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San Romero, el mártir que prefirió caminar con su pueblo. Foto Telesur/Agencias

«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)
¿Años del Cambio?

2º.- El momento de asunción consciente y activa de la causa de los pobres: es “defensa activa de los derechos de los pobres”, es “solidaridad activa con las luchas y prácticas populares”, es “afirmación incondicional de la vida, e incondicional rechazo de la injusticia”, es “compromiso con la liberación de los pobres”. Este segundo momento es de ascenso o propiamente salvífico-liberador, es el central de la opción, que sitúa al que la realiza en “tierra extraña”, en un punto peligroso y conflictivo. Es en este momento de la opción, donde la conversión como ruptura, iniciada en la encarnación entendida como un “ir al mundo del otro”, se radicaliza y se hace proceso inacabado.

3º.- El momento de asunción del destino de los pobres, que en un continente como el latinoamericano -y especialmente en la situación que tienen y han tenido algunos países concretos- pasa, casi inevitablemente, por la persecución, y algunas veces la muerte, destino inexorable de los pobres que luchan contra su pobreza injusta. Este tercer momento se convierte así en criterio de verificación de la autenticidad de la encarnación en el mundo de los pobres y de la defensa activa de su causa.145

Así resumidos, rápida y someramente, estos contenidos u objetivos de la “opción por los pobres”, inmediatamente vemos, como retratada y descrita la vida de Mons. Romero en sus últimos años y meses; prueba evidente de que él optó por los pobres; su martirio, con otras muchas acciones más, son la señal evidentísima de esta opción.146

Quizás después de haber escuchado esta reflexión de los teólogos, veamos con más claridad la necesidad, o si quieren mejor, la lógica de ese cambio, transformación o conversión, operada en la vida de Mons. Romero, de la cual nos hablan todos sus biógrafos y estudiosos de su persona y obras, y a la cual nosotros estamos haciendo alusión constantemente: fue un paso decisivo e imprescindible, consecuente y coherente de la “opción por los pobres” que él realizó en su vida.

Esta exigencia de conversión o cambio que implica la “opción por los pobres” está obviamente afirmada en el Documento de Puebla:

“Afirmamos la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a la liberación integral”.147

A esta conversión o cambio en la vida del optante se refieren con insistencia los teólogos de la liberación:148

Nosotros también pensamos que fue esta “opción por los pobres” el motivo y la causa de ese cambio que se dio en la vida de Monseñor, y que para todos es evidente. Y, más; estamos también afirmando que el comienzo de esta opción y por lo tanto de este cambio, se origina en Santiago de María, y más concretamente en el año 1976. Es en su episcopado santiagueño donde comienza este proceso de cambio en su vida, que seguirá progresando y avanzando de una manera rápida y evidente, después, siendo arzobispo de San Salvador, ayudado por las circunstancias especiales que le tocó vivir.

Por los testimonios narrados podemos vislumbrar ese cambio: de una mentalidad muy tradicional, uniforme, rígida y autoritaria, a otra mentalidad abierta, pluralista y condescendiente; de una cierta apatía hacia la realidad, empieza a sentirla como algo cercano a su vida, y esta misma cercanía genera en él una perspectiva y unas acciones diferentes de las que hasta ahora se habían manifestado en su vida.

Comienza a ver y amar al pueblo, especialmente a los pobres, de modo distinto: empieza a confiar en ellos y en sus acciones apostólicas, alaba su entrega y su afán de querer formarse y de querer conocer la Palabra de Dios, se asombra de su fe, de su sencillez, y de su profundidad, de sus comentarios bíblicos en las celebraciones de la Palabra; va conociendo y palpando sus luchas diarias por sobrevivir y por que su realidad de injusticia cambie.

Monseñor no es indiferente ante esta gozosa realidad eclesial. Es manifiesta su alegría y esa esperanza que va depositando en los pobres campesinos. Constata que los pobres le evangelizan y le llevan a conocer de un modo distinto, no solo las Sagradas Escrituras, sino también al Dios de Jesús que es un Dios de todos, pero preferentemente de los pobres, de los que sufren, de los crucificados.

Iremos completando y continuaremos probando estos puntos de vista no solo con los datos expuestos hasta ahora, sino también con los que iremos exponiendo a continuación.

