüenza, guardarla bajo la noche como una cerradura. Contarte los días, contar tus respuestas, cada vuelta a la esquina, cada paso en contra. Contar también cada palabra no dicha. Como una llaga en cuarentena. Como una mordaza intensa. También viviendo.

Corazón de marinero

Llevo varios días despertando a mitad de la noche con una fiebre incontrolable entre mis piernas, debe ser porque me he vuelto un abstemio sexual involuntario. Uno de estos días no soporté más así que me vestí y me fui al bar de siempre, al menos la cerveza podría enfriarme un poco y al regreso, luego de ver tanta imagen, podría al menos masturbarme.

Llegué e invariablemente la gente a esa hora ya estaba ebria y con frivolidad notoria, esa que te lleva a realizar cualquier tipo de estupidez para no volver solo a casa y a la cama. Algunos casi llevando a la fuerza a las chicas, otros haciéndose el latin boy de la noche, cualquier mentira es suficiente para seducir aquellos corazones ávidos de una noche de calor tropical y sabor a fruta exótica.

Lo peor es encontrarte a la chica que te gusta con cualquiera hijo de puta que no sea uno, y peor aún, bailando de mala manera el tema que te gusta. Es para embriagarte y mandar todo a la mierda en la pequeña noche que ya nada asombra, excepto a mí.

Una chica se aparece, casi le abordo seducido con la invasión de su mirada, con desprecio, buscando inconsciente un pene que llene su libido dominante. Quiero que se acerque a mí para decirle que odio que me vean sólo como a un pene, pienso que no soy sólo un pene, de hecho creo que ni siquiera soy un pene.

Me dice que tengo alma de marinero, que ya le han contado lo superficial que soy pero que así le agrada. Como ya estoy demasiado borracho le declamo.

Tengo corazón de marinero, pero…

Alma de marinero decís que tengo, sin embargo a este lado de la cueva que dibuja tu nombre tengo miedo a las cicatrices; me duele en el pecho el pasado. Tengo vértigo a la distancia y la tendencia al desequilibrio me impide caminar.

Verte que te quiero. Te quiero. Verte. Con tu vocabulario pleno intuyéndome, esta noche harás de mi lo que siempre te has imaginado. Sólo habrás de desatar los nervios para que se escapen de nosotros. Me pondré fácil para estimular tu soberbia y vos tenderás un puente para no dar pasos en falso. Yo que soy ascensorista, me he abandonado desde hace dos lunas. Fútil manera de explicarte que no existo. Anoche decidí no ser más tan sólo un pene y tengo varios tomos de historia en los que ya ni siquiera eso he sido. Una vez tuve un corazón como quien tiene gastroenteritis y me muero con la facilidad con la que muere un pueblo en cada tormenta.

Luego de eso, la chica se fue con cara de impresión. Otra noche más donde el papel de intelectualillo no me sirve para irme con una mujer a la cama. Debería pintarme el pelo de amarillo y salir al sol más a menudo. Aprender a nadar y ganar algún premio. O mejor debería morir creyendo en la reencarnación.

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