Vº.- Nuevas inquietudes pastorales

Para completar y ampliar un poco más la visión de la vida de Mons. Romero en Santiago de María, que estamos intentando describir, vamos a fijarnos en tres puntos, o aspectos de la pastoral, que se dieron con bastante intensidad e insistencia especialmente en este tiempo de 1976; y que creemos son expresión, y una prueba más, de ese cambio que se estaba operando en él. Son inquietudes pastorales nuevas y distintas de las que él tradicionalmente había tenido y vivido.

1.- LOS AGENTES DE PASTORAL

Siempre fue como una obsesión de Monseñor, tener suficientes “agentes de pastoral cualificados”, es decir, sacerdotes149 y también religiosas que evangelizaran y catequizaran al pueblo sencillo e ignorante. La diócesis de Santiago de María era pobre en estos agentes, tenía pocos sacerdotes, ya mayores y, sobre todo, no muy entrenados en la nueva dinámica de la evangelización que estaba pidiendo la Iglesia en esos tiempos; más bien, los pocos que había se dedicaban, casi exclusivamente, al culto y a la administración de sacramentos. Había necesidad de nuevos operarios y con una nueva mentalidad misionera, sacrificados y verdaderamente entregados al pueblo pobre.

Vamos a copiar solamente tres cartas de este tiempo, en las que vemos cómo expresa este deseo e interés por que su diócesis tenga suficientes operarios para que sea atendida pastoralmente con eficiencia y eficacia. Llama a las puertas de algunas diócesis y de sus pastores, pidiendo gestos de solidaridad apostólica y sacerdotal.

Cuando en mayo de 1976 Zacarías salió unos meses de vacaciones para España, le encargó encarecidamente que le buscara algunos sacerdotes o religiosas para que vinieran a trabajar a la diócesis; la carta en la que le presentaba decía así:

“Santiago de María, 12 de mayo de 1976

QUERIDO HERMANO Y COMPAÑERO EN EL SERVICIO DEL EVANGELIO:

El P. Zacarías Díez, sacerdote pasionista, colabora, desde hace varios años, en esta diócesis de Santiago de María en El Salvador (América Central). Como tal, es conocedor de las grandes dificultades que, a diario, se presentan en la realización de nuestros ideales apostólicos.

Le hemos rogado que, aprovechando su viaje de merecida vacación, sea el portador de nuestra súplica de ayuda ante quienes puedan dárnosla con generoso sentido de Iglesia.


145. Julio LOIS, ibídem, págs. 197-198.

146. Pueden verse estos gestos y acciones de Mons. Romero en Jesús DELGADO, obra citada, págs. 93-113. Y en Jon SOBRINO, Monseñor Romero, págs. 40-47, 78-79, 92-108, 178-184, 199, 212-213; sobre todo, el ejercicio profético de la palabra predicada de Mons. Romero en favor y defensa de los pobres, tan bien expuesto en esta misma obra por Jon SOBRINO, págs. 109-170.

147. Puebla, nº 1134.

148. GUSTAVO GUTIÉRREZ, Evangelio y Praxis de liberación, en AA.VV., Fe cristiana y cambio social en América Latina, Salamanca 1973, págs. 234-235.

ID, Movimientos de liberación y teología: «Concilium» 10(1974)452.

ID, Fe y Política: Teología de la liberación. Trabajo mimiografiado y presentado en la Semana de estudio organizada por el CELAM en Bogotá del 19 al 24 de noviembre de 1973, pág. 3-5.

LEONARDO BOFF, La fe en la periferia del mundo. El caminar de la Iglesia con los oprimidos, Santander 1981, pág. 175, 194-195, 243-244.

JON SOBRINO, Mons. Romero y la Iglesia salvadoreña, un año después, en ECA, 36, (1981), págs. 129-130.

ID, La Iglesia de El Salvador: interpelación y Buena Noticia, en ECA, 38(1983)30.

ID, La oración de Jesús y del cristiano, en AA.VV.: Oración cristiana y liberación, Bilbao 1980, pág. 111-112.

IGNACIO ELLACURÍA, El verdadero Pueblo de Dios según Mons. Romero, en ECA, 36, (1981), págs. 534-535.

ID, Tesis sobre posibilidad, necesidad y sentido de una teología latinoamericana, en AA.VV.: Teología y mundo contemporáneo, Madrid 1975, pág. 336.

Ver Jesús DELGADO, obra citada, pág. 60.

